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Frank Delgado: un filósofo de café

MEDIOS el 26/12/2009 

Frank es así; le gusta ser así. El buzo de la realidad confiesa no admitir preguntas de índole personal. ¡Y casi todos saben de él, de su "Delgado" atractivo! Claro, también depende del personaje que lleve monta'o: el ingeniero hidráulico, el guerrillero, el de Espíritu y Consumo, el apático del día, el autodidacta con una extraña felicidad, el bohemio de acción-reacción, el de "el coco no tiene agua, no tiene na', caballero".

Escrito por Zulariam Pérez Martí con la colaboración de la periodista Lisandra Marene para Cinco de Septiembre de Cienfuegos

Sin concesiones se presenta. Sólo precisa una filosofía de vida: la música anda por medios propios. Atrás dejó la "ingenuidad" del pinareño y algún otro estereotipo. En el país donde nació, hizo camino Con la adarga al brazo y guitarra en mano.

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¿Se considera un artista con mala suerte, al menos eso confesó en otro momento?

 

"Jodedera mía -sonríe. Ser artista es lo mejor que me pudo pasar. Tengo BUENA SUERTE, de trovador tardío. Comenzaron a conocerme después del disco Trova-tur (1995); contaba con unos 37 años. Fui el último de mi generación en recoger las bondades de la tecnología. Mis temas empezaron a oírse por la década de los 90. Antes, cuando mencionaban la trova, muchos hacían muecas. Hoy en cada provincia existe un movimiento, por llamarlo de cierto modo".

 

¿Por qué ustedes los trovadores no saben na’ de la vida?

 

"Creemos saber. ¡Y está bien; se puede ser un diletante!".

 

No pocos atribuyen sus canciones y proyección artística a un hipercrítico de la Revolución cubana. ¿Desde ese punto de vista es también un político?

 

"Resulta casi imposible en Cuba mantenerse ajeno a la política; está en todo, desde un Círculo Infantil hasta el Noticiero Estelar. Yo no soy uno presunto ni de esos que lo han estudiado en calidad de ciencia; más bien un político de Café, un polemista de barrio capaz de traspolar las discusiones de la mesa del dominó a la canción. Cada persona se siente aludida con determinados temas, y los interpretan a su antojo.

 

"No planteo problemas para solucionarlos; los planteo y punto. ¡Allá quienes les pagan para hacerlo! Siempre he afirmado -y no se trata de una frase mía- ‘no sé cómo se hace un país. Ahora... ¡Sí sé cómo no se hace!'".

 

¿Y cómo no se hace?

 

"Hay cosas o procesos que no han dado resultados. Por ejemplo, la política cultural o la de servicio…"

 

Hipotéticamente, tiene la posibilidad de resolver con su música alguna de las dificultades que según usted persisten en la "Cuba de marcha". ¿A qué canción acudiría?

 

"Habría que componerla. Ninguna de las mías repara nada. Un amigo me dijo que un día su hijo, bien apático él, escuchó por casualidad uno de mis temas y le llamó la atención cuanto decía. De pronto le gustó la trova. Puede que mis canciones sirvan para despertar el interés de alguien, pero la mayoría funciona si se trata de acompañar y solidarizarse; difieren de las de barricada. Aunque me burlo de los signos, debo admitirlo: ¡Hacer canciones de barricada se las trae! Te hablan de especificidades y, sin embargo, han trascendido en el tiempo.

 

"No me propongo crear para esto o aquello. A veces tengo ideas y después me cuesta más trabajo llevarlas a la práctica. Se me queda la música y la letra no sale. Entre Israel y yo compusimos siete temas y grabamos tres para un próximo disco de Buena Fe conmigo -¡o mío con Buena Fe, porque ahora ellos son más famosos y yo más viejo! Los conocí aquí en Cienfuegos en el 2000, cuando vine Al sur de mi mochila. Tengo una foto en la cual ellos están sentados, viéndome. Entonces interpretaban Guantamero... ¡Les daban un cueroooo! Ésos guajiritos viraron la tortilla.

 

"Le comenté a Israel de un country: Un gorrión que vive en el Comité Central. Le di el norte y él la escribió; es muy simpática".

 

¿Podría existir acaso una circunstancia coyuntural en la cual le parezca pertinente no decir lo que piensa?

 

"Nunca va a ser la oportunidad de decir determinadas cosas (...) A lo mejor estoy equivocado, pero soy la voz del pueblo y sé los problemas de mi gente. Si los demás no lo saben... ¡Allá ellos!".

 

En su mente la intertextualidad traspasa escenarios: el Parque Almendares, de La Habana, el Teatro Nacional, Angola, España, Portugal, Francia, Alemania, Suecia, Argentina, México, Brasil, Chile. Se trata de narrar con los vocablos precisos. ¡Fuera cualquier adorno superfluo! Al admirador de Chico Buarque le sobran las Razones para una madrugada en esta Isla.

 

"Mira, que yo viva aquí significa que hay disímiles cosas con las cuales me siento bien y comparto. No las digo mucho en mis canciones, pero te puedo asegurar: el respeto al público cubano es una de ellas.

"Soy un hombre sin casa, carro... y nunca me han dado nada por mi profesión. ¡Ah, sí: una primera Gira Nacional! ¿Pura casualidad? Tampoco lo necesito. Opto por ser ese electrón libre para expresar pensamientos... sin compromisos. Nada me impide ser testigo o vocero de determinadas cosas. No estoy en una urna, más bien cerca de cuanto acontece. La mayoría de las personas no me conocen y puedo entonces explorar los lugares más bajos: el mercado agropecuario; allí, a lo mejor uno más popular no pudiera ir. Veo todo de primera mano.

 

"Me siento útil. Pudiera quedarme en mi casa; escojo salir a proyectar arte y a convencerlos de que está bien. Cuando nos sentimos a gusto no nos vamos aunque nos den candela.

 

"Amigos míos, buenos músicos, se largaron y prefirieron convertirse en servidores en lugar de creadores. A largo plazo empiezas a odiar ese trabajo. Me importa más el creador -¡aunque de vez en cuando debo asumir el papel de servidor! Si estoy en una fiesta, canto canciones de otros y así el público corea; si se trata de un teatro, soy artista. A lo de uno -quizás mediocre- le profesa diferente cariño. No obstante, resulta complicado elegir. En los años 90 dije: ‘Dios mío...’. Yo hacía vino seco de arroz, uva caleta, remolacha. Descubrí lo mío. Mis mayores éxitos datan desde comienzos del Período Especial".

 

¿Tienes tu propio mapa?

 

"No. Tampoco soy nacionalista, pues no me parece que seamos el ombligo del mundo ni mucho menos; ni voy por ahí menospreciando a otros pueblos. Mi mapa viene siendo el de Latinoamérica. Es donde me entienden, por el idioma y la cultura. Casi siempre me desenvuelvo en esta región, mientras más grande sea tu mapa, mucho mejor".

 

¿Es libre?

 

"¡Ehhh...! Soy libertario; de los que dicen: 'hay que ser libre'. Como todos tengo límites. Mi libertad llega hasta un sitio y la de otros, hasta el momento en que empieza a molestarme a mí. Me considero normal en ese sentido. Sobre el escenario sí logro sentirme bastante libre y respetuoso. No soy un improvisado; llevo años en esto. Valoro hasta dónde hiero susceptibilidades. También hay tontos; se molestan porque yo canto La otra orilla".

 

¿Le ha dejado su creación alguna fea cicatriz de la cual no quiera acordarse?

 

"No; eso deviene parte de cuanto uno hace".

 

¿Cuál ha sido su peor concierto?

 

"¡Uhhhhh...! He tenido muchos; todavía voy a tener muchos. Las cosas fluctúan. A veces el público es más difícil; otras, es difícil e igual te creces; en las restantes te encabronas por algo, pierdes la concentración y luego parece casi imposible volver a agarrarla. Deseas acabar pronto y lo haces todo a desgano; te esfuerzas con tal de que el público se dé cuenta. Créanme; los he tenido peores que el del Parque de las Esculturas acá en Cienfuegos, con el cual la crítica fue dura. No me gustan los lugares abiertos".

 

¿A qué artitas invitaría al escenario?

 

"Depende. Respeto a quienes tienen poder de convocatoria; algo tienen. No quiere decir que sean los mejores; el arte no es una ciencia exacta o un foto-finish.

 

"Cuando los ciclones, por ejemplo, las cámaras de televisión llegaron a todos los rincones. En tales casos prefiero que no cuenten conmigo. ¡Menos para exponer que vamos a llevarle cultura a un pueblo! De pronto veo artistas muy políticos. ¿Por qué no llevar en esos momentos a Baby Lorens y el Chacal, los tipos capaces de mover a la gente? Falta de táctica por parte del Instituto de la Música. A mí no; ¿yo qué podría cantar? ¿Embajadora del sexo? No lo van a entender; están pa' otra cosa.

 

"La cultura cubana pasa por un gran abanico. Poseen ellos tanto derecho a existir como lo tengo yo; aunque sea minoría deben respetarme y darme espacio. Desde hace un tiempo, dondequiera ponen reguetón y hay humoristas haciendo chistes impropios; metiéndose con los homosexuales, las mujeres y los negros. A muchos no les motiva esa clase de show. Secuestran la cultura. ¿Dónde se meten los que desean salir de noche? Por eso estoy apostando ahora en El Sauce, un centro nocturno con otra visión para los intelectuales".

 

¿Ídolos?

 

"Silvio. Yo lo adoraba por su inteligencia; todos los trovadores de mi generación lo adoraban; queríamos a los clásicos. Admiro a los que me precedieron; incluso, a quienes no les fue bien. El tiempo pasa y no siempre se puede uno mantener en la preferencia. Cuando joven no gusté nada y mírenme hoy buscándome la vida. En calidad de músico, sé en qué circunstancias se hicieron. Por eso los disfruto más".

 

Tras su controvertida figura existe un Frank decidido a decir cuanto piensa, a disfrutar todo cuanto puede. También un hombre de ideas liberales y pocos conservadurismos. No escatima frente a la grabadora, luce un verdadero filósofo de café...

 

Una hoja en blanco; ¿qué escribiría si sobreviniera el final de Frank Delgado?

 

"Nunca me he planteado la pregunta a la tremenda. Ni puta idea de qué escribiría. No sé... 'me duele'; 'pónganme una morfina'; 'eutanasia'".










 
  

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