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Reunión cumbre para hablar de celebración del rock argentino

«Esto es la punta del iceberg de un repertorio valiosísimo»

MEDIOS el 18/04/2010 

Litto Nebbia convocó a casi trescientos músicos para grabar doscientas versiones que acaban de salir en nueve CD. Fito Páez, León Gieco, Miguel Cantilo, Ricardo Soulé, Emilio Del Guercio, Rodolfo García y Silvina Garré participaron. Y todavía les dura la sonrisa.

Por Cristian Vitale para Página|12


Soulé, Del Guercio, Páez, García, Nebbia, Gieco, Garré y Cantilo: núcleo del songbook que es el sueño cumplido del ex Los Gatos.
© Pablo Piovano
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León Gieco: –¿Cómo se te ocurrió hacer semejante cosa?

 

Litto Nebbia: –Hace años tenía la idea de hacer un songbook mezclando gente de diversas generaciones, famosa y desconocida.

 

L. G.: –¿Los temas los elegiste vos?

 

L. N.: –El 40 por ciento del comienzo sí, pero después empecé a oír otras voces, a invitar gente que conocía. Entonces se me acercaba uno y me decía “che, no puede ser que no esté tal tema”.

 

Emilio del Guercio: –Ese era un lobbista (risas).

 

L. N.: –Un lobbista, claro. Entonces dije: “Vamos a hacerlo como si esto fuera un tapiz”. Acá hay doscientas canciones de estos diez años. No son la cosa representativa de todo, pero son doscientos temas, ¡la puta!

 

L. G.: –¿Y vas a seguir?

 

L. N.: –Sí.

 

La ciclópea edición de Una celebración del rock argentino –nueve discos con 200 canciones en versiones a cargo de casi 300 músicos, más un DVD, más un libro pleno de fotos y biografías, más un mapa genealógico del género– recién está dando sus primeros pasos y Litto Nebbia, imparable, ya está yendo a más. “Se vienen dos discos pero con música inglesa y estadounidense, de 25 temas cada uno”, sigue contestándole a León Gieco, que juega a ser periodista. “El inglés, con versiones de Kinks, Hollies, Zombies, y el otro con los yanquis que salen a contestarles: Lovin Spoonful, Jefferson Airplane o Byrds... Pero la verdad es que me gustaría hacer algo con el tango, ¿no?, porque todo el mundo conoce Malena o La última curda, pero, ¿quién conoce Yuyo verde?”. Mientras Nebbia habla, miran azorados Rodolfo García, Fito Páez, Ricardo Soulé, Del Guercio, Miguel Cantilo y Silvina Garré. O sea, el resto de los músicos que llegaron hasta Melopea, el sello de Nebbia, para hablar de la obra con Página/12. “¿Ya estás pensado en más?”, se sorprende Cantilo. “La verdad es que yo ni en pedo podría hacer esto”, le sucede Gieco. “Le estás armando la charla a los gringos”, se ríe Páez.

 

Luego de una sesión de fotos callejera que aglomeró a medio Villa Urquiza en un mediodía de sol, los siete rodean a Nebbia. Abrazan al “padre del rock argentino”, según Gieco. Lo exaltan. Lo miman. El toma cerveza y se ríe. Está ansioso y feliz: es anfitrión, centro y parte. “Lo interesante de esto es que es como un espejo en el que nos miramos nuevamente y con otras versiones, con versiones de otros. Acá está su solidez”, se planta Del Guercio, sobre el espíritu de esta colección que el ex Los Gatos trabajó durante tres años para ofrecer al mundo en un paquete esencial.

 

“Hay gente de las nuevas generaciones o de las generaciones intermedias que no conoce cierto material, incluso muchos de los que empezaron con nosotros. Tenemos una radio de rock que sigue pasando Jugo de tomate frío, Muchacha y La balsa. ¿Y estos temas, loco? ¿Qué pasa? A lo mejor, esta caja sirve para que un tipo escuche Cruzando la calle, y de hecho la cruce para comprarse un disco de Aquelarre. O para que otros no sigan pensando que Los Mockers eran un chocolate”, se embala Litto, tratando de encontrarle otro núcleo al compendio que condensa canciones del período 1963-1973, desde las más diversas miradas y enfoques, estéticos y generacionales. Y que será mostrado en vivo –por todos los que están sentados ante Página/12– el 21 de mayo en plena 9 de Julio, como parte de los actos del Bicentenario. Todos quieren hablar de la multijugada de Litto apoyada por la Secretaría de Cultura de la Nación. Se enciman. Se ríen. Levantan la mano.

 

Páez arranca: –La sensación primera y hermosa es que Litto, en su nuevas versiones, porque esto también hay que contarlo como un gesto artístico de gran riesgo.carácter de productor antropólogo de la Argentina, tiene la idea de juntar todo este repertorio y encima hacer  Es de un valor importantísimo para la cultura argentina.

 

L. G.: –Porque no es sólo buscar los temas ya grabados y ponerlos en un disco. Hay que tener ganas y ánimo para hacer esto... Hay que sentirlo, y más viniendo de él, que nunca hace nada si no lo siente.

 

Silvina Garré: –Creo que este proyecto se puede hacer porque el que convoca es Litto.

 

L. G.: –El se inspiró en que todos decimos que es el padre del rock.

 

L. N.: –Y sí, dije: “¡A ver cómo se portan estos hijos de puta!”

 

Fito Páez: –De alguna forma, Litto está haciendo algo que debería hacer alguien del Estado: ordenar, curar, aunque no sea la historia certificada de todo lo que pasó aquí, ¿no? El está ocupando el lugar de un archivista de la nación y no es una tarea menor. Ojalá sirva esto para que las administraciones políticas tomen en cuenta que toda la actividad que se realiza en un lugar debe ser archivada para la constitución de esa nación.

 

Rodolfo García: –Sobre todo en un país como el nuestro, donde el tema de la memoria es crítico.

 

No para ellos, claro. Cada quien, entre los tres centenares de músicos que participaron de la celebración, se sumergió en versiones, cruces y reinterpretaciones de temas que ya tienen entre 37 y 47 años. Gieco, aunque no grabó en Melopea, como el 85 por ciento de los músicos, cedió “Es la lluvia y nada más”, una canción de Gabriela grabada en vivo en Olavarría, en 1978; El rey lloró, de Los Gatos, y El fantasma de Canterville. Páez se anotó junto a Los Gatos del regreso con La balsa –versión en vivo de agosto del 2007–, con Gonzalo Aloras en otro hit gatuno (Viento, dile a la lluvia) grabado en su casa, y en Un ratón en vacaciones. Y solo, en voz y piano, para recrear A Starosta el idiota, de Luis Alberto Spinetta. Soulé armó una banda de sueños para defender Color humano, de Almendra (Nebbia en piano, Alejandro Medina en bajo, Rodolfo García en batería y Gustavo Bazterrica en guitarra); y se mandó en solitario con una propia, Los ojos del amor. García, además de tocar la batería en muchas de las versiones, lideró la de Campos verdes –un viejo sueño”, dice–; su ex compañero de Almendra y Aquelarre, Del Guercio, encaró, junto a Nebbia, otro single de la banda señera (Hoy todo el hielo en la ciudad), y Gloria y guitarra, de Nebbia, en solitario. Cantilo visitó Malena, no te rindas, de Roque Narvaja; Credulidad, de Pescado Rabioso, y Fuera de la ley, de Los Gatos. Y Silvina Garré hizo Sólo se trata de vivir, de Nebbia y Canción para los días de la vida, de Spinetta.

 

F. P.:Un ratón en vacaciones la grabé en mi casa y estaba bastante cagado porque le cambié los acordes, y cambiarle los acordes a Litto, bueno... te pone en el límite. Estábamos con Aloras y dije: “Bueno, vamos, que Dios y Nebbia me lo demanden” (risas).

 

Ricardo Soulé: –A mí me mandaron al frente directamente con una súper canción de Edelmiro Molinari como Color humano... Fue una honra total, nunca me había imaginado poder tocarlo con una banda de esas características.

 

Garré: –Yo me di el gusto con la única que se puede sacar de A 18 minutos del sol (disco solista de Spinetta de 1977), porque las demás son un moño (risas).

 

–¿Y el resto?

 

Miguel Cantilo: –Conforme por haber hecho justicia con No te rindas, Malena, un tema injustamente soslayado de Roque Narvaja.

 

L. N.: –Qué bueno, ¿no? Cuando encaré Leves instrucciones, de Almendra, lo hice instrumental, como si fuera una cosa de cámara, porque a veces hay músicas que para mí tienen abajo un trasfondo, otras posibilidades que te hacen acordar a otra cosa. Le cambiás alguna armonía y das paso a otro asunto, sin tocarle la esencia, claro.

 

–¿Por qué todas las canciones, excepto los dos discos dedicados a usted y a Spinetta, se restringen al período 63-73? ¿Es por eso de la memoria que mencionó García?

 

L. N.: –Más bien por la formalidad de hablar de diez años, y porque ese período ha sido un protagónico mío. Pensé que iba a ser más objetivo que si agarraba otra época... Eso que lo haga otro. Además, de ese momento apareció toda esta gente que le abre la pelota al rock argentino, con toda la trascendencia internacional que tiene. La verdad es que nuestro rock es el más reconocido de todos los de habla hispana.

 

M. C.: –Ojalá te copien la idea, Litto.

 

L. N.: –Ojalá, pero si a veces no sacan ni los discos originales de la monada, los secuestran. El otro día leí la ridiculez de que no va a ser de dominio público el disco de Mercedes Sosa...

 

–¿Costumbres argentinas?

 

F. P.: –Y... Si miramos a Brasil, vemos que hay una protección del material musical propio y además otra cosa: la circulación de repertorios y géneros surge como parte de la cultura de ellos, en la que no hay tanto prejuicio entre si venís de la bossa, el samba o el tropicalismo... Las cosas circulan vaya uno a saber por qué: motivos geopolíticos, el mar, la casaza, lo que sea. Acá nos ha costado mucho eso, básicamente por este monstruo que es Buenos Aires; la cabeza de Goliat, diría Martínez Estrada. Digo: es muy difícil que un porteño conozca a Isaco Abitbol.

 

–Y eso que está León...

 

F. P.: –Por supuesto que él ha hecho una tarea importantísima en ese sentido, pero nunca fue algo relajado aquí. Hubo, sí, grupetes que conocíamos el tango, el folklore y el rock, pero nunca circuló en serio a nivel cultural. Siempre fueron ghettos. Posiblemente, la figura de Litto sea fundamental como fue la de Mercedes. Ella juntó mucha gente en su mesa, incluso de los estratos más diferentes, se sentaba con Félix Luna, con Charly y con León.

 

L. G.: –O tocaba con los Illya Kuryaki cuando los pibes tenían 11 años... “Argentos, argentos...” ¡con el bombo!

 

F. P.: –Es motivo de celebración.

 

–¿Qué lugar ocupa el rock argentino en esta circulación?

 

Emilio Del Guercio: –Creo que es el gran anfitrión, el que invita a todas esas músicas, como el tango, el jazz o el folklore.

 

L. N.: –Para nosotros, en un inicio, aproximarnos a tipos diez años mayores con el jazz, el tango o el folklore fue como encontrarse con la policía, guarda. Fue muy duro, hasta que bajó un poco y uno pudo encontrarse con algunos de los talentosos y abiertos.

 

F. P.: –Me imagino la cara de algunos de ellos cuando mostraste El bohemio va, por ejemplo.

 

L. N.: –Bueno, algunos tipos te decían que tu música no tenía la medida exacta... ¿Qué te creés, que soy una modista?

 

El giro temático de Páez había incorporado dos tópicos súbitos: la comparación del trato cultural “desde arriba” entre la Argentina y Brasil, y la conjunción de géneros, algo que este compilado roza pero no besa (aparecen aportes de Pablo Agri, Fats Fernández o Ricardo Lew, pero la mayoría proviene del rock). “Lo que siempre me gustó de Brasil es que, no sé, hay compositores que tienen docenas de grabaciones de sus canciones, pero no de las que fueron hit, material de ellos que generalmente graba gente que no es compositora. Acá ha existido eso en algunos sectores y con algunos músicos, pero no de una manera natural. Y además es una cosa que se fue formateando con el business”, retoma Nebbia.

 

–¿A qué se refiere, específicamente?

 

L. N.: –Por ejemplo, si agarrás muchos de los últimos discos grabados en sellos grandes, los invitados son de la misma compañía... O sea que para tocar con un tipo le tenés que preguntar de qué sello es, si no no podés tocar con el tipo. Así, la vida es un embole.

 

–Es complicado darle un concepto unívoco a esta colección. ¿Podrían intentarlo?

 

M. C.: –Creo que esta colección es como la punta del iceberg para el rock argentino. Tenemos un repertorio tan amplio y valioso que, en realidad, lo que juntó Litto acá es un gran disparador.

 

E. D. G.: –Y hay algo más puntual, que es que la ansiedad de Litto de querer meter más y más material desembocó en una idea que me parece muy piola: las separaciones entre versiones completas, a través de viñetas. Me encantan las versiones instrumentales que unen canciones desarrolladas.

 

M. C.: –Claro, porque uno se da cuenta de que el rock argentino tenía temas factibles de ser instrumentalizados. Nunca se daba eso, y en este trabajo se da.

 

–La versión instrumental de Muchacha, de Ricardo Lew, cuenta entre las mejores. ¿Coinciden?

 

L. N.: –Impresionante. Muy linda.

 

R. S.: –Bueno, muchos dicen que cuando la música es instrumental es porque se pone los pantalones largos.

 

–Además, buscando otro “núcleo”, aparece la resignificación de todas esas grandes bandas de los ’60 y los ’70, ¿no? Hubo un momento, que más o menos coincide con el “discurso único” de los ’90, en que muchas de ellas habían sido omitidas.

 

L. N.: –A eso lo asocio con una cosa de las grandes compañías que creen que el mundo terminó, que no hay más discos... Pero hay cosas que no van a cambiar nunca. Al estar maltratado el negocio, ya no saben qué inventar y dicen que la vida pasó... No, lo que pasó es el trabajo que hacen ellos, por eso hay cada vez más sellos independientes, más grupos que se cobijan de esa manera. Y ser independiente, porque acá radica el sustrato de este trabajo, significa ser libre y que no te rompan las bolas. Todos los que están acá es porque quieren estar.










 
  

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