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Uno de los más destacados compositores chilenos

Patricio Wang recorriendo Chile con su música.

por Víctor Tapia el 17/10/2010 

Una intensa presencia tuvo estas semanas el músico y compositor Patricio Wang —directos artístico del Quilapayún Parada/Wang— en Chile, demostrando que es una de las personalidades mas interesantes de la escena musical chilena actual


Patricio Wang en su homenaje en Quilpué
© Víctor Tapia

Se le nota en su cara que a Patricio Wang este viaje le ha dejado satisfecho en cada una de sus detenciones y sus viajes, son tantos años de creación, tantos años de arte de este compositor chileno, que al haber desarrollado su carrera en Europa, ha tenido poca difusión en el medio chileno.

 

Tal vez lo mas conocido sea lo que ha compuesto para Quilapayún y que sin duda a sido un puntal para que el público sienta curiosidad por su música, pero también hay que considerar que la apuesta del Quilapayún por este tipo de música corresponde a un repertorio que hoy tiene casi nula difusión en Chile, los discos La Revolución y las Estrellas y Tralalí Tralalá se mantienen inédito y descatalogado respectivamente, lo disponible es Survarío, Latitudes y Al Horizonte en donde el cambio de estilo ya esta hecho, siendo imposible para el auditor chileno percibir los inicios de este cambio.

 

Al conocer estas composiciones en el Quilapayún y al hurgar un poco más allá en las creaciones de Patricio Wang uno puede determinar que su obra corresponde a lo más interesante que está dando la música contemporánea actual de Chile. Si la mayoría de los compositores chilenos actuales van buscando sus formas aun en los caminos de la atonalidad, de la rítmica a desparpajo o adentrándose en los vericuetos de la electroacústica; el camino de Patricio Wang va en el enriquecimiento de las formas musicales tradicionales con variaciones rítmicas, desarrollos armónicos y melódicos, que sean un aporte mutuo, abriendo las sonoridades del auditor común a un nuevo mundo mucho más amplio; abriendo los recursos que generosamente ofrece la música para descubrir nuevas combinaciones en esta alquimia sonora.

 

Quilpué

 

Una de los primeros recitales que presencié dentro de las presentaciones de obras de Patricio Wang fue el del día 2 de Octubre. Pasadas las 19 horas se dio inicio en el Teatro Velarde de Quilpué la segunda jornada del Primer Encuentro Internacional de Orquestas Nativas y Latinoamericanas organizado por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Comenzó el concierto con un conjunto que entró desde el público para hacer una serie de melodías tradicionales en vientos y acompañada por una percusión.

 

Después apareció la primera sorpresa de la tarde. La orquesta de Instrumentos Andinos de Putaendo dirigido por Francisco Duarte, una agrupación de aproximadamente 15 jóvenes estudiantes de enseñanza primaria y secundaria del valle del Aconcagua que con guitarras, charango, quenas, flautas dulces y teclados entregaron hermosas versiones de obras de la música chilena y latinoamericana. Llamó la atención lo bueno de las interpretaciones, lo interesante de los arreglos que siempre daban una hermosa propuesta, desarrollo de contrapuntos en las melodías y una distribución de la melodía principal en varios instrumentos. Una gran experiencia.

 

La segunda parte del concierto corrió a cargo de la Orquesta Andina de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) quien realizó bajo la sonoridad de la música de nuestra América una propuesta mas arriesgada en los sonidos y las armonías con un repertorio que de a poco se fue adentrando en los nuevos lenguajes de la música chilena, para llegar al momento central que fue el Homenaje a Patricio Wang que se inició con Temporía, en un arreglo efectivo en donde el piano fue reemplazado entre otros instrumentos por el vibráfono. Después vino Transiente en una versión que ya conocíamos entregada por esta misma orquesta.

 

Posteriormente se pronunciaron algunas palabras por el compositor homenajeado, por su obra, por su personalidad. Destaca del aspecto humano de Patricio Wang su sencillez, su cercanía, el que se acerque a hablar contigo con la naturalidad de alguien que te ha conocido toda la vida aunque recién te haya visto, tal vez una forma de ser de ese Chile que se perdió y que nos transformó a través de la dictadura en seres cerrados, desconfiados y temerosos.

 

En los ojos de Patricio todo es luz, asombra ver su agilidad al subir y bajar del escenario, al dar instrucciones, salta como si en sus pies existieran alas… mientras el que escribe a los 34 años no tiene ni la mitad de la agilidad de Wang a los 57. ¿Será porque vive haciendo lo que ama? ¿Porque la vida le ha permitido una luz mas allá, el poder concretar en la realidad esas nuevas voces que germinan en los oídos? Verlo y oírlo es un placer al alma sonora.

 

De ahí vino la presentación de Oficio de Tinieblas con la Orquesta Andina PUCV más conjunto vocal y el Barítono Franz Fonfach. Instrumental y coralmente la obra fue entregada a la perfección, el barítono en pequeños momentos tuvo ciertas licencias de ralentizar o acelerar ciertos partes de su voz, además de no contar con un registro que le haga honor a la versión discográfica que tanto hemos escuchado. Aun así su desempeño fue óptimo, sumado a una interpretación del grupo de músicos llena de potencias, con matices bien desarrollados y un énfasis en la intencionalidad de la obra.

 

Patricio Wang se sentía satisfecho al terminar el concierto y al recibir los aplausos del público que lo hicieron volver al escenario. Antes de entrar al teatro me había comentado con entusiasmo el estreno de su obra Comienza la noche interpretada por María Kliegel, y la orquesta latinoamericana del colegio Santa Cecilia de Osorno, estaba muy sorprendido de la calidad interpretativa de este conjunto ya que la obra había sido excelentemente abordada por el conjunto considerando que él no había tenido licencias especiales a la hora de componer, lo hizo como siempre, sin bajar la dificultad porque eran niños.

 


Orquesta Andina de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV)
© Víctor Tapia

 

Osorno

 

Esa vez en Quilpué al lado de Patricio estaba sentada la intérprete holandesa Winanda Van Vliet, lo que me llevó la siguiente semana a viajar 913 kilómetros al sur de Santiago, a la ciudad de Osorno, a ver el estreno de una obra que fue editada el año pasado en Europa llamada Canciones Salvajes que toma textos de Pablo Neruda y los lleva al oído a través de una gran gama de recursos sonoros y rítmicos latinoamericanos mezclados con ingredientes de la rítmica irregular y de los grandes conceptos que nos ofrece la nueva música, todo esto entregado por un coro, un conjunto instrumental latinoamericano y la voz de Winanda.

 

Este estreno fue la justificación del viaje de Winanda desde Holanda, además durante esa semana se trabajó en el montaje de la obra dentro del Séptimo Seminario de Música Latinoamericana organizado por el Colegio Santa Cecilia de Osorno, un oasis de estudio, de compartir experiencia entre cultores, artistas, estudiantes e interesados en la materia, y en donde diariamente se ofrecían conciertos gratuitos para el público de esta ciudad. En esta serie de conciertos se presentó Canciones Salvajes el día 8 de Octubre.

 

Ante una sala repleta se dio el inicio al concierto pasadas las 20.00 horas, en primer lugar se presentó el conjunto instrumental del colegio Santa Cecilia, interpretando una pequeña selección de música chilena con raíces latinoamericanas. Posteriormente vino la presentación del la orquesta latinoamericana de PUCV quien presentó un repertorio similar al entregado en Quilpué la semana anterior, incluyendo como invitado a Patricio Wang en la interpretación de Transiente. Y el cierre fue entregado al estreno en Chile de Canciones Salvajes. Como presentación de la obra se dio lectura a la mayor parte del texto explicativo que trae el CD, en donde se da cuenta de la tónica de los poemas, de la voz de Neruda que se busca resaltar; se dejó fuera la explicación en la cual se vincula esta obra con la línea trazada por las cantatas dentro de la música popular chilena. La idea de que esta era una obra distinta, se manifestó al pedírsele al público dos veces el no aplaudir al final de cada canción sino sólo al final de la obra completa. Y comenzó la interpretación.

 

Cada una de las canciones fueron entregadas en forma sublime, la voz de Winanda estuvo muy apegada al registro, con un timbre prístino que se mantuvo fuerte, certero, delicado según las exigencias de cada una de las canciones que fácilmente pueden superar los 5 minutos de duración al volcarse en desarrollos melódicos, de contrapunto, rítmico que enriquecen el concepto de canción. Una canción en extremo.

 

La obra se iba entregando en forma perfecta, se notaba cierta incomodidad de parte del público al término de cada canción y no poder aplaudir: si las canciones eran salvajes habría que revocarles esa limitante de aplausos. Llegando a las dos últimas interpretaciones se notaron ciertos grados de nerviosismo en interpretación de Winanda, quien olvidó ciertos textos, estos nervios hicieron mella levemente en la dirección de Patricio Wang quien en un momento no fue enfático en dar la entrada al coro y las voces solistas provocando un pequeño desliz en la interpretación.

 

Con la prohibición de aplaudir y con el público perdido en el conteo de la cantidad de canciones interpretadas, costó un poco que salieran los aplausos entre el público pero estos fueron tomando confianza entregando un justo reconocimiento a la interpretación de esta gran obra en Chile, un anhelo por fin cumplido y hace tanto tiempo amasado entre Winanda y Patricio.

 

Cada uno de los interpretes se notaba satisfecho, el coro estuvo en forma plena, el conjunto instrumental preciso, con una excelente interpretación en segundas voces de Álvaro Pinto, Winanda como dijimos en forma precisa en sus notas, en la intención de cada una de ellas y ver la dirección de Patricio Wang con todos los cambios de ritmos y entradas es una gran escuela para cualquiera que busque dirigir.

 

Una hermosa entrega para el público de Osorno, que se fue acercando a felicitar a los músicos y a conversar con ellos. Pude ver al final de la jornada como Patricio Wang compartía animadamente con Manuel Sánchez y Francisco Astorga, quienes son payadores y guitarroneros. Se daba una hermoso resultado tras el seminario, la unión de dos vertientes que inundan la música popular chilena unidos en un dialogo de experiencias y voces, de miradas que iluminan la música que se nos viene.

 


La Orquesta Latinoamericana dirigida por Patricio Wang con Álvaro Pinto a la izquierda.
© Víctor Tapia

 

Y más…

 

Durante esta semana del 11 de Octubre Patricio Wang nos sorprendió con otra irrupción dentro del medio, al participar en la composición musical del documental Newen Mapuche de Elena Varela que muestra el conflicto entre varias comunidades mapuches y las forestales, y en donde la directora fue detenida al vinculársela con ciertas acciones reivindicativas del pueblo mapuche, para finalmente dejarla libre por falta de pruebas en su contra.

 

Este fructífero viaje de Patricio Wang termina en los próximos días, el domingo 17 se interpreta su obra Naufragios en Valparaíso y el lunes la coral Femenina de Viña del Mar interpretará alguna de sus obras en Santiago, para volver el día martes a Europa y seguir con su actividad en el viejo continente.

 

Esperamos contar mas frecuentemente con la presencia de Patricio Wang y su obra para que nos inunde de su sonido que le hace tanta falta a nuestro medio.










 
  

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