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Entrevista

Soledad Pastorutti: «Sueño con mi carrera internacional»

MEDIOS el 20/12/2010 

Mujer orquesta. A los 30 años, tiene 15 de carrera, marido, una hija de seis meses y un nuevo disco, “Vivo en Arequito”. Aquí habla de su experiencia como madre, repasa su carrera y confiesa que sueña con triunfar en el exterior.

Por Diego Jemio. Especial para Clarín


«Soy inquieta por naturaleza. Nunca me quedo con lo que tengo», dice Soledad Pastorutti.
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Lleva 15 años de carrera, 30 de vida y seis meses de madre de su primera hija, Antonia. Sólo con sus dos primeros discos -lleva más de una decena grabados-, vendió un millón de ejemplares.

 

Es, sin dudas, una de las artistas más convocantes del folclore. Pero en estos momentos, sentada en el bar de un hotel de Palermo, Soledad Pastorutti no arrasa con nada. Tiene la cara lavada, ropa en tono caqui y rasgos de cansancio por una jornada de prensa que recién está arrancando.

 

Habla con más dudas que certezas. Cuenta que comenzó su carrera sin ser profesional; recuerda que estuvo deprimida porque sentía que la gente elogiaba su carisma y su fuerza, pero nunca su forma de cantar; dice que sueña con volver a intentar una carrera con proyección internacional. Y, claro, que ser madre le cambió la vida.

 

“Ahora sí que no me para nadie”, escribió en el arte de tapa de Vivo en Arequito, su nuevo disco, grabado en su pueblo en octubre de este año. “Cómo me gusta la vida”, grita en una de las canciones. En charla con Clarín, esta Sole optimista y reflexiva habla de la maternidad, de su carrera y de lo que cuesta romper ciertas estructuras en el folclore.

 

¿Qué te vino a la cabeza cuando viste que cumplías 15 años arriba de los escenarios?

 

Todo pasó a segundo plano a partir de la llegada de Antonia. Pero, más allá de eso, sentí orgullo de haber podido mantenerme. Comencé sin ser profesional y nunca imaginé llegar acá. Con 15 años de carrera, no me siento una grande del folclore. Sí soy una privilegiada porque hago lo que me gusta y porque mucha gente me acepta, me conoce y me sigue.

 

Cuando hablás de los recitales que sentías que se repetían, ¿te referís a esa exaltación de la energía y al carisma que siempre todos te destacaron?

 

En una etapa de mi carrera, estuve deprimida. El problema era no poder superarme. Sabía que en los festivales iba a hacer siempre lo mismo, que la gente iba a aplaudir y la iba a pasar bien. Todos hablaban de mi energía y de mi carisma, pero nadie decía “Che, qué bien que canta la Sole, qué buen show dio”. Me angustiaba y me sigue angustiando. En algún momento, tuve una charla muy esclarecedora con Afo Verde, que ahora es presidente de Sony América Latina. El me dijo que confiara en mí y que tenía que cantar las cosas que yo quería.

 

¿Por eso en este disco versionás a Marco Antonio Solís y elegís otras canciones que en otras épocas no hubieses hecho?

 

Ahora me siento libre de hacer lo que quiero; esa libertad llegó con mi hija, con aquella charla con Afo y con los años... Aprendí a respetar lo que soy. Yo soy una gringa, que nació en el sur de Santa Fe y que está influenciada por Rosario, por la capital y por el folclore más purista de mi papá. La gente me conoció vestida de gaucho y revoleando el poncho. Era la alegría en persona. Pero después me comprometí con la música desde otro lugar. A veces cuesta salir de esa estructura. Lo mejor fue poder superarme. Creo que avancé; es un avance lento, pero no importa.

 

¿Por qué entre las canciones tuyas no hay folclóricas? ¿Tiene que ver con un intento de abrirte a otras músicas?

 

No me meto con el folclore cuando compongo. Mi lenguaje es mucho más actual y, si se quiere, más pobre que el de aquellos genios que hicieron cosas bellas en el folclore. No tengo la poética de La López Pereyra. Nunca voy a poder hacer una canción como ésa. Yo admiro mucho a la gente joven que compone, como Abel Pintos, y a los consagrados como (Joan Manuel) Serrat y (Horacio) Guarany. Quizás tenga que ver con que leemos muy poco y tenemos una relación pobre con la palabra escrita.

 

A finales de la década del ‘90, Soledad ya tenía cuatro discos editados, un nombre instalado y decenas de miles de seguidores en todo el país. “Es ese público que me quiere hasta cantando el arrorró”, es como lo define ella.

 

En ese tiempo, el productor Emilio Estefan viajó a la Argentina para conocer a la chica que, según decían los medios, estaba acercando el folclore a los jóvenes. Juntos, hicieron Yo sí quiero a mi país, título criollo, pero con grabación íntegra en Miami. Era el primer intento de darle un empujón internacional a su carrera. Hoy, con el tiempo, dice que le hubiese gustado continuar con ese proyecto.

 

¿Te gustaría intentar de nuevo dar ese salto internacional? ¿Soñás con eso?

 

Es un salto que quiero dar sí o sí. No quiero ser una artista con techo. Por naturaleza, soy inquieta y nunca me quedo con lo que tengo. Soy una persona inconformista constante (risas). Eso me genera mucho sufrimiento, porque tengo todo el tiempo la máquina encendida. Con aquel disco producido por Estefan, lo más grave fue no haber continuado con esa tarea; fue sólo un disco y después me eché para atrás. Me asusté con las críticas, con todo lo que se decía, no sé. El disco llegó en un momento en el que me estaba haciendo señorita: comencé a pintarme, a cuidarme más estéticamente.

 

Además, era el final de los ‘90, un momento particular en el país… Sí, tal cual. Para muchos, fue difícil masticar ese salto. En esos años, el país miraba afuera. Se supone que yo representaba a lo argentino y me fui a grabar el disco a Miami. Mucha gente se preguntó: “¿Qué pasa con la Sole?”. A veces es difícil salir de ciertos encasillamientos. Yo no creo que sea una traición intentar cosas nuevas.

 

¿Te parece que grabarlo fue una decisión errada?

 

No lo sé. En cualquier caso, ahora soy yo la que tomo las decisiones de mi carrera. Soy una persona que admite que cometió muchos errores, y no digo que volvería a hacer todo exactamente igual. Quizás me hubiese tomado las cosas con más tranquilidad, hubiese disfrutado más, hubiese esperado más para ciertos cambios. No era una profesional de esto.

 

Bueno, pero ahora lo sos. Y como decís en tu disco: “Ahora sí que no me para nadie”…

 

Ja, soy demasiado optimista, ¿no? Ojo que a veces lo digo para darme ánimo. Muchas veces me planteo: “Che, ¿y si dejo todo y me voy a vivir a Arequito?”. Quiero estar más tiempo con mi hija y mi familia. Pero, a su vez, sueño con mi carrera internacional, con tener éxito en otros lados. Sueño como si no hubiese hecho nada todavía, como si tuviese que empezar de cero. Sueño como si no fuese la Sole.










 
  

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