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Samantha Navarro, Daniel Drexler y Diego Kuropatwa

El futuro de la trova en Uruguay

por Núria Martorell el 08/02/2011 

Tres jóvenes cancionistas (prefieren este término al de cantautores) uruguayos reciben a Cancioneros.com en el hotel de Barcelona donde se hospedan. Están felices y orgullosos de la misión que se les ha encomendado: rendir homenaje a Mario Benedetti.


Diego Kuropatwa, Samantha Navarro y Daniel Drexler.
© Juan Miguel Morales

 

Ellos son los primeros en actuar de los siete compatriotas que invitados por el festival Barnasants presentarán cada uno dos canciones con letras del malogrado escritor, llevadas a sus personales (y estimulantes) territorios sonoros. Piezas que no solo interpretan en sus respectivos conciertos, sino que se recogerán en un disco recopilatorio que la muestra tiene previsto presentar en el mismo Montevideo durante la próxima edición del festival. Hablamos de Samantha Navarro, Daniel Drexler y Diego Kuropatwa.

 

Para empezar, les pedimos que se presenten a sí mismos. Y no pueden evitar mencionar sus influencias al hacerlo. Las damas primero. Samantha Navarro. “Nací en 1971, soy una señora menor. Llevo editados en conjunto nueve discos, dos de ellos con mi banda La Dulce, otro con el proyecto llamado Santuario y otro de música de teatro. El último se titula Volver al inicio. Hago canciones desde hace muchísimo tiempo. Pruebo con todas las cosas posibles, desde mi paisaje interior, y me dejo influenciar por todo lo que pueda, de todo lo que escucho y lo que no. Trato de hacer una canción que me encante. Soy cancionista. Y admito estar totalmente influenciada por todos los de la trova, por Serrat, por la música académica, por cosas viejas y modernas”. ¿Y qué me dice de su sentido del humor, un rasgo que le caracteriza? “Sí, es cierto. Vengo de una familia donde el sentido del humor es muy importante. Y para mí es fundamental: un valor muy bien valorado. Disfruto haciendo canciones con historias terribles pero graciosas en el fondo, pasar del ‘qué horror’ al ‘ja ja ja ja”.

 

Le toma el relevo Daniel Drexler (sí, el hermano del famoso Jorge Drexler): “Nací el 9 de enero de 1969 en Montevideo. Tengo cuatro discos editados, el primero en 1989 y el último, el año pasado (Micromundo). Y también he hecho música para películas. Soy un cancionista, no me gusta la palabra cantautor porque está muy ligada a una estética, a una utopía generacional que no es la mía, a pesar de que me formé escuchándola. Me siento muy influenciado por la música de raíz y estoy muy abierto al paisaje de la globalización”.

 

Y el último en tomar la palabra es el benjamín del trío, Diego Kuropatwa. “Vine al mundo el 11 de marzo 1975. He publicado dos discos, el primero con el grupo que tenía en el 2007 y el segundo junto a un músico de la generación del 77, Rubén Olivera, un directo del concierto que dimos en la Sala Zitarrosa. Mis influencias son, sobre todo, la primera trova cubana, también tengo una clara etapa serratiana, Serrat es mi gran ídolo musical, y todo el folclore uruguayo”.

 

La primera e inevitable pregunta es, ¿estamos ante una nueva generación de trovadores uruguayos? “Rubén Rada, Jaime Ross…, yo tengo una clara influencia de una generación anterior que tomó cuerpo a finales de los años 50 y principios de los 60 —confiesa Drexler— Aníbal Sampayo, Osiris Rodríguez Castillos y Anselmo Grau son también muy importantes, sin olvidar a Daniel Viglietti, con el que tuve la suerte de compartir cartel, y Zitarrosa, claro está. Ah, y Eduardo Mateo, el fundador de la música urbana uruguaya. Aunque también admito mucha influencia de la música brasileña, Gilberto Gil, Jobim, Caetano Veloso…” Y cuando aún no ha terminado la frase, intercede Navarro: “En realidad, queremos ser brasileños y también argentinos, y nos olvidamos de que lo que realmente somos y necesitamos ser es uruguayos”.

 

Este sentimiento, según Drexler, “tiene que ver con la pequeñez del país, no hay compartimentos estancos, todos nos criamos escuchando música erudita, yendo a talleres de composición con músicos clásicos… Hay mucha comunicación entre los diferentes ambientes de Montevideo. Por ejemplo, el otro día invité a un amigo de una banda heavy a que tocara con otro que hacía tango”. Y Navarro aprovecha entonces para reivindicar las raíces folclóricas: “No nos hemos de olvidar de la importancia de la murga y el candombe, que se te mete dentro quieras o no”.

 

Según Drexler, a esta condición “de la escala del país” hay que añadirle que “la canción de autor arrancó en Uruguay de forma tardía: la primera generación consolidada data de la segunda mitad del siglo pasado, y ahora lo que pasa es que ha ido creciendo y floreciendo. Hay un interesante panorama de canción que está llegando más allá de nuestras fronteras”.

 

Navarro, que no tiene claro si llamarla “generación”, sí constata que “hay una movida nueva que es medio alternativa”. “Y lo más relevante —insiste Drexler— es que estamos saliendo fuera de Uruguay, lo que nos permite apreciar mejor lo que está pasando, desde esta otra perspectiva. Creo que sí, que hay mucha gente haciendo cosas llamativamente interesantes. Y una característica que marca la diferencia con las anteriores generaciones es que hemos salido rápidamente a desarrollar nuestro trabajo”.

 

Otra cuestión que llama la atención es la cantidad de mujeres cantautoras que surgen de Uruguay. Lo certifica la publicación del álbum ¡Uruguayas campeonas!, un generoso disco en el que participan hasta tres generaciones. Y el mismo hecho de que en este ciclo organizado por Barnasants figuren tres mujeres (al nombre de Samantha Navarro hay que sumarles el de Rossana Taddei y Ana Prada). ¿Qué creéis que lo ha propiciado? “Se ha ido generando espacio para las canciones de mujer”, responde rápido Navarro. “La presencia femenina en la música uruguaya es muy importante, desde Amalia de la Vega hasta Mariana Ingold, Vera Sienra, Diana Denoir, Estela Magnone y Laura Canura, también muy importante”, enumera, emocionada.

 

A Drexler le “llama la atención” el hecho de que mientras ellos han estado muy acostumbrados a que sus “madres trabajaran, en España no era así años atrás, quizás como consecuencia del franquismo”. Y recuerda que “Uruguay fue uno de los primeros países del mundo en tener el voto femenino. Ha habido y hay mucha participación de la mujer en la sociedad en general, aunque casualmente en la política no tanto”, reflexiona, admitiendo que hasta ahora no había caído en este detalle.

 

¿Y hacia dónde os gustaría madurar como artistas? “En mi caso hay una cuestión biológica que me impide madurar —responde Drexler, esbozando una sonrisa—. Más que el objetivo, me interesa la búsqueda. Es más, me asusta la idea de madurar como artista. Sería como decir ‘hasta acá llegué”. Para Navarro, “es un misterio. La canción nace como quiere, y yo trato de estar lo más energética posible y ser el mejor canal para su viaje. Y mientras esté allí y me de felicidad, la relación será buena. La maduración, la búsqueda, me interesan, pero también quiero cantar muy bien y tocar muy bien la guitarra. Y me encantaría tocar otros instrumentos. Lo interesante es que el trabajo, como el buen vino, mejore con los años”.

 

Kuropatwa, por su parte, explica que lo que quiere es seguir sorprendiéndose con las canciones. “Como decía Daniel, la maduración, el ‘hasta acá llegué’, no va conmigo. Prefiero mantener la picardía de la juventud y buscar el factor sorpresa. Quizás la maduración pasa antes por la persona y se refleja en lo que uno hace. Para mí la música es una búsqueda infinita”, dice, inspirado.

 

¿Y qué destacaríais de este Benedetti, que algunos os habéis puesto a musicar por primera vez? “A veces, uno no valora lo de su propio país —se lamenta Drexler—. Pero el arte funciona como un espejo: no solo refleja la imagen, sino que también la crea. Y entonces empezamos a darnos cuenta de lo que se va afianzando como pilares de la identidad. A los 25 años —relata— decir que leías a Benedetti era como una obviedad. Y fue al venir a España cuando me di cuenta de su valor. Empecé a leerlo a mi regreso, hace dos o tres años, y me gustó su capacidad de decir las cosas de forma tan entendible, consciente de que a veces ser críptico puede ser un refugio fácil. Y también descubrí su solidez y su talla poética. Participar en este proyecto ha sido estupendo porque me ha obligado a sentarme a poner música a sus canciones, porque para mí sus poemas tienen una musicalidad tan fuerte que sentí que lo que tenía que hacer era no interferir en ella”. Por cierto, sus canciones elegidas son Los cinco, que se lleva, adelanta, “a un ritmo ternario, a un medio tiempo chacarecoso”. Y Pasatiempo, que convierte “directamente en una milonga cuántica, con raras armonías”.

 

Kuropatwa sostiene que “la figura de Benedetti es sumamente importante en Uruguay y en el exterior”. Si bien reconoce que antes tampoco había leído “prácticamente nada de él”. La poesía, prosigue, es lo que más le ha “atraído” y como Drexler, resalta “la sencillez” de su escritura. “Da la sensación de que cuando lo lees descubres enseguida cómo era Benedetti como persona: sencillo, afable… como en las fotos, un viejito lindo. Su poética es directa, sin palabras rebuscadas, por lo que llega al corazón”. Sus versiones son Me sirve y no me sirve, “un canción medio serratiana, en cuanto a la voz. Mientras que la guitarra tiene más influencia de la generación del 77, es amilongada”. Y la otra es Soneto kitch a una mengana, neo pop”.

 

Navarro se descubre como la más conocedora del universo benettiano (de hecho, ya lo había musicado antes). “Leí de chica Montevideanos y me encantó. Sin embargo su poesía no me seducía tanto. Prefería la del siglo XIX, en la que no se entiende nada. Hubo un tiempo en que lo le daba mucha bola a Benedetti; me iba para otro lado. Pero me gusta mucho su faceta de novelista. De chica me encantó La tregua y la quiero releer. Me parece un hombre absolutamente maravilloso, entregado a su trabajo: más de 80 libros, fue el editor de la revista Marcha, pilar de nuestra cultura… Y a raíz de la propuesta de Barnasants me he reencontrado con un montón de cosas que no recordaba de él, como su sentido del humor. Es genial. Divertido. De ahí que enseguida me sintiera en su misma sintonía: con ese humor que te rescata”.

 

Pero para Navarro, si hay un libro imprescindible de Benedetti es Despistes y franquezas, con sus “pequeñas misceláneas. Es un libro bárbaro para tener en el hogar: el oráculo Benedetti”.

 

Este redescubrimiento de Benedetti es para ella “un viaje de ida”. “Musicalicé nueve poemas, así que mi problema es elegir ahora solo dos de ellos”. De momento, los candidatos son: Socorro y nadie, que ha concebido con un descarado aire de Shubert, “pero en versión sencilla, ¿eh?” Y Piedritas en la ventana, “un símil de bossanova, bossa vieja… no sé”.

 

Para los tres, hay otro motivo que les llena de orgullo de este proyecto: el hecho de que en Uruguay el gobierno del Frente Amplio lo declarara de interés cultural. Kuropatwa admite que se quedaron “sorprendidos de este apoyo, que aglutina a tres ministerios”. Y Navarro bromea con la posibilidad de que la euforia del último Mundial de Fútbol tuviera algo que ver (Uruguay quedó cuarto y Diego Forlán fue declarado el mejor jugador).

 

Barnasants se marca un buen gol con este homenaje a la canción de autor uruguaya. Y con la selección de sus protagonistas. “El resto son maravillosos; son lo más —valora Navarro—. Empezando por Viglietti, todo un honor compartir con él. Es un referente, un reformador de la canción. Y siguiendo con todos los demás, Rossana Taddei, con su propuesta a medio camino entre el jazz, la canción italiana…, con dosis de humor, mucho ritmo y letras sencillas y pulsantes. Y no nos olvidemos de Jorge Drexler, y su fuerte influencia. Y de Ana Prada, que viene con sus chacareras, zambas, milongas y valsecitos criollos”.

 

Este repaso a los participantes hace que en la conversación vuelva a salir el tema generacional. “A lo mejor es mucho más importante de lo que pensamos. Algo que se percibe precisamente cuando estás fuera de tu país y te das cuenta de que tus colegas son tu principal apoyo”, sostiene Drexler. “Son tus referencias”, añade Navarro. “Tus principales aliados”, remacha Kuropatwa.










 
  

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