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Su disco número 13

Pedro Guerra presentará su nuevo CD «El mono espabilado»

REDACCIÓN el 03/10/2011 

El próximo 11 de octubre el trovador canario Pedro Guerra presentará El mono espabilado, su disco número 13, con 13 nuevas composiciones, publicado con su propia compañía, Mansi Producciones y las colaboraciones de Miguel Poveda e Iván Ferreiro.

Pedro Guerra sosteniendo su nuevo CD «El mono espabilado». Redacción/Nacho Sainz de Tejada - El 11 de octubre de 2011, Pedro Guerra (Güimar, Santa Cruz de Tenerife, Canarias 1966) publica su nuevo álbum, El mono espabilado, que presenta en concierto el 25 octubre en Madrid (Teatro Arteria Coliseum) y 12 de noviembre en Barcelona (Teatre Coliseum) y serán el inicio de una gira por varias ciudades de España a partir de enero de 2012..

 

Después de 16 años y 12 discos trabajando con Sony Music, Pedro Guerra publica su nuevo disco con su propia compañía Mansi Producciones. Es el disco de la independencia, de la emancipación, el comienzo de una nueva aventura. “Lo edito yo y lo distribuye Resistencia”, dice. “Con el álbum Vidas ya me enfrenté a un abismo porque empezamos a trabajar nosotros el management y funcionó. Hice más de 70 conciertos en España y América. Un disco es un objeto que anuncia que estás ahí, que tienes canciones nuevas. Es todo tan complicado… Ahora estamos ante otro abismo, pero creo que es la tendencia natural para un artista como yo. Si sabes lo que haces, nadie mejor que tú para saber como tienen que ser las cosas. Pero hay mucha incertidumbre por la situación. La crisis revela que nuestra profesión está en el aire”.

 

Una situación nueva que no afecta al aspecto creativo, a las canciones, al álbum. “A nivel creativo, sigo manejando las cosas igual”, continúa. “A la canción no le interesa cómo va a llegar a la gente. Desde los 14 años tomo la guitarra y hago canciones porque me gusta, porque sin eso no podría vivir. El disco está al margen de la nueva situación y en la medida que la gente compre El mono espabilado podré grabar el siguiente, por lo que hay que intentar que la mayor cantidad de gente se entere de lo que has hecho”.

 

Pedro Guerra compuso las 13 canciones de El mono espabilado entre septiembre de 2010 y mayo de 2011. “En estos meses, que fueron muy activos, me entregué a la composición”, afirma. “Componía todos los días con una intensidad que no tenía desde hace tiempo y salieron casi 40 canciones y en esta intensidad quizá tenga alguna conexión con Golosinas. En otros discos busqué ritmos y sonoridades nuevas; en El mono espabilado hablo del ser humano a través de historias”.

 

Historias que se convierten en canciones que se inspiran en el director de cine ruso Andrei Tarkovsky, en las maestras de escuela republicanas, en descubrimientos antropológicos, en personajes literarios de R. L. Stevenson, en emperatrices bizantinas del siglo VI, en tipos de mariposas, en cuentos de Perrault… “En algunas cuento mi corazón a través de la vida de otros”, dice. “Me he centrado mucho en las canciones, en la composición, en tocarlas y los arreglos son muy directos”.

 

Producido por Pedro Guerra (“Sé como tienen que sonar mis canciones”) y con Miguel Poveda e Iván Ferreiro como artistas invitados especiales, El mono espabilado es un disco sereno, tocado por músicos de postín: Osvi Greco (guitarra eléctrica, acústica, portuguesa, española, ukelele), Luis Fernández (teclados), Vicente Climent (batería), José Gómez (bajo), Andreas Prittwitz (flauta, clarinete) y el propio Pedro con la guitarra española. “Es el disco en el que he hecho más porque, por primera vez, lo he coordinado yo absolutamente todo”, afirma. “Hemos ensayado en un local de Rivas Vacias [Madrid] y grabado toda la parte instrumental en directo en cinco sesiones, ya estaba todo amarrado, en los estudios Red Led. Después he cantado en el estudio de Ángel Martos, que ha hecho las mezclas”.

 

El resultado es El mono espabilado, un disco con 13 nuevas canciones que se abre con Caperucita roja (“Las cosas son porque suceden y ella las toma cuando llegan. Si ese camino es el más corto ha de seguir esa vereda”), un tema sobre el candor y la perversidad que se mueve con cadencias ondulantes de inspiración latina marcada por la sonoridad de la guitarra portuguesa. Después, El mono espabilado (“Puede mentir y se sonroja, pensar el universo y sentirse tan pequeño. Puede vivir con pocas cosas, hablar de las estrellas y saber tan poco de ellas”) es la canción que da título al disco a ritmo de candombe y con una larga parte final rapeada. “Robert Sapolsky, profesor de biología y neurología en la universidad de Standford, escribió el libro El mono enamorado. Mi cabeza pensó que el mono es espabilado… y se enamora”, dice Pedro Guerra para explicar el origen de la canción.

 

El álbum continúa con La maestra (“Quién negó la luz al corazón de la maestra, qué violencia pudo detener esa ilusión, quién segó las flores que regaba la maestra, quién a sangre y fuego deja muda la canción”), dedicada a las maestras republicanas y una de las canciones más emocionadas del álbum. “Se ocuparon de la alfabetización de las clases populares dando la oportunidad a los niños pobres de conocer y de aspirar a algo más que la marginalidad y el hambre de por vida”, explica Pedro Guerra de una canción de gran riqueza lírica que da paso a Mi locura (“Deja que corra el aire, que llegue el día, que encuentre paz el fugitivo. Deja que no me importe el renglón torcido”) que con la sensualidad del bolero y la melancolía del fado presenta la colaboración extraordinaria de Miguel Poveda interpretando de una manera sentida, original y desconocida en el cantaor. “Estoy contento con la canción, con el encuentro con Miguel Poveda, excelente artista y persona. Creo que ha quedado muy bonito”, afirma Pedro.

 

La que camina (“No le bastaron los cálidos valles del África ardiente; no le bastaron las ramas del árbol, la vida frugal; alzó los brazos, se puso a dos patas y muy lentamente, la que camina echó a andar”) presenta un estupendo balance rítmico con inspiración melódica en una canción que explica Pedro: “Últimamente me intereso en los estudios del cerebro, en la evolución del ser humano. La canción la escribí pensando en el Australopithecus Afarensis, un homínido que vivió hace más de tres millones de años. Le llamaron Lucy porque cuando le descubrieron en 1974 en Etiopía sonaba Lucy in the Sky With Diamonds de los Beatles. Podía caminar erguido y se acepta que puede ser uno de los ancestros del género Homo, conformando la primera familia”.

 

El baúl de Billy Bones (“Alguien que se enfrenta con la vida y crece mientras dice adiós al tiempo en que adolece; alguien que responde, alguien que pregunta, invade los salones de la edad adulta”) es otra excelente canción, una especie de infancia recuperada que se inspira en el personaje de La isla del tesoro de R. L. Stevenson, en el marinero de la mejilla cortada, adicto al ron, cuya única posesión es aquel viejo cofre que contenía el mapa del tesoro. Sigue Aquella vieja canción (“Ni los Beatles, ni los Stones, ni Gardel, ni Bola de Nieve, nadie habrá que la recuerde. Se perderá aquella vieja canción”) se enriquece con la colaboración de Iván Ferreiro (“Me gusta mucho lo que hace, me parece que tiene un universo muy particular”, dice Pedro) en un tema de corte clásico y magnífica artesanía en su construcción.

 

Asteroide Tarkovski (“El asteroide Tarkovski revela lo que no enseña; la vida no está en la prisa, la vida está en el poema”) recoge algunos de esos ambientes universales que envuelven la música de Pedro Guerra (portugueses, de la música popular latinoamericana…) para recordar al director de cine ruso. “Tarkovski pensaba que si el cine se podía emparentar con otra forma de arte, no sería con la literatura o el teatro, sino con la poesía, y sus planos eran auténticos viajes poéticos”, dice Pedro. “En lo años 80, una científica rusa descubrió un asteroide y le puso su nombre. La canción habla sobre su cine”.

 

Teodora fue una emperatriz bizantina del siglo VI, esposa de Justiniano I y antes actriz y meretriz. Impulsó las primeras leyes sobre el aborto y el divorcio, permitió el matrimonio libre entre diferentes clases sociales, razas o religiones, prohibió la prostitución forzosa… “Hija de los arrabales quisiste querer, dar a los pobres su carta de iguales sin castas sociales. Diosa amasada en el fango, ir desandando fue tu quehacer” canta Pedro en Teodora, otra canción que musicalmente se puede leer desde muchos lados, con un estribillo impecable y ambiente jazzy.

 

Gente tóxica (“Gente tóxica armada de una mente fláccida, que anidan en miradas diáfanas e incuban intenciones sórdidas”) presenta un arreglo original, casi minimalista, con sonoridades nuevas en Pedro Guerra y una letra sin desperdicio, mientras Nunca más estar triste (“Te traeré la lluvia encerrada en un beso de cielo y así, sin mojarte, la miras llover; el agua que guarda la reina de Hungría, la breve promesa del amanecer”) está inspirada en La bella durmiente de Perrault. “Es una canción contra el desánimo. Decían que el agua de Santa Isabel, reina de Hungría, con vino y flor de romero, curaba, la tristeza”.

 

En la recta final del álbum, Monarca (“Esa mariposa es un ejemplo firme y claro de constancia; nada la detiene, ni el temor del cielo ni el de las aduanas”) toma aire de valsecito en una canción suave y tranquila que explica Pedro Guerra: “Es una clase de mariposa, negra con manchas naranjas. Viajan de Canadá a México donde ponen sus huevos, pero no viven lo suficiente para hacer el viaje de regreso y son las crías las que lo continúan. La canción habla sobre las migraciones”. Finalmente, El rey de la selva (“No creas todo lo que cuentan, lo que dicen; a veces la verdad no es la verdad tal cual la ves. Las cosas quedan del fervor que las repite y a veces la verdad se encuentra en el revés”) cierra el disco con ese aire suave, profundo, inspirado, que baña El mono espabilado, una obra de madurez y calado que confirma el por qué Pedro Guerra es uno de los autores de referencia de la escena musical española de las últimas décadas.

 

El mono espabilado es Pedro Guerra en estado puro en 13 nuevas canciones que se publican el 11 de octubre de 2011 con el canario arriesgándolo todo, dirigiendo su carrera hasta las últimas consecuencias. “La fuerza de la vocación, del amor a la música está por encima de todo. Se lucha contra el desánimo y lo importante es la canción, una melodía y una letra que pueda cantar cualquiera”.










 
  

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