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COMO UNA HISTORIA

EL GOLPE DE ESTADO

En septiembre de 1973 la situación era de pre-guerra civil. Los fascistas habían asesinado al edecán Arturo Araya, militar constitucionalista y asesor del presidente Allende. salir a las calles si eras un partidario conocido de la UP era un peligro, las bandas armadas de Patria y Libertad campaban a sus anchas y la policía hacía la vista gorda. El tema de conversación obligado era la guerra civil o como ponerse a salvo cuando los militares se pronunciaran, o como defenderse. El país estaba totalmente dividido.

Aquí me quedo

Yo no quiero la patria dividida,
ni por siete cuchillos desangrada.
Quiero la luz de Chile enarbolada
sobre la nueva casa construida.
Yo no quiero la patria dividida,
ni por siete cuchillos desangrada.

Yo no quiero la patria dividida,
cabemos todos en la tierra mía
y que los que se creen prisioneros
se vayan lejos con su melodía.
Siempre los ricos fuero extranjeros,
que se vayan a Miami con sus tías.
Yo no quiero la patria dividida,
se vayan lejos con su melodía.

Yo no quiero la patria dividida,
cabemos todos en la tierra mía.
Yo me quedo a cantar con los obreros
en esta nueva historia y geografía.


El 11 de septiembre, tenía que celebrase en la Universidad Técnica la exposición "Por la vida, contra el fascismo", allí tenía que intervenir el presidente Allende y cantaría Víctor Jara. Pero ese día Allende no habló en la Universidad, lo tuvo que hacer desde su despacho: era el golpe de estado y el último mensaje del Compañero Presidente a su pueblo.

Esta será, seguramente la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación, Mis palabras no tienen amargura, sino decepción. Serán ellas el castigo moral para quienes han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino que se ha autodesignado, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, también se ha autodenominado Director General de Carabineros. Ante estos hechos, sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos. Trabajadores de mi patria, quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo.
En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas, esperando, con mano ajena, reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granujerías y sus privilegios. Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de la preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días estuvieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clase que defendieron también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos. Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente: en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando la línea férrea, destruyendo los oleoductos y los gasoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder; estaban comprometidos, la historia los juzgará.
Seguramente, Radio Magallanes será callada y en mitad el tranquilo de mi voz no llegará a ustedes, no importa: lo seguirán oyendo, siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo, el de un hombre digno que fue leal.
El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse. Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! Estas son mis últimas palabras, y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano; tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.


Allende moriría pocas horas después defendiendo metralleta en mano el gobierno legal. Víctor Jara creyó que su obligación era asistir a la Universidad Técnica. Al poco de entrar él, la Universidad fue cercada por los militares y sus ocupantes hechos prisioneros. Fueron trasladados al Estadio Chile, convertido en campo de concentración.
Allí compuso su última canción, esta vez sin música, sin guitarra, sin voz...

Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil.
¿Cuantos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí,
diez mil manos que siembran
y hacen andar las fabricas.

! Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!

Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.

Un muerto, un golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores
uno saltando al vacío,
otro golpeándose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija de la muerte.
!Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera
sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.
¿Este es el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo?
En estas cuatro murallas sólo existe un número
que no progresa,
que lentamente querrá más la muerte.

Pero de pronto me golpea la conciencia
y veo esta marea sin latido,
pero con el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona
lleno de dulzura.

¿Y México, Cuba y el mundo?
!Que griten esta ignominia!

Somos diez mil manos menos
que no producen.
¿Cuántos somos en toda la Patria?
La sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.

!Canto qué mal me sales
cuando tengo que cantar espanto!
Espanto como el que vivo
como el que muero, espanto.
De verme entre tanto y tantos
momentos del infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto.
Lo que veo nunca vi,
lo que he sentido y lo que siento
hará brotar el momento...

Estadio Chile
Septiembre de 1973


Víctor Jara murió el 15 de septiembre, después de recibir constantes palizas y torturas. El día 18 su esposa descubrió el cadáver en la Morgue de Santiago.

JOAN JARA: El deposito está tan repleto que los cadáveres llenan todo el edificio, incluyendo las oficinas. Un largo pasillo, hileras de puertas y, en el suelo, una larga fila de cadáveres, algunos con aspecto de estudiantes, diez, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta... y en mitad de la fila descubro a Víctor.
Era Víctor, aunque le vi delgado y demacrado. ¿Qué te han hecho para consumirte así en una semana? Tenía los ojos abiertos y parecía mirar al frente con intensidad y desafiante, a pesar de una herida en la cabeza y terribles moratones en la mejilla. Tenía la ropa hecha jirones, los pantalones alrededor de los tobillos, el jersey arrollado bajo las axilas, los calzoncillos azules, harapos alrededor de las caderas, como si hubieran sido cortados por una navaja o una bayoneta... el pecho acribillado y una herida abierta en el abdomen... las manos parecían colgarle de los brazos en un extraño ángulo, como si tuviera rotas las muñecas... pero era Víctor, mi marido, mi amor.

Los periódicos chilenos apenas dieron alguna nota escueta sobre la muerte del cantante, y siempre omitiendo el modo en que ocurrió, o sobre el entierro "celebrado en la intimidad familiar". Pero una noche mientras se emitía por TV una película de vaqueros, la imagen quedo sin voz para después sonar fugazmente la Plegaria a un labrador. Esto fue un grave delito, pues todos los discos de la Nueva Canción Chilena fueron quemados públicamente y las canciones prohibidas.
Ángel Parra fue detenido y recluido en un campo de concentración en el desierto, Isabel Parra y Patricio Manns se refugiaron en una embajada, Quilapayún e Inti-Illimani estaban de gira en Europa y ya no pudieron regresar. La Cantata popular de Santa María de Iquique, fue considerada oficialmente como crimen de lesa patria y los instrumentos andinos prohibidos por considerarse extranjeros y porque su sonido era característico de la música marxista...










 
  

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