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FRAGMENTOS DE UN SUEÑO

POST SCRIPTUM. LA REINSERCIÓN

por Luis Cifuentes Seves 

(Entrevista realizada en Santiago en 1995)

 

LUCHO: En 1987 nos encontramos en Cerdeña y sostuvimos una serie de conversaciones que se plasmaron en un libro. En él se registra la historia del conjunto hasta su retorno a Chile en 1988. Siete años después, quisiera retomar esa historia. ¿Cómo ha sido la reinserción de Inti-Illimani en Chile?

JORGE: Ha habido una integración real en lo personal, afectivo, familiar, pero el conjunto no ha asumido completamente el regreso. En esto estamos, como el país, en una transición que no termina. Hay una relación de mucho afecto con el público, pero pasamos una gran parte del año en giras internacionales, lo que mantiene el desfase.

LORO: Nuestro regreso a Chile fue nuestro regreso a Latinoamérica, y eso se nota en nuestra música. Hemos remozado el afecto y la pasión que siempre tuvimos hacia las culturas populares musicales del continente. Yo he recuperado ese sentido de pertenencia que me faltó tanto y que me dolía mucho en el exilio. Siento también la necesidad de alejarme de vez en cuando, de mirar al país desde afuera y luego vuelvo con mucho gusto.

JOSÉ: Al comienzo busqué reencontrarme con personas, barrios, paisajes. Me sorprendió no encontrar a gente que fue parte de mi vida, así como me sorprende el poder calzar con amistades nuevas como si fueran de mucho tiempo, con una sintonía muy fácil. Esto lo hace todo más real. Conocer y comprender a los jóvenes que han debido vivir bajo grandes prohibiciones, uniformidades impuestas y con el estigma de ser sospechoso por ser joven, que se origina en la dictadura. Comprender que hubo terror que todavía se siente como miedo. Por lo demás, nos ha impactado el buen nivel musical, el dominio técnico que hay ahora, comparado con el que había en nuestra juventud.
Una cosa que se perdió es un respeto por la cultura popular, que nosotros aprendimos del movimiento de la Nueva Canción. Durante la dictadura, toda esa cultura fue muy manoseada. Pero, especialmente a través de mi amistad con Gabriela Pizarro, he conocido gente, joven y madura, que ha conservado y cultivado un respeto por lo popular.

JORGE: El mundo del show business, ligado a la televisión, es muy superficial, banaliza todo. El problema, a veces, se reduce a cómo te relacionas tú con ese mundo. Tú puedes llegar a la tele con algo serio, respetuoso, pero la tendencia del medio es a trivializarlo.

LUCHO: ¿Cómo ha cambiado el mundo cultural chileno desde los 70 hasta la fecha?

JORGE: Yo soy un viejo admirador del mundo intelectual argentino, que es muy poderoso y profundo. Allí existe una intelectualidad que es un poder independiente. En Chile no. Todo está permeado por el poder. Hay grupos oficiales de escritores, hay santones literarios que determinan quién es escritor y quién no. No existe la labor intelectual como poder independiente, trabajando, como la ciencia, en la búsqueda de la verdad. Esto en Chile existía, y había también una feliz alianza entre la intelectualidad y el mundo popular, a través de los sindicatos y también, en una época, a través del Partido Comunista y la izquierda. Hoy, esos mundos están separados y con eso perdimos todos.
En Argentina, Colombia, México, existe un foro intelectual sumamente rico que cuestiona el poder y la sociedad con profundidad. Existe un periodismo independiente que acá no se ve. La prensa más izquierdista en Chile es una caricatura, sin la profundidad ni la seriedad para proponerse como alternativa. Aparte de ellos, en Chile nadie escribe una coma si no le conviene. Ni los más liberales se pasan de la raya por temor a la marginación. Tú tienes que estar en una organización "aceptable" - y de acuerdo con su jerarquía - si quieres participar en algo, si no, estás absolutamente excluido.

JOSÉ: Hasta nosotros nos hemos perdido de ese mundo cultural que se manifestaba antes del golpe. No estamos teniendo un papel testimonial, como lo hicimos durante el exilio. Y no lo hacíamos como respuesta contingente a la dictadura, sino porque nosotros mismos, nuestras vidas, nuestra música, estaban atravesadas por esos hechos. Hoy en Chile no se ejerce el derecho a contestar ¿Dónde está la izquierda? La gente que seguía el pensamiento humanista, laico, enriquecedor, no se expresa.

JORGE: Un problema, entre muchos otros, es que han desaparecido las universidades como entes pensantes. En vez de universidades tenemos institutos profesionales. Carecemos de la universidad como foro, como lugar de fermento de ideas, de propuestas alternativas. La gente está, la inquietud está, pero no se manifiesta. Nos juntamos con Guillermo Núñez, con Nissim Sharim y nos agarramos la cabeza a dos manos. Hay una orfandad mutua de intelectuales y mundo popular. Por ejemplo, se sabe que el sistema de salud es un escándalo por donde se lo mire, pero ni los problemas más cotidianos consiguen convocar.

LUCHO: ¿Compartes tú el criterio de que en los años 60 y 70 lo político y lo cultural estaban mediatizados por lo ideológico?

JORGE: No. Dirigentes como Allende, Corvalán, Luis Figueroa y muchos otros, nunca ponían énfasis en lo ideológico. Eran dirigentes de sentido común. Todo el movimiento era alentado por un poderoso sentido común. Precisamente cuando las purezas ideológicas empezaron a pesar demasiado se descompuso todo. La organización era en función de objetivos precisos. Y en el terreno cultural, nosotros llegamos a lo nuestro de manera natural, espontánea. Nadie nos adoctrinó. No tuvimos que leer nada antes de empezar... y después tampoco (risas).

LORO: Y no es que estemos viviendo en un mundo desideologizado, sino en uno donde prima una manera singular de administrarlo todo. La cultura sale muy mal parada, porque necesitas sponsors para todo, para cualquier difusión. Impera lo frívolo, simple, rápido, lo kitsch. El folklore, con esos criterios, es fome, aburrido.

JOSÉ: Hay un sector de la sociedad que manifiesta un gran respeto e interés por lo que hacemos. Lo mismo le pasa a Congreso y a otros grupos. Pero eso no aparece en la televisión.

JORGE: El hecho de que la cultura, la educación, la salud, todo tenga que depender de la Coca-Cola, que los descapacitados tengan que depender de un día del año en que se hace la Teletón, es una cuestión trágica, culturalmente inaceptable. Que la sociedad sea incapaz de hacerse cargo de sus miembros más débiles, de su propia cultura e identidad... Yo estoy de acuerdo con el énfasis en la educación declarado a nivel gubernamental. Significaría un impulso tremendo si realmente se hiciera. En la situación actual, nuestros dos Premios Nóbel no habrían podido ni estudiar, porque eran de familias muy humildes. Quién sabe si Arrau hubiera podido llegar a ser lo que fue.

LORO: Existe hoy una clara ruptura con el pasado. Una experiencia muy noble, la Nueva Canción Chilena, desde Violeta hasta el Canto Nuevo, sentó precedente de un producto cultural de mucha calidad, pero se agotó. No valen las nostalgias, sino hacer algo nuevo, un desafío que tenemos todos. Técnicamente hay que enfrentarlo de manera nueva. Hoy, como nunca antes, hay un público joven que sabe de música.

LUCHO: ¿Cómo ves a Fulano?

LORO: Como parte de una serie de buenos experimentos musicales chilenos que chocan contra la falta de espacios que permitan la difusión de esa música al margen de los criterios de las grandes compañías del disco. La situación es muy triste, porque si no encuentras espacio en la televisión es como si no existieras. No se cultiva el hábito de comprender que, más allá de las teleseries, hay un universo cultural, de posibilidades de capturar la atención y la curiosidad de la gente.

JOSÉ: En el exilio acariciábamos la idea de, una vez retornados, proyectar nuestra experiencia por medio de una escuela de música popular. Esto ha ido encontrando algunas vías, con la dificultad de ser algo completamente inédito en América Latina. Conocemos un conservatorio en Boston y otro en Rotterdam que están orientados hacia la música popular. Hay planes para concretar algo similar en la Universidad ARCIS. Jorge y yo hemos participado en actividades académicas y el Loro está formando la orquesta de música latinoamericana de esa universidad. Nuestro sueño del exilio se ve ahora más cercano.

LUCHO: Al volver a Chile, Uds. participaron en la campaña por el NO y luego en la de Aylwin. ¿Cómo fue esa reinserción política?

JORGE: En ese momento había una urgencia. Nuestra opción del plebiscito sólo podía ser por el NO. La decisión por Aylwin fue más ética que política. No había alternativa para nosotros. Era apoyar el camino que encontró el país para salir de la dictadura. Lo demás eran sueños. Estamos en la difícil situación de conservar y desarrollar lo poco que hay, porque la alternativa constructiva todavía no existe, hay que irla creando. Los poderes oscuros, subterráneos, se han instalado muy fuertemente. Ya llegará el momento en que termine la transición y haya en Chile un libre juego de ideas nuevas.

JOSÉ: Hubo bastante inteligencia en el gobierno de Aylwin. El informe de la Comisión Rettig es un referente permanente, aunque parcial, de la verdad. El haberse dado como objetivo nacional la reconciliación, cosa que resonó incluso dentro de las familias, ayudó a reconstruir, en parte, un tejido que la dictadura había roto.

LUCHO: ¿Con quién te has reconciliado tú?

JOSÉ: Con gente que apoyó a la dictadura. Abandoné el odio creado por tantos crímenes. Entendí que hay diferentes perspectivas sobre Chile y su historia y la que yo proyectaré a mis hijos será la mía, pero eso no evitará la convivencia con personas de otras convicciones. Es necesario retomar y dar continuidad a una historia nacional quebrada. Cuando llegaron las elecciones, nosotros decidimos apoyar, además de algunos izquierdistas, a personas que respetábamos, que no pertenecían a la izquierda tradicional, a Andrés Aylwin, Fernando Castillo y Jorge Lavandero.

JORGE: Gente que se había jugado entera. Nos pareció un gesto necesario. No siempre fue entendido así, y durante un acto de la campaña de Fernando Castillo un grupo de izquierdistas nos lanzó monedas. El tiempo nos dio la razón, porque no sólo la trayectoria anterior, sino también la ulterior de Fernando Castillo han sido de una decencia y una coherencia extraordinarias. Estamos muy contentos de haber dado el apoyo que dimos.

LUCHO: Uds. salieron de Chile y volvieron a Chile como militantes comunistas. Hoy no lo son. ¿Qué ocurrió?

JORGE: Este es un tema delicado y nunca lo hemos hablado en público. Atacar a los comunistas es como demasiado fácil para nuestro gusto y no ha sido ni es nuestra intención hacerlo, pero tampoco podemos sacarle el bulto a tu pregunta.
Nosotros volvimos a Chile ya en un proceso de cuestionamiento, en una crisis. En Italia fuimos fuertemente influidos por los procesos al interior del Partido Comunista Italiano, por esa inmensa reflexión en torno a la democracia, al Estado y al individuo. Por otra parte, aunque conocimos los problemas del socialismo real, nos asombró que se derrumbara sin que nadie moviera un dedo por defenderlo en esos países. En el PC de Chile se ignoró esta problemática, pero durante el periodo dictatorial era bien poco elegante aparecer en desacuerdo público, en circunstancias en que el partido llevaba a cabo una lucha heroica, con una abnegación tremenda.
Para mí el punto de quiebre se produce cuando, en un acto en el Estadio Santa Laura, en el que Gladys Marín reapareció públicamente después de años de clandestinidad, creo que en enero del 90, a pesar de todo lo que estaba pasando con el socialismo, no hubo en su discurso ninguna referencia a la Unión Soviética, pero al final hizo una alabanza acrítica de Cuba, igual a las que antes se hacían de la URSS. Ahí me dí cuenta de que habíamos cambiado un santo por otro, una actitud que yo no podía compartir.

JOSÉ: Mi quiebre con el PC se produjo por el hecho innoble de dejarnos de lado a la hora del debate. En el período que siguió al retorno éramos muchos los comunistas que queríamos compartir nuestras visiones, nuestro proceso de maduración, contribuir así al desarrollo del partido. Nosotros habíamos militado por muchos años, incluidos quince de exilio, estábamos muy involucrados con la historia de la Juventud Comunista y creíamos habernos ganado un derecho a voz. Pero cuando se convocó a una Conferencia Nacional, creo que el 89, no se nos invitó. No se buscó el debate real ni el aporte. Yo me sentí profundamente defraudado.

JORGE: Bueno, el quiebre se produjo, pero es necesario decir que nos parece injusto el trato que se le da hoy al PC, la marginación que sufre como producto de reglas tramposas heredadas de una dictadura. Hay mucho que valorar en su historia. Hoy no hay ministros ni diputados ni senadores obreros ni campesinos. El PC los tuvo, como también el PS. Yo no veo por qué todo el pueblo de Chile tenga que cederle su representación a la burguesía, por qué haya que ser millonario o tener amigos millonarios para llegar al parlamento. Esas cosas deberían cambiar. Yo deseo que el PC recupere lo mejor de su historia, las fortalezas que lo hicieron un gran partido y tenga posibilidades de representación parlamentaria en una auténtica democracia.

LUCHO: Uds. apoyaron la candidatura de Max-Neef. ¿Cómo fue esa experiencia?

JOSÉ: Yo la viví bien, porque significó expresar una disconformidad con los otros proyectos. La de Max-Neef es una posición fuertemente humanista, ecologista, que tiene un gran futuro. Con seguridad va a crecer, porque coloca al Dios Dinero en otra posición. Fue otro lenguaje, otras prioridades... Nosotros participamos en el spot televisivo, en el acto final de la campaña e invitamos a Max-Neef a una interesante conversación en nuestro local de la Plaza Brasil. El comando tenía pura gente voluntaria, no había aparato, no había dinero...

JORGE: Fue algo extraordinario. Sacar casi el 6%, 400 mil votos, sin afiches, sin rayados, casi sin campaña... Me pareció muy estimulante. El patrimonio de esa experiencia aún no se ha capitalizado, pero demostró que hay un universo interesantísimo. Nosotros alegamos mucho, pero este es un país de gente interesante. Hay cartuchismo, hipocresía, me parece absurdo que no haya ley de divorcio, la separación entre el discurso oficial y la realidad es increíble, pero, a pesar de todo, me gusta como son los chilenos. Este es un país que tiene un calorcito en la relación personal y que tiene gente muy buena.

LUCHO: ¿Puedes nombrar a algunas personas favoritas tuyas?

JORGE: Me gustan los profesores. Chile ha perdido mucho al perder el protagonismo de los educadores en la vida nacional. Ellos encarnan una serie de valores que tienen que ver con la cultura, con la conversación, con lo literario... Yo les haría un monumento a los profesores. El 10% de CODELCO debería ir al Ministerio de Educación. Este país necesita recuperar el humanismo, si no, es mentira que nos estamos desarrollando. Puede que tengamos más autos, pero somos más pobres espiritual e intelectualmente. Además, me gustan los grandes independientes marginados.

JOSÉ: A mí me gustan las personas que son como bichitos de la conciencia, Mauricio Redolés, Coco Legrand, que coloca un espejo delante de los chilenos... Mujeres como Estela Ortiz, Tencha Bussi, Patricia Politzer, Fanny Pollarolo...

JORGE: ... y otros como Nicanor Parra, Manfred Max-Neef, Humberto Maturana, Ricardo Lagos, los científicos como Claudio Teitelboim, Ramón Latorre, gente muy sólida. No hay que perder el espíritu juguetón, pero esta superficialidad con que se vive a mí me molesta mucho, precisamente porque hay gente sólida. Yo no soy un catastrofista. Chile está en una posición interesante, pero me preocupa cuán frívolamente la enfrentamos. Me temo que lo hacemos sin contenidos culturales, con un nacionalismo rasca. Los artistas podemos aportar un grano de arena haciendo lo nuestro con seriedad.

LUCHO: Y si de arte se trata ¿cómo ven el presente y futuro musical de Inti-Illimani?

LORO: Con mucho optimismo. Tenemos un público muy leal en Chile y gran reconocimiento en el extranjero. Ha habido un reciente cambio de integrante, salió Renato Freyggang y se integró Pedro Villagra, un hombre muy diestro, de mucha musicalidad y experiencia profesional y cada vez que ha entrado alguien al conjunto, hemos inventado nueva música. Llevamos en la espalda el peso de nuestra tradición, que es un inconveniente de sobrevivir ya por casi veintiocho años, pero esto es un desafío. Tenemos mucha cuerda para seguir dándole al conjunto. Nos sentimos aún jóvenes administrando nuestros inventos. No veo cansancio ni ausencia de ideas. Tenemos que ajustar cuentas con nuestro pasado y seguir inventando.

LUCHO: Seis integrantes de Inti-Illimani han tocado juntos por más de diecisiete años: los aquí presentes más Max Berrú, Marcelo Coulón y Horacio Durán. ¿Qué tan afincado en esas seis personas está Inti-Illimani? ¿O lo ves tú como un elenco renovable, que se proyecta al futuro distante?

LORO: Los seis que mencionas ya dedicamos a esto nuestra vida y nuestra vida entera va a ser Inti-Illimani. Está por verse, y no nos urge, cómo darle vida perdurable al conjunto. Espero que lo resolveremos oportunamente y con acierto musical. No me imagino vivir de la renta artística del conjunto, tocando las mismas cosas o haciendo que otros, más jóvenes, posiblemente nuestros hijos, copien lo que ya hicimos. El conjunto es una idea en movimiento. Si seguimos desarrollando este proyecto artístico, puede ser que otros lo continúen, pero sin acomodarse a nada sino a su propia dinámica. Hoy se abre paso la idea de tocar con otros músicos sin que necesariamente se integren al conjunto, chilenos o extranjeros, que nos aporten algo de lo suyo.

JORGE: Inti-Illimani es un foro. No somos un lugar cerrado con espacios rígidos a los que haya que ajustarse, sino un lugar receptivo donde la presencia de cualquier persona tiene una influencia y produce un cambio. Tenemos también una gran receptividad hacia afuera. Amigos, personas que se acercan al grupo a veces nos hacen cambiar de punto de vista.

JOSÉ: Esa mecánica va a continuar. Una de nuestras mejores experiencias fue la gestación de "Palimpsesto", al cabo de cinco años de exilio, cuando nos preguntábamos cuánto iba a durar y compartíamos una gran inquietud por la lejanía de nuestra matriz latinoamericana. Me huele que ahora se está asomando un período similar. Esto depende de nuestra capacidad de compartir nuestra profundidad de reflexión, de focalizar la capacidad creativa del grupo. Por eso somos optimistas.

LUCHO: ¿Se sienten Uds. militantes de algo en la actualidad?

JOSÉ: Me siento militante de una vieja causa de mi abuelo, Eugenio Seves Reyes, la historia familiar, los valores que me han sostenido. Además, me siento militante de la Fundación Víctor Jara, a la que dedico bastante tiempo, junto a Horacio Durán y otras personas. He retomado mi militancia con lo social a través de cosas puntuales que puedo medir mejor, sin intermediarios y en las que me siento realizado.

JORGE: Yo me siento militante de los desamparados, de los viejos, de los locos, de los presos, de los marginados por esta dictadura del consenso. Me siento militante del Estado laico, de la educación y salud gratuitas, del Chile que garantiza un mínimo para todos. Creo en la democracia plena. Creo en la familia cuando cada miembro de ella es respetado como individuo. O sea, la misma militancia de siempre.










 
  

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