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Valores emergentes

Marta Espinosa en la sala Libertad 8 consiguió «blindarme la esperanza»

por Fernando G. Lucini el 04/12/2012 

El domingo pasado, día 2 de noviembre, tuve la suerte, la alegría y el placer de compartir con Marta Espinosa su primer recital "oficial" —o sea, de estreno— en la Sala Libertad 8, de Madrid.

Marta Espinosa © Fernando G. LuciniFue un éxito total, la sala llena —sin necesidad de "invitados" especiales para atraer a la "clientela"—, y el concierto sencillamente magnífico. Dos horas de "canción de autor" en estado puro protagonizadas por una de las creadoras más jóvenes que tenemos en este país y que en esto del arte de la "canción de autor", a sus 18 años, se lo sabe todo, se lo sabe bien y lo practica con una calidad que ya quisieran muchos de los que a diario se suben a aquel pequeño, pero mítico, escenario.

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Para empezar, Marta salió con su guitarra, se sentó en el taburete y sin decir nada se echó a cantar; un poco nerviosa y emocionada, pero con una tremenda seguridad. Como primera canción optó por interpretar una hermosa versión del tema Amo, de la cantautora gallega Silvia Penide —hermosa declaración de principios que Marta respaldó y asumió gozosamente:

 

«Amo a aquellos que se parten las espaldas trabajando

y aun así llegan a casa y siguen siempre soñando...

Amo al que cuenta con los otros, a los que no quitan vidas.

A los que escriben pancartas contra guerras tan absurdas,

a los que tiran claveles, a los que luchan y educan.

Al que persigue sus sueños sin cansarse aunque sea duro,

a los que queman banderas por un mundo sin fronteras».

 

Tras la interpretación de Amo, Marta solicitó la salida al escenario de Guillermo Serrano, guitarrista y pianista amigo —igualmente de descarada juventud— y empezó el espectáculo... ¡sí!, insisto, ¡el espectáculo! —para mi más que emocionante— de presenciar y sentir el nacimiento de una auténtica cantautora en el sentido más profundo y más completo de la palabra y, a la vez, de una compositora e intérprete de mucha calidad y de mucho futuro.

 

Guillermo Serrano y Marta Espinosa. © Fernando G. Lucini
Guillermo Serrano y Marta Espinosa.
© Fernando G. Lucini

 

Marta Espinosa, a lo largo del recital, demostró cantando —no le hizo falta utilizar ningún tipo de palabrería rancia e inútil— que es un ser humano que vive conscientemente su realidad, y que en ella —y por ella— se le desbordan sentimientos, latidos y ternuras...; una mujer que ha descubierto el amor, e incipientes y primerizos desamores...; que siente una incontenible indignación y un gran dolor por lo que vive y le resulta cruel, injusto, insolidario o inhumano —realidades que no puede dejar de denunciar con toda su alma—...; que se emociona ante la belleza y que no está dispuesta a renunciar a sus sueños...; y que todo eso quiere cantarlo, sabe cantarlo y está dispuesta a cantarlo sin concesiones a nadie, ni a nada... ¡como quien respira!...; y de hacerlo con la mirada clara, sin perder la sonrisa ni la esperanza, con melodías de calidad, y con una voz hermosa, potente, y que convence... Es decir, la noche del pasado domingo, Marta Espinosa nos demostró lo que hace un momento yo mismo afirmaba: que es, simple y llanamente, una gran "cantautora"... (Y si alguien se pregunta todavía qué es para mi un "cantautor", pues que vuelva a leer este párrafo y que vaya tomando nota y aprendiendo).

 

Como muestra de lo dicho anteriormente, me encantaría colgar a continuación un montón de textos de canciones escritas por Marta; me voy a limitar a dos que me parecen especialmente hermosos: Causa y efecto, que muy posiblemente dará título a su próximo disco; e Involución, última canción que ha compuesto, que aplaudo con toda mi alma, y que consigue "blindarme la esperanza" —como ella dice— al saber, al conocer y al sentir que existen jóvenes como esta Marta Espinosa que cada día está suponiendo para mí un nuevo y sorprendente descubrimiento.

 

Lléname la copa de esperanza

ahora que ha llegado el frío

y no sé cuándo cesará.

Quítame las dudas y el vestido,

píntame un escalofrío

antes de echar a volar.

 

Y dime que la vida son dos días…

 

Échale una cuerda a la nostalgia,

desabróchame las ganas,

demos paso al huracán.

Y guárdate las horas olvidadas,

la rutina tiene canas

y nunca supo esperar.

 

Y dime que ya nada es suficiente…

 

Dime que ya no te quedan cartas,

que apostamos la baraja por escribir un final,

y dime que burlamos a la muerte,

la cambiamos por la suerte de habernos sabido amar.

Dime que no llegará mañana,

que buscaremos la forma de que todo sea inmortal,

y dime que soñar es un boceto,

tú y yo, causa y efecto que nadie podrá jamás borrar.

 

Véndame los ojos con tu risa,

anestesiemos a la prisa

y a sus ganas de acabar.

Llámame cuando te cante el viento,

cuando te baile la brisa

y no te pueda besar.

 

Y dime que no te hace falta nada…

 

Escribe tu nombre en una mesa,

los motivos en el aire

Y nuestra fecha en la pared.

Ríe aunque siga pasando el tiempo,

juguemos al escondite

aunque nos traten de usted.

 

Y dime que seguimos siendo niños…

 

Dime que ya no te quedan cartas,

que apostamos la baraja por escribir un final,

y dime que burlamos a la muerte,

la cambiamos por la suerte de habernos sabido amar.

Dime que no llegará mañana,

que buscaremos la forma de que todo sea inmortal,

y dime que soñar es un boceto,

tú y yo, causa y efecto que nadie podrá jamás borrar.

(Causa y efecto).

 

 

Oye Neptuno los gritos

de unas marionetas desatadas

del confín del universo,

de sus propiedades desbancadas.

 

Lanzan piedras al que lleva casco,

mono azul y un objetivo:

dar de palos al que tiene sed

de ser libre y sentirse vivo.

 

Llevan en sus porras las excusas

que se inventan los de arriba,

gobernantes de cartón al frente

de un país a la deriva. [...]

 

Mira Neptuno la mierda

que nos han traído las gaviotas

Los censores toman represalias

como muy buenos patriotas.

 

Portan trajes hechos a medida

con los derechos del pueblo,

en sus manos toda la riqueza

que reparten con el clero. [...]

 

Vierto toda esperanza blindada

en aires de revolución

Escribo con la punta desgastada

detestada involución.

 

Atraco descubierto a mano armada

con guarida en el congreso

red de corrupción desvergonzada

que se ha comido el progreso».

(Involución. Fragmento)

 

Para concluir este artículo, completo la anterior información con cuatro anotaciones breves: La primera fue la presencia en el concierto y en el escenario de Fran Espinosa, "cantautor" histórico que es el padre de Marta.

 

Fran y Marta Espinosa © Fernando G. Lucini
Fran y Marta Espinosa
© Fernando G. Lucini

 

Fran —que en este momento está grabado su nuevo disco con la producción musical de Luis Mendo y Bernardo Fuster— acompañó a Marta en una de sus canciones y nos ofreció otra de su propio repertorio.

 

Segunda anotación. Al final del concierto Marta Espinosa, irrendible, manifestó cantando su solidaridad y su apoyo a la Escuela Pública, que actualmente está siendo tan profundamente maltratada por el gobierno. Marta es una de las grandes defensoras y portavoces de la campaña nacional "Escuela pública de tod@s para tod@s".

 

La tercera anotación a este artículo tiene —y lo siento— un tono crítico y negativo... Durante todo el concierto me estuve preguntando: «¿Dónde están los otr@s cantautores?», sobre todo los/las más jóvenes... Resulta que una compañera "de fatigas" —y nunca mejor dicho— daba su primer concierto, digamos oficial, en Libertad 8, y por allí no apareció ni uno de sus compañeros o compañeras que dicen amar y practicar el oficio de la "canción de autor". ¡No puedo entenderlo!... Pese a ello, la sala estaba completamente llena.

 

Esto me recuerda que tengo que seguir escribiendo sobre los pecados capitales que amenazan y padece la "canción de autor", pecados entre los que necesariamente tendrán que aparecer los ramalazos preocupantes de insolidaridad que a veces se manifiestan en el "gremio cantautoril" dependiendo de que sea éste, ése o aquel el que cante, o nos ofrezca su concierto.

 

Por último, como cuarta anotación, aquí os dejo un videoclip de Marta Espinosa montado sobre su canción titulada El aliento del viento... ¡Y ya está, finalizo!... ¡Marta, felicidades, y ya sabes, escuchándome cantar el domingo pasado has conseguido, de momento, "blindarme la esperanza"!

 










 
  

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