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Nuevos valores

Con Alejandro Rivera en «La fiesta del agua»

por Fernando G. Lucini el 01/07/2013 

Alejandro Rivera

 

A diario pasan por mi casa —o mejor, por el "rinconcillo" en el que suelo refugiarme para escuchar música—, muchos discos y maquetas de cantautores y cantautoras que me mandan su trabajo y que poquito a poco voy conociendo y descubriendo. Os aseguro que siempre procuro acercarme a ellos con mucha atención y, sobre todo, con mucho respeto... Motivo por el que se me van acumulando, y a veces "traspapelando" —o habría que decir "trasdisqueado"— algunos de los trabajos que recibo. (Aprovecho la ocasión para pedirle disculpas a los creadores, o a las creadoras, que sientan, o puedan creer, que les he "trasdisqueado"; os aseguro que al ritmo de mis posibilidades —y de mi capacidad de escucha— iré recuperando y actualizando todo el material discográfico que tengo pendiente y acumulado).

 

En realidad a mí, que no soy un crítico —ni quiero serlo, sino solamente un apasionado amante de la música y de la canción—, me ocurre que a estas alturas de mi "película" —siempre lo repito— lo que me prende y lo que me permite establecer un baremo de calidad —por supuesto siempre subjetivo— respecto a la "canción de autor" es la "emoción"... Si las canciones que escucho —ya he aprendido a "no oírlas"— logran emocionarme para mí adquieren valor y tienen calidad; si no consiguen emocionarme no me atrevo a valorarlas —¡quién soy yo para hacerlo!— simplemente las "aparco"...; sencillamente no me interesan.

 

Eso de la "emoción" es realmente complejo y subjetivo, ¡es verdad!...; pero en mi caso es lo que hay —y no pienso cambiar—; es lo que valoro y lo que voy a seguir valorando en el futuro, y así intento expresarlo en mis artículos.

 

A mi, por ejemplo, me emociona una canción cuando a través de ella se me abre de par en par una realidad que admiro, que me conmueve o que me causa dolor e indignación; cuando la canción me introduce en ámbitos de valores y de sensibilidades compartidas; cuando me pone "patas arriba" sentimientos profundos; cuando me descubre que todavía sigue viva en mi la capacidad de amar y de enamorarme apasionadamente; y, en fin, cuando la canción me transporta a la vida real, es decir, a la cotidianidad y, en ella, a la percepción de los latidos y de los sueños posibles de los seres humanos y del Planeta.

 

Pues bien, valga todo lo anterior para decir que el disco que hoy voy a comentar es uno de esos que ha llegado a "emocionarme" en todas. y en cada una, de las dimensiones que acabo de mencionar; me refiero al disco La fiesta del agua, creado por el cantautor sureño Alejandro Rivera.

 

Portada del disco «La fiesta del agua» de Alejandro Rivera.Antes de entrar en las canciones que integran este disco y en sus dimensiones temáticas y emocionales, tal y como yo las he percibido, me gustaría destacar en él dos valores profesionales importantes desde el punto de vista musical:

 

Por una parte, la muy cuidada —o mejor, mimada— producción musical realizada por Alfonso Ferradás y Miguel Bermúdez —que también han sido responsables de los "arreglos"—. En este sentido, creo que de forma acertada, se ha optado por una producción pensada sobre la participación de buenos músicos que apoyen y refuercen la voz y el canto de Alejandro; y no sobre la inserción de conocidas "estrellas" —lo que suelo llamar un "disco coral"— utilizadas casi siempre con vistas promocionales y, casi siempre, sin mucho sentido.

 

En ese contexto, en La fiesta del agua destaca la colaboración de un numeroso y espléndido equipo de músicos y voces en los coros: Alfonso y Miguel —por supuesto—, Lito Mánez, José Luis Márquez, Jorge Cordero, Juanma Ruíz, Fredys Rodríguez, Ismael Sánchez, Neftalí Álvarez, Francis Cruzado, Manuel García, Juan Carlos Pancho, Jesús González Moreira, Vicente Vallester, Vicky Luna, Neus Sánchez, Ana Ramírez, Alba Casado, Pablo Morales, Fran Romera, Raúl Rebollo, Daniel Ponce, Isa Aragón e Isabel María González. (Nombrar, por supuesto también, a Maxi Ramírez y Mario García Alberni, que ha realizado, respectivamente, las mezclas y el masterizado).

 

Por otra parte, con el apoyo de todo ese equipo musical, hay que mencionar la riqueza interpretativa de Alejandro Rivera. Alejandro canta con mucha fuerza, con una dicción perfecta y con mucho sentimiento —puros latidos musicalizados—. Su cantar es de una gran naturalidad, en ningún momento resulta forzado y es, en realidad, un cantar que va surgiendo "como quien respira". Cualidades latentes en su disco La fiesta del agua, y presentes igualmente en sus directos, como el que tuve el placer de disfrutar el pasado día 14 de junio en el Café Galdós.

 

Alejandro RiveraRespecto a las canciones de Alejandro Rivera, llama la atención la fusión que realiza en sus textos —también con extraordinaria naturalidad— entre lo que podríamos considerar su sensibilidad social —eso que a mi me gusta llamar "poÉTICA"—, y su sensibilidad más íntima o introvertida.

 

Sobre la identidad de ese conjunto de sensibilidades me ha "encantao" encontrarme, en una de sus canciones, —concretamente en la titulada Que la ciudad nos deje solos— una referencia clásica y esencial inspirada en una de las pintadas liberadoras y míticas del "mayo francés" —"mayo del 68"—: "olvidemos lo aprendido y comencemos a soñar".

 

«No sé si te amé demasiado

bajo las entrañas de aquella vieja ciudad

o frente a los muros en los que gritamos:

“olvidemos lo aprendido, comencemos a soñar”.

Colecciono tus caricias, tus postales, tus rutinas

y entre palabras desnudas mis dulces mentiras,

pero llévame, llévame…

Puede que sin ti estas calles no sonrían

o se ahoguen y envejezcan si te vas,

pero dime, o no, si antes dejarás

como el aire tatuada en mi piel tu poesía».

("Que la ciudad nos deje solos". Alejandro Rivera.)

 

En La fiesta del agua, junto a temas como el anterior, podemos encontrarnos otras canciones de amor bellísima; entre ellas la titulada En mi costado; canción que he escuchado ya no sé cuantas veces y que por si misma justifica hacerse cuanto antes con el disco de Alejandro y empezar a disfrutarlo:

 

Alejandro Rivera © Inés Poveda
Alejandro Rivera
© Inés Poveda

 

«Bendigo hoy

el beso que nos dimos por primera vez

y la ilusión

que vuelve cada vez que pienso en ti;

Olvídate de los momentos

que tiñeron nuestra fe

y ríete de las caídas

que tuvimos alguna vez.

Ven, a tu lado quiero estar

y te haré un hueco en mi costado

… y yo estaré en lo bueno y en lo malo

y tú estarás en lo dulce y en lo amargo

y yo estaré en la risa y en el llanto

Y tú estarás y yo estaré…

Abrázame

si el miedo se apodera de tu sinrazón

y al despertar

sientes el peso de la soledad;

preocúpate si acaso

se me olvida hacerte sonreír

y hazme saber

lo que dicen mis besos a tu boca de ti».

("En mi costado". Alejandro Rivera.)

 

Por otra parte, como antes decía, en el primer disco de Alejandro Rivera podemos escuchar también una serie de canciones en las que se percibe y se siente su tremenda sensibilidad hacia la realidad social en la que vive; una sensibilidad alimentada de sus percepciones y vivencias cotidianas, es decir, de lo que la cotidianidad le hace sentir; y una sensibilidad, a la vez —y esto es muy importante— que es capaz de expresar con sencillez —sin pretensiones mesiánicas— y "desde el corazón": "a corazón abierto".

 

La denuncia y el desgarro interior que Alejandro siente y expresa en sus canciones, frente a la injusticia y al dolor humano, fotografían latidos y sentimientos personales; y es precisamente desde ahí, desde donde su canto es verdaderamente contestatario, e incluso, revolucionario. Como muestra de lo que digo os propongo leer tres textos —que corresponden a tres de sus canciones—, y, en cuanto puedan —os lo recomiendo— haceros con el disco —o sea comprarlo—, relajaros y ¡a sentir!:

 

Alejandro Rivera © Inés Poveda
Alejandro Rivera
© Inés Poveda

 

«Si algún día el cielo bajara a la tierra

no pararía de llorar hasta inundarla

de lágrimas saladas que queman la herida,

la herida que este mundo hace al amor.

Por todas las injusticias que habitan en ella

y hacen daño en las almas...

En las almas de niños

que lloran de hambre,

en las almas de gente

que muere inocente,

en las almas de mujeres

obligadas a venderse

y en el alma de un Dios

que muere cada día por esa gente.

Si algún día el sol bajara a la tierra

quemaría de una vez todo el dinero,

por todas las diferencias que marca en el mundo

y hacen daño en las almas...»,

("Si algún día")

 

Alejandro Rivera

 

Viven entre la prisa y los atascos,

entre miradas y algún frenazo,

en las aceras y en los semáforos,

en el calor del verano

o en las lluvias de marzo.

Han cambiado la esperanza de color,

ya no es verde como siempre se creyó,

ahora es rojo y date prisa que perdemos la ocasión…

… La ocasión de cambiarte

mis palabras, mis pañuelos, mi alegría

por monedas que acampan en los bolsillos

o carteras olvidadas en los bolsos laberintos.

Porque ¿cuánto vale una sonrisa

en medio de tanta prisa?

¿Cuánto vale un “Buenos días”

entre tanto ruido y tantos coches?¿ y tanto tonto?¿y tanta mierda?

Salen cada mañana muy temprano

con los bolsillos cargados de: “¡Amigo, hermano!”,

con la sonrisa brillante del alma,

con el amor envasado en pañuelos de mano.

Han cambiado la esperanza de color,

ya no es verde como siempre se creyó,

ahora es rojo y date prisa que perdemos la ocasión…

… La ocasión de cambiarte

mis palabras, mis pañuelos, mi alegría

por monedas que acampan en los bolsillos

o carteras olvidadas en los bolsos laberintos.

Porque ¿cuánto vale una sonrisa

en medio de tanta prisa?

¿Cuánto vale un “Buenos días”

entre tanto ruido y tantos coches?».

("59 segundos").

 

Alejandro Rivera

 

«Se abre la ciudad y suenan al compás

pies en las aceras, ruedas en el alquitrán.

Siente la ciudad como un sueño más,

vidas que se cruzan, vidas que se perderán…

Cuántos hombres y mujeres

han llegado a esta ciudad,

cuántos gritos y silencios

se durmieron en sus calles.

Cuántas aves emigraron

por dejar de respirar,

cuánta historia en sus rincones

que no sabemos guardar,

que no sabemos guardar…

Se abre la ciudad y suenan al compás

pies en las aceras, ruedas en el alquitrán.

Siente la ciudad como un sueño más,

vidas que se cruzan, vidas que se perderán…

Cuántos besos se escondieron

en algún que otro zaguán,

cuánta magia está enterrada,

cuánto te han hecho llorar.

Minerales y culturas

que nos llegan y se van,

la ciudad es una mina

¡no paremos de buscar!

¡no paremos de buscar!».

("Pies en las aceras")

 

En fin, este artículo se podría alargar aún más, pero no voy a hacerlo... Lo que sí me gustaría añadir, como cierre, es algo que me decía esta misma mañana mi amiga Imma Hernández: «La verdad —me comentaba en mi muro de facebook— es que el universo sonoro de la "canción de autor" no tiene límites, cada día vamos descubriendo nuevas estrellas»... ¡Y es verdad!... Os dejo con un vídeo reciente de nuestra estrella de hoy: Alejandro Rivera, interpretando —con el acompañamiento de Adriana Moragues— una de sus últimas canciones titulada Como un globo por las calles.

 










 
  

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