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40 años del golpe

Exfuncionario de la DINA: «El objetivo de obligar a los presos a cantar era reventarlos»

AGENCIAS el 11/09/2013 

Registrar, procesar, recordar, olvidar, trascender experiencias difíciles, mantener un sentido de normalidad, comunicarse, distraerse: esos son algunos de los papeles que jugó la música en la vida de prisioneros que pasaron por los más de mil recintos de detención y tortura que funcionaron en Chile durante el régimen de Augusto Pinochet (1973-1990).

La expresidenta Michelle Bachelet estuvo detenida en Villa Grimaldi. En 1994 se inauguró en el lugar un memorial.
La expresidenta Michelle Bachelet estuvo detenida en Villa Grimaldi. En 1994 se inauguró en el lugar un memorial.

 

BBC Mundo - La musicóloga chilena Katia Chornik lleva años estudiando este tema.

 

Como hija de ex prisioneros políticos, su tendencia ha sido considerar el tema desde la perspectiva de las víctimas.

 

Sin embargo, recientemente entrevistó a un exfuncionario de la DINA, la policía secreta de Pinochet, que operó en centros donde ocurrieron graves violaciones a los derechos humanos y estuvo implicado en la Operación Colombo, destinada a encubrir la desaparición forzada de 119 opositores.

 

Su testimonio —que aquí publicamos conservando su anonimato— es uno de los pocos que existen sobre cómo usaron la música los captores, no solo para pasar el tiempo, sino como herramienta para dominar a los detenidos a través de adoctrinamiento y para esconder los gritos que salían de las salas de tortura.

 


 

Nací en 1954 en la ciudad de La Serena. Somos siete hermanos, yo soy el quinto. Mis padres emigraron a Santiago y aquí hice todos mis estudios secundarios.

 

A los 18 años me tocó enrolarme en el Servicio Militar en Santiago. Luego fui destinado al norte.

 

"Los presos no cantaban porque les nacía: los obligaban."

 

Al momento del golpe, estaba en Canteras de Toconao. Me enteré por la radio.

 

Estuve en el campo de prisioneros de Chacabuco en octubre y noviembre de 1973.

 

Ahí hicimos un campo minado.

 

Todos los días los presos se levantaban con la diana, hacían el saludo a la bandera y cantaban el himno nacional.

 

A las siete de la tarde volvían a entonarlo junto a marchas militares.

 

Las más típicas eran Adiós al séptimo de línea y El himno de Yungay (de la época de la Guerra del Pacífico contra Perú y Bolivia en el siglo XIX), Los viejos estandartes (el actual himno del Ejército de Chile), Las glorias del Ejército y Lili Marlene.

 

Los presos no cantaban porque les nacía: los obligaban.

 

Con ellos cantábamos todos, para ensalzar el patriotismo. Yo creo que el objetivo era reventarlos.

 

LPs de cumbias

 

En enero del 74 estábamos operando como DINA en varios locales de Santiago: en Londres 38, Marcoleta 90, el Cuartel General en la Rinconada Maipú y luego en Villa Grimaldi.

 

Yo fui uno de los primeros que entró a Villa Grimaldi, en abril o mayo de ese año.

 

La Torre era utilizada para mantener a prisioneros en régimen de aislamiento.

 

Normalmente entraba a las ocho de la mañana y salía cerca de las siete de la tarde.

 

Me encargaba de la mantención y aseo, del registro, de escribir lo que pasaba y de la guardia en la zona de La Torre.

 

El general Manuel Contreras (jefe de la DINA) venía varias veces al año y yo tenía contacto con los torturadores.

 

En la Villa tenían una lora (radio en la jerga de la policía secreta).

 

Se tocaban la radio Cooperativa y radio Nacional, especialmente el programa El Hocicón, que transmitía rancheras mexicanas.

 

Además, teníamos nuestra propia radio para comunicarnos.

 

El operador era un agente que cantaba todo el tiempo, también delante de los presos.

 

Andaba con su guitarra y cantaba siempre la misma canción, Aline, que estaba de moda.

 

Había otro agente al que le gustaba tocar todos los días LPs de cumbias, sobre todo La vaca blanca y La loca María.

 

Revolución Mexicana

 

Los sábados, domingos y feriados, cuando los oficiales no estaban, los presos se sentaban en un banco y cantaban sus canciones de la Revolución Mexicana, corridos, rancheras, El negro José, canciones de Víctor Jara como Juan sin Tierra y Joaquín Murieta.

 

También me acuerdo de la canción de Roberto Carlos Un millón de amigos.

 

"Ponían música para tapar los gritos, para que la gente que pasaba por la esquina no pensara que aquí estaban torturando."

 

A veces yo iba a la Venda Sexy (una casa de tortura llamada así por el incesante hostigamiento sexual sufrido por los prisioneros) a llevar comida a los paquetes (prisioneros en la jerga de la DINA).

 

Ponían música para tapar los gritos, para que la gente que pasaba por la esquina no pensara que aquí estaban torturando.

 

Por eso la llamaban también "la Discothéque". Los mismos agentes le pusieron ese nombre.

 

Había un bafle bastante grande, que sacaron de una casa allanada. Ese equipo sonaba tan fuerte.

 

Estaba instalado en el segundo piso, en la sala de torturas, y funcionaba todo el tiempo.

 

Se tocaba la música tuya, lo que tuvieras, ¿y qué figuraba? Lo que estaba de moda, lo que se tocaba en la radio.

 

Se escuchaban mucho La vaca blanca, La loca María, La gallina de los huevos de oro, Sandro, Fabio y Ramón Aguilera.

 

Lo mismo pasaba en el centro clandestino Ollagüe (como llamaba la DINA al centro de detención de la calle José Domingo Cañas), pero ahí lo que tocaban todos los días era una cueca (la música y baile nacional de Chile). No me acuerdo cuál, pero era siempre la misma.

 

Campos a "la chilena"

 

Manuel Contreras dirigió la DINA entre 1973 y 1976. Está cumpliendo cadena perpetua por numerosos asesinatos, secuestros y desapariciones forzosas.

 

Me salí de la DINA en 1975. Sin dar explicaciones, así nomás.

 

Me fui a Alemania a trabajar. Yo no quería meterme en los campos de concentración nazis, tenía miedo.

 

Pero un día fui a Dahaus y luego a casi todos los otros.

 

Tú te quedai pa' dentro.

 

Los campos chilenos eran malos, malos, pero no tan malos como los nazis.

 

Eran "a la chilena".

 

En Chile no siempre se hacía lo que se ordenaba. Había mucha gente que yo ponía en las listas para matar pero después quedaban vivos.

 

No, los recintos chilenos no eran como los nazis, no era como que teníamos a… ¿cómo se llamaba el músico que Hitler adoraba?

 


 

Katia Chornik es musicóloga de la Universidad de Manchester. Actualmente trabaja en el proyecto de investigación, Sonidos de la memoria: Música y presidio político en el Chile de Pinochet.










 
  

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