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Novedad editorial

El universo alegórico de Charly García

AGENCIAS el 14/02/2014 

En Charly en el país de las alegorías, la investigadora Mara Favoretto configura un ensayo que se corre del registro biográfico sobre Charly García, para presentar un novedoso texto que analiza las letras del gran músico argentino e intenta explicarlas a partir del recurso de la alegoría.

Portada del libro «Charly en el país de las alegorías» de Mara Favoretto.Télam/Juan Rapacioli - El libro, publicado por Gourmet Musical, aborda la figura del Charly letrista, dejando de lado su trabajo como compositor y también su vida privada, de la cual ya se ha hablado demasiado. En ese sentido, la autora propone un viaje por el universo alegórico de García, autor de canciones memorables como Eiti Leda, Cinema Verite, Bubulina o Los dinosaurios.

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Mara Favoretto (Venado Tuerto, 1968) es investigadora, doctora en letras y profesora en la Universidad de Melbourne, Australia, donde vive desde el 2003. Es autora de Alegoría e ironía bajo censura en la Argentina del Proceso (2010) y de numerosos artículos sobre política, poder y música popular en Argentina, publicados en revistas y ediciones académicas.

 

¿Cómo se originó este ensayo en tu cabeza?

 

Me pareció que debía tener otro tipo de registro, no se podía escribir como cualquier ensayo académico para presentar en una conferencia o publicar en una revista universitaria. Es un libro enfocado para un público más amplio. Me costó bastante darle forma, pero en un momento me cayó la ficha y salió. Charly me interesó toda la vida, mi generación fue muy tocada por su obra, siempre tuve una identificación muy profunda a nivel personal con sus letras. El ensayo lo encaré por dos vías: entender lo que querían decir sus letras y entender lo que significaban esas letras para mí. Fue un trabajo muy subjetivo y por eso lo disfruté tanto.

 

¿Por qué pensaste en la alegoría como figura para entender sus letras?

 

Me llevó mucho tiempo encontrar cuál era el enigma en las letras de Charly. Tuvo mucho que ver que cuando hice mi doctorado abordé la alegoría y la ironía como figuras retóricas. Siempre me interesaron los recursos retóricos para decir lo que no se puede decir. Me tomé bastante tiempo para pensar tono del libro, tenía mis dudas al respecto, pero finalmente me convencí que iba por ese lado. Creo que el caso se entiende y tampoco me parecía demasiado sorprendente, porque este es un país muy católico y la primera gran alegoría es la Biblia, el Génesis, la luz y la oscuridad, todo lo dividido en binomios. Lo empecé a pensar por ese lado, claro que no tiene nada que ver con la religión, pero la figura de Charly tiene esos claroscuros que me interesaba articular.

 

¿Hay una constante en sus letras?

 

Creo que el hilo conductor en la obra de Charly es la libertad, para él y para sus oyentes. En ese sentido, es diferente al tipo de alegoría bíblica donde necesitás un sacerdote que la interprete y explique cómo son las cosas. En la obra de Charly tenés toda la libertad de interpretación que quieras. Inclusive en su último trabajo, Líneas Paralelas, vuelve a decir que el tercer acorde lo define el público. Charly siempre buscó la libertad, desde que empezó hasta ahora; en todas sus canciones aparece esa desesperación por encontrar libertad y, a la vez, llegar al oyente para que la busque: pensar más allá, trascender la frontera.

 

En un momento del libro señalás dos grandes etapas alegóricas en su carrera, una que va de 1967 a 1982 y otra de 1983 hasta el presente, ¿cómo se explican esos momentos?

 

En principio establecí los tipos de alegorías pensando en cómo el contexto condicionaba el trabajo artístico de Charly. Mientras había censura, en plena dictadura, tenía que codificar sus mensajes porque si no estaba en problemas; cuando se levanta la censura, ya en democracia, Charly sigue trabajando de la misma manera, pero sin la necesidad, sino por voluntad, con algunos cambios. Creo que esos cambios tienen que ver con la madurez; Charly era muy joven cuando empezó y su primera etapa formaba parte de toda la rebeldía de una generación que no se conformaba y pedía libertad. Después, ya consagrado, es un hombre grande, las cosas cambian, empieza a verse a él mismo y al mundo de otra forma.

 

Además, hay algo que Charly dejó entrever en algunas entrevistas, nunca de manera directa, a su manera: su molestia por lo que pasó en el 82 con Malvinas, donde se empezó hablar del auge del rock nacional, cuando el rock hacía rato que estaba resistiendo a su manera. Pero hay algo clave: Charly se rio de Malvinas, señaló que era un error, que los pacifistas nunca debíamos estar a favor de una guerra que en realidad fue una bandera nacionalista que los militares usaron muy bien en su momento y en la que mucha gente creyó. Charly no cayó en esa trampa y fue cuando, entre otras cosas, compuso No bombardeen Buenos Aires.

 

¿Se trata de un artista que vislumbra, a su manera, lo que vendrá?

 

Eso es lo que ocurre con los grandes genios: ven algo que a veces no saben por qué lo ven; es como la punta del iceberg, sintetizan todo eso que nosotros, en masa, estamos tratando de comprender. Justamente vislumbra lo que va a venir y lo traduce en un producto artístico. Muchas de sus canciones se entienden con el tiempo.

 

Es notable la comparación que se hace en el libro entre la obra de Charly y la de Lewis Carroll, a partir del tema Canción de Alicia en el país, de Serú Girán.

 

Carroll hizo una revolución a su manera, trataba de destruir todas las convenciones lingüísticas. Los dos cuentos de Alicia —Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo— son un trabajo impresionante donde se mezclan fantasía y realidad constantemente, y donde los consejos que le dan a Alicia en realidad no sirven de nada; es ella quien tiene que tratar de avanzar en el caos. No pasa nada concreto, no hay fin, no se trata de una alegoría clásica y no es la heroína tradicional.

 

Creo que hay un paralelo claro con Charly, en su obra aparecen personajes de todo tipo, situaciones que hacen referencias a otras y siempre está presente el tema de destruir convenciones.

 

Cuando se tiró de un noveno piso de un hotel en Mendoza, todo el mundo se concentró en cómo hizo eso, lo acusaron de loco, los periodistas lo saturaron de preguntas, pero nadie iba más allá de lo anecdótico, y el hizo una canción sobre eso, Me tiré por vos. El salto fue su propia alegoría.










 
  

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