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Canet Rock 36 años después

Canet Rock 2014: En busca del «mainstream» posible

por Manel Gausachs el 08/07/2014 

Después de 36 años de su última edición, regresa el 'Woodstock catalán' con un gran éxito de convocatoria pero con otro espíritu. 25.000 personas se congregaron el pasado sábado en el pueblo costero de Canet de Mar (a 40 km. de Barcelona) para aclamar a quince de las propuestas de mayor convocatoria del pop-rock catalán actual.

25.000 personas se congregaron el pasado sábado en el pueblo costero de Canet de Mar (a 40 km. de Barcelona) para aclamar a quince de las propuestas de mayor convocatoria del pop-rock catalán actual. © Laia Ylla
25.000 personas se congregaron el pasado sábado en el pueblo costero de Canet de Mar (a 40 km. de Barcelona) para aclamar a quince de las propuestas de mayor convocatoria del pop-rock catalán actual.
© Laia Ylla

 

En el lejano 1971 un grupo de boy scouts, capitaneado por el que fuera más tarde periodista y directivo televisivo Joan Ramon Mainat (1951-2004), tuvo la brillante idea de montar un festival que reuniera, en una sola noche, a lo mejorcito de 'la Nova Cançó' en Canet de Mar. El festival se llamó 'Sis hores de Cançó de Canet' (Seis horas de Canción en Canet) y fue creciendo en aforo hasta que murió de éxito en 1978. Por el festival pasaron los grandes nombres de la canción catalana de la época (Pi de la Serra, Maria del Mar Bonet, Raimon, Lluís Llach...) y se convirtió en una cita anual obligada. Por esos mismos años, y paralelamente, en Barcelona se fue creando una escena muy preocupada por crear un jazz-rock autóctono genuino a partir de las enseñanzas de un Herbie Hancock o un Miles Davies. Su epicentro se situó en un pequeño local del barrio del Born de Barcelona inaugurado en 1973, la sala Zeleste. Los resultados artísticos fueron muy esperanzadores y esto hizo que sólo dos años después de su apertura, y cuando Zeleste ya se había convertido en compañía de management y sello discográfico, sus directores, Víctor Jou y Rafel Moll, propusieran a los organizadores de las '6 hores de Cançó' hacer una versión 'rockera' del evento. Así fue como el 26 de julio de 1975 nació la 'marca' mítica Canet Rock, el festival pseudo-'hippie' que reunió a lo mejorcito del rock catalán y del rock andaluz de esos años y que vino a ser, modestamente, lo que fue el Festival de Avándaro en México (1971), el Festival BA Rock en Argentina (1970-72) o el mismísimo Woodstock en Estados Unidos (1969).

 

Así pues Canet Rock y las '6 horas de Cançó' nacieron en este contexto de ebullición cultural pero también en un contexto de ebullición política y social. La dictadura de Franco se descomponía y había una necesidad imperiosa por superar la autarquía mental y cultural que había impuesto el régimen.

 

Evidentemente el contexto actual es muy diferente, pero los dos contextos se asemejan en que en estos momentos también vivimos un buen momento para la música catalana y también sufrimos una crisis social y política profunda. Actualmente hay mucha más música en catalán que nunca, de más variedad estilística y calidad y el público tiene menos complejos hacia lo propio que en los 80, 90 o en la primera década de este siglo, y, en segundo lugar, la crisis político-social que vivimos actualmente parece anunciar cambios profundos —buena parte de Cataluña tiene deseos de autodeterminarse—, nuestra clase política está siendo más cuestionada que nunca y la crisis económica mundial pone en peligro el estado del bienestar europeo surgido a mediados del siglo pasado.

 

En ese sentido sí, hay paralelismos y Josep Maria Mainat, el mentor de este Canet Rock '14 y empresario televisivo de éxito, lo tuvo claro cuando la promotora Gemma Recoder de Sun Music —que ya organizó el año pasado el 'Concert per la Llibertat' que se hizo en el campo de FC Barcelona en pro del derecho de autodeterminación de Cataluña— le dijo que habría que montar 'algo' como los Canets de los setanta.

 

Si en los setanta el público iluminó el Pla d
Si en los setanta el público iluminó el Pla d'en Sala con velas y cerillas, este año lo ha iluminado con celulares de última generación (¡A pesar de que se quedaron fuera de cobertura!)
© Manel Gausachs

 

Pero vayamos al contenido de este Canet Rock '14. La fiesta empezó a las cuatro de la tarde con dos guiños al pasado mientras la gente iba entrando al recinto. El pianista e intérprete Manu Guix acompañado por la cantante Elena Gadel interpretaron una selección de las canciones más recordadas de 'la Nova Cançó' para recordar los que fueron las '6 hores de Cançó'. De esta actuación destacó la interpretación que Gadel de L'àguila negra (La águila negra), la extraordinaria versión que Maria del Mar Bonet hizo en su día de L'aigle noir de la francesa Barbara, una versión tan recordada que mucha gente cree que es una canción de Bonet.

 

Posteriormente, vino el guiño al 'boom' del dicho 'rock català' de finales de los 80 y principios de los 90. Pep Sala acompañado del grupo Crator y para la ocasión del saxofonista Joan Fortuny de la Dharma, recordó a Sau, el grupo que lideró en los noventa con Carles Sabater (1962-1999). El repertorio —con el inevitable Boig per tu (Loco por ti)— resultó cansino de tan previsible que sonó. Fueron sesenta minutos de cierto sufrimiento esperando que llegara algún representante de la actualidad que levantara el nivel.

 

A las 19h., puntualmente, llegó Caïm Riba, el cerebro musical hasta hace poco del grupo pop tecnológico Pastora. Riba dedicó íntegramente los 40 minutos de su actuación a presentar su único disco en solitario hasta la fecha, A 360 kms (Music Bus Records, 2014), una obra donde se estrena cantando solo y donde guitarrea más que cuando está al lado de Dolo Beltrán (la cantante de Pastora). El apellido Riba y Canet Rock siempre han ido muy ligados. Su padre, Pau Riba, tótem poético-musical donde los haya, fue el gran protagonista de la primera edición. Artísticamente tienen muy poco que ver el uno con el otro, en eso hasta se les puede llegar a poner como ejemplos de las diferencias que hay entre este Canet Rock y el de los 70. Pau Riba en Canet era el peligro personificado en un escenario, era lo más imprevisible del mundo, por lo contrario su hijo Caïm es un músico de lo más profesional del mundo.

 

Blaumut, pop elegante y clasicista de calidad y de éxito popular. © Laia Ylla
Blaumut, pop elegante y clasicista de calidad y de éxito popular.
© Laia Ylla

 

Seguidamente subieron al escenario una de las bandas jóvenes más prometedoras del cartel, los Blaumut, un cuarteto de pop elegante, con mucha presencia de cuerda (violín y violonchelo) y con un cierto aire de clasicismo centroeuropeo. En definitiva, unos alumnos aventajados de Franco Battiato. Hasta la fecha sólo ha publicado un disco pero han confirmado algo poco habitual, que calidad y éxito popular pueden ir de la mano. Al final de su actuación se les añadió el actor y cantante Joan Dausà que cantó con ellos su éxito Pa amb oli i sal (Pan con aceite y sal), interpretación que dio paso a una breve actuación de Dausà por su parte.

 

Luego llegaron Els Pets, que hicieron un set de una hora en el que priorizaron su repertorio más reciente, lo cual es de agradecer ya que lo más fácil hubiera sido recurrir a sus 'grandes éxitos'. Después de Els Pets empezó a anochecer y aquí es cuando llegó el tercer guiño al pasado y al del propio festival. La Companyia Elèctrica Dharma se reunió especialmente para la ocasión después de haber anunciado su retirada de los escenarios el año pasado y tras la desgraciada muerte reciente de su batería y líder Josep Fortuny (1952-2013). Este fue el guiño a la 'música laietana' de Zeleste. Seguramente la Companyia Elèctrica Dharma es el grupo que mejor ha sabido releer la música popular catalana, concretamente la música de Cobla (sardanística) en clave jazz-rock, en un jazz-rock que por actitud es más rock que jazz. La Dharma, que en los setanta vivían en una comuna en Canet, crearon un sonido que es todo un ejemplo para la posible electrificación y 'rockerización' de otras músicas populares europeas. El repertorio que tocaron fue el habitual, el de siempre, la lista de temas clásicos de L'oucomballa (1976) hasta L'àngel de la dansa (1978). Su revival, al ser sólo de media hora, no quedó fuera de lugar, y tuvo su recuerdo para los dos miembros del grupo desaparecidos: al imaginativo guitarrista Esteve Fortuny (1954-1986) y para Josep Fortuny, con el que era todo un placer conversar con él sobre esos mágicos años de Zeleste y los Canets.

 

A las 22:10h., con un ligero retraso de 10 minutos, llegaron Els Amics de les Arts, cuarteto vocal masculino que se dieron su gran baño de masas con el público joven de las primeras filas que coreó las canciones de su reciente nuevo disco Només d'entrar hi ha sempre el dinosaure (Tan solo al entrar siempre te encuentras con el dinosaurio) (Dismedi, 2014)

 

Gerard Quintana y Xarim Aresté: ¡y llegó el Rock al festival! © Manel Gausachs
Gerard Quintana y Xarim Aresté: ¡y llegó el Rock al festival!
© Manel Gausachs

 

Y finalmente a las 23:16h. llegó el Rock, la verdad es que se le echaba de menos. A esa hora subió al escenario Gerard Quintana acompañado de Xarim Aresté, un guitarrista con mucho 'punch' que proviene de la banda Very Pomelo con la que ha mostrado una frescura rockanrolera muy difícil de encontrar en la actualidad. La verdad es que Quintana ha sido muy hábil centrifugándolo para su proyecto más 'stoniano', el disco Tothom ho sap (Todo el mundo lo sabe) (Discmedi, 2014). Presentaron este repertorio junto a tan sólo dos canciones del repertorio de Sopa de Cabra. Y después de esta contundente descarga de electricidad, excesivamente faltada de matices para mi gusto, llegó la medianoche y nos preguntamos si podía ser que saliera el sol.

 

Jaume Sisa cantando lo que no pudo cantar en 1975 junto a sus admirados Manel. © Manel Gausachs
Jaume Sisa cantando lo que no pudo cantar en 1975 junto a sus admirados Manel.
© Manel Gausachs

 

Obviamente el sol no salió pero quién sí que apareció sobre el escenario fue Jaume Sisa, el gran tótem de la canción sui géneris catalana que cantó lo que no pudo cantar en 1975 porque se lo prohibió el gobierno civil de entonces: Qualsevol nit pot sortir el sol (Cualquier noche puede salir el sol) y El setè cel (El séptimo cielo), sus dos obras cumbres de su personal misticismo poético-musical. La primera la cantó solo, acompañado del público —la mayoría del cual no había nacido en 1975 pero que se la sabía de cabo a rabo— y con su gorra con claveles de jubilado con la que se 'retiró' de los escenarios en 1985 para transmutarse en un cantante de boleros. Y la segunda, El setè cel, con sus admirados Manel, el cuarteto masculino de mayor éxito de la historia del pop catalán y cabezas de cartel del festival. Manel, ya sin el Maestro al lado, desplegaron su magia con total seguridad y sintiéndose ganadores.

 

Santi Balmes de Love of Lesbian, genio y figura en éxtasis de masas. © Manel Gausachs
Santi Balmes de Love of Lesbian, genio y figura en éxtasis de masas.
© Manel Gausachs

 

Luego, y con un retraso acumulado de 48 minutos sobre la hora prevista —aquí es cuando se empezó a ver que la fiesta terminaría a la hora— llegó uno de los momentos álgidos del festival: la el concierto de Love of Lesbian. Para mí Santi Balmes, su líder, fue el gran triunfador de la noche. Su humor absurdo y lleno de atrezzo hizo bailar al Pla d'en Sala. Balmes se contorsionó y bailó sinuosamente como sólo sabe hacerlo él y sudó e hizo sudar la camiseta al respetable como un campeón. Y no sólo eso, no tuvo suficiente con su actuación que pocos minutos de bajar del escenario cantó a dúo un tema con el grupo siguiente, los Gossos. El tercer cuarteto de cuatro voces masculinas. Algún día alguien tendrá que explicar porque triunfar tanto esta fórmula en el pop catalán actual. Gossos gustaron con su pop con toques electrónicos e inteligencia al rapear en canciones de éxito como Corren.

 

Luego llegaron los Mishima, quizá la propuesta más 'de autor' del cartel y la más alejada del pop asequible que dominó este Canet Rock '14. La banda de David Carabén presentó L'ànsia que cura (La ansia que cura) (The Rest in Silence-Warner, 2014) con aplomo y como si estuvieran en un pequeño local de Barcelona.

 

Txarango, el combo más potente de rumba y ritmos calientes del panorama catalán actual. © Manel Gausachs
Txarango, el combo más potente de rumba y ritmos calientes del panorama catalán actual.
© Manel Gausachs

 

Se acercaba la salida del sol y para celebrarlo subió al escenario —con un retraso considerable— el combo más potente de rumba y ritmos caribeños del panorama catalán actual, los Txarango que gustó por su potente sección de vientos, y por la brillantez y elocuencia en melodías y textos como Amagada primavera (Escondida primavera), una canción que en mi modesta opinión merece pasar a la Historia de la Rumba Catalana. A mí, personalmente, se sobró cierto sermón 'manuchaístico' de su líder —que se dirigió insistentemente al respetable como 'familia'— pero al César lo que es del César, Txarango tiene poder.

 

Y ya en desbandada general, cuando buena parte del público ya se iba a dormir después de más de 16 horas de música, llegó la recta final del concierto con el rock políticamente explícito de Brams, y las dos propuestas relajantes y ambientales de la fiesta, Delafé y las Flores Azules y The Pinker Tones.

 

A las pocas horas de su finalización cabe hacerse dos preguntas: ¿es posible comparar esta edición con las de los años setanta (1971-1978)? Para nada, no tiene sentido. La sola idea de compararlos produce escalofríos sociológicos. La Cataluña actual tiene muy poco que ver con la Cataluña del tardofranquismo. Las '6 hores de Cançó' eran 'la Nova Cançó' y el paradigma de canción de autor de los 70 de inspiración francesa. Los Canets Rocks fueron la música 'underground' que no se programaba con normalidad en los pocos medios de comunicación de la época. Era sencillamente y llanamente eso, 'underground', algo transgresor, algo peligroso y silvestre en la mejor tradición libertaria catalana, algo que desapareció del 'mapa' curiosamente cuando Madrid despertó del letargo franquista, se puso las pilas y su alcalde dijo: "¡Rockeros: el que no esté colocado que se coloqué... y al loro!". En cambio el Canet Rock actual es el 'establishment' mediático catalán actual, un 'establishment' que parece apostar por la música del país, algo que muy pocas veces ha hecho y que espero que dure al menos unos años. No dudaré de sus buenas o malas intenciones, sinceramente las celebro, me parece que es algo que suma.

 

¿Pero qué queda de los Canets Rocks históricos? Quedan documentos y el mito. Queda una película documental de Francesc Bellmunt y Àngel Casas, un doble elepé que editó RCA de la edición de 1977 que está súper descatalogado y donde se puede escuchar a Oriol Tramvia, Rocky Muntanyola y la Companyia Elèctrica Dharma, entre otros, y un CD de la actuación de Pau Riba recitando un poema grandilocuente en la misma edición del 77 Astarot Universdherba. Y seguro que algún día se editará más material.

 

El mismo envase para un contenido muy diferente.
El mismo envase para un contenido muy diferente.

 

¿Y del Canet Roc 78? Ah... esa edición merece una mención especial. No fue organizado por Zeleste y Pebrots si no por Pau Riba y la empresa Sono Servei. Esa edición fue la más pretenciosa y arriesgada de todas porque pretendió acoplar el rock catalán de la época al rock internacional. Es decir, algo que no tiene absolutamente nada que ver con lo que se hizo este sábado. En esta edición pasaron por Canet la musa de Andy Warhol Nico, la new wave francesa de Bijou, el rock experimental del ex-Soft Machine Daevid Allen, los británicos Ultravox y la musa de la new wave neoyorquina Blondie, y todo esto mezclado con las provocaciones de 'lletraferit' de Pau Riba y el proto-punk del extrarradio de Barcelona de La Banda Trapera del Río. Pero eso no es todo, se quería que el festival se celebrara el uno de septiembre de 1978 (1-9-78) porque ese día que se producía un cambio astral. Riba quería aprovechar la conyuntura astrológica para hacer el gran 'happening' que encumbrara un cambio de hegemonía cultural, su recurrente sueño 'hippie' que está presente en buena parte de su obra. Para la ocasión, Riba hasta llegó a hablar con el mismísimo Salvador Dalí para que presidiera el evento. Y es que Dalí apreciaba a los 'hippies' porque consideraba que eran los paladines del regreso del mundo occidental al espiritualismo y al misticismo. Finalmente Dalí no vino y el festival se celebró el 2-9-78. Conclusión, el Canet Roc '78 fue una provocación cultural de gran calado.

 

En el cartel —que por cierto recibió una multa de medio millón de pesetas de entonces por irreverente— aparece la imagen de una virgen y un lema en latín (!) 'Contrita contradictio virgo inseminanda'. En ninguna parte del cartel se nombra a los músicos que participaron en el concierto y no aparece el logotipo de ninguna marca comercial, ninguna empresa promotora, ni de ninguna institución pública. Eso actualmente es imposible. El Canet Roc del 78 fue un fracaso económico descomunal y el actual todo apunta que ha sido un éxito, —su promoción ha estado estrechamente ligada a una conocida marca cervecera—. Pero la edición del 78 tiene una magia especial, prueba de eso es que actualmente existe hay un grupo de facebook que la reivindica. Gracias a este grupo de facebook un servidor ha sabido que en los últimos días TVE ha colgado un reportaje de 30 minutos en su página Web que es muy recomendable verlo.

 

 

¿Pero qué ha sido realmente Canet Rock '14?

 

Yo creo Canet Rock 14 ha sido un indicativo de un cierto proceso de maduración del mercado musical catalán. Como ya he dicho anteriormente cada día hay más música catalana de más calidad y variedad y su público crece, por lo tanto cada vez es más fácil que se pueda crear un 'mainstream' catalán más completo que rompa —de una vez por todas— con esa fatalidad de que el mercado musical catalán esté copado por muy pocos grupos o intérpretes. En eso aún tienen que pasar muchas cosas pero me parece que este festival puede ayudar a que así sea.

 

Que en este posible 'mainstream' esté, por ejemplo, un grupo 'independiente' (con todas las comillas del mundo) como Mishima me parece también algo muy saludable. Esto ha sido posible por el trabajo laborioso —desde hace ya diez años (!)— del Festival PopArb, el festival pop 'independiente' con más criterio y coherencia del país. Pero todo lo que es 'underground' algún día puede dejar de serlo y es conveniente que pueda dejar de serlo si le apetece, y que no esté condenado 'in eternum' a las catacumbas por falta de mercado.

 

Por lo que se refiere estrictamente al cartel, considero que hay una objeción importante a hacerle. He echado en falta algún representante de los otros territorios catalanohablantes. En este Canet no ha habido ninguna participación valenciana —a pesar de que la música valenciana también vive un buen momento en cuanto a variedad y calidad— y tampoco ninguna de balear. Imagino que si aún estuvieran activos los Antònia Font se les hubiera invitado pero creo que se hubiera tenido que hacer un esfuerzo para incluir algún representante valenciano o balear, porque no hay que olvidar que el mercado natural de la música catalana son catorce millones y no siete.

 

Otro detalle a resaltar: como ya he dicho anteriormente este festival llega en momento político en que Cataluña se plantea —bajo eufemismos de consumo interno— un referéndum de autodeterminación. En el festival se gritó a favor de la independencia de Cataluña pero en ningún caso eso pasó por delante de la música. Al Canet Rock '14 vino un público multigeneracional, mayoritariamente joven (20-35 años), que vino a cantar canciones y las cantó. Es decir, las consignas políticas no acallaron las canciones. Esto rompe algunos tópicos recurrentes en contra de los macroconciertos de música catalana.

 

Los veteranos de los setenta recordarán que en tres de las cuatro ediciones del festival la palabra Rock perdió la 'k' y pasó a llamarse 'Canet Roc' (fueron las del 76, 77 y 78). Evidentemente tras esa decisión había la voluntad de no sucumbir al imperio simbólico anglosajón y la voluntad construir una música rock autóctona. En la presente edición este debate ni tan sólo se ha recordado. ¿Por qué? Supongo porque estamos en otra fase de 'la Historia'. Precisamente por eso, porque estamos en un contexto muy diferente yo hubiera preferido que no se utilizara la marca 'Canet Rock' para bautizar a este festival. Preferiría que no se 'profanara' su carácter mítico. Yo hubiera utilizado la palabra 'Canet' pero acompañado de otro sufijo. ¿Por qué no Canet Music o Canet Pop? o ¡¿Arenys Rock?! Esta última propuesta, evidentemente, la digo con sorna —porque el terreno dónde se ha celebrado el festival está tan al límite de Canet que está en el terreno municipal de Arenys de Mar— pero las dos primeras las digo seriamente.

 

Y para finalizar, este Canet Rock '14 sin Josep Maria Mainat no hubiera sido posible. Mainat es el empresario televisivo más influyente de la televisión española (con su antigua empresa Gestmusic ha creado formatos televisivos de telerrealidad como "Operación triunfo" que han triunfado en toda Latinoamérica y en todo el mundo). Sus programas son de más o peor gusto pero son casi siempre garantía de éxito empresarial, algo que le conviene mucho a la música catalana. Pero es que además Mainat también fue músico, fue miembro del grupo humorístico-musical La Trinca de gran éxito popular, y ya participó en la organización de estos festivales a través de una promotora de nombre muy elocuente Pebrots Enterprises ('Pebrots' en catalán significa pimientos, pero popularmente también se utiliza como un sinónimo vulgar de agallas o de genitales masculinos).

 

Que Mainat haya apostado en estos momentos por un evento de música catalana me parece una excelente noticia. Me parece que ayuda a crear una corriente central ('mainstream') en la música catalana que realmente tenga éxito y que triunfe económicamente, algo siempre dificil para un mercado cultural como el catalán que aún sigue estando minorizado en su propio territorio. Es decir, a mí me parece que este Canet Rock, si sigue en los próximos años, podría llegar a ser la 'locomotora' que acercara la industria musical catalana a la tan deseada 'normalidad', a la 'normalidad' que puede aspirar una cultura de 14 millones de mercado natural. Y, me parece, que todo eso puede ser más fácil conseguirlo en Canet, bajo el liderazgo del 'mago de la televisión' Mainat, que sin él y soñando en 'viajes a Ítaca' que nunca se llevan a cabo. Así que... ¡del 'underground' al 'mainstream' sin complejos!

 

Canet Rock 38 años después. © Laia Ylla
Canet Rock 38 años después.
© Laia Ylla

3 Comentarios
#3
Equipo de Redacción
CANCIONEROS.COM
[09/07/2014 21:54]
Vota: +3
Los artículos de opinión son, por definición, subjetivos y por eso van firmados por sus autores. Con sus opiniones se puede estar lícitamente de acuerdo o en desacuerdo, pero en cualquier caso son totalmente respetables.
Otra cosa son los artículos informativos o de actualidad en la que intentamos ser lo más objetivos posible.
Por favor, no nos pidan objetividad en nuestras opiniones. Somos personas y no renunciaremos jamás a tener criterio propio, ni a nuestro derecho a equivocarnos o no.
#2
Maria Gibert
Cataluña
[09/07/2014 14:30]
Vota: +2
¿Objetividad? ¿Qué es eso?
#1
Albert
España
[09/07/2014 12:32]
Vota: +1
A ver si aprendemos a ser más objetivos y a dejar las opiniones personales a parts. El concierto de Pep Sala fue de los mentos más mágicos de todo el festival, y si hay algo cansino son los articulos éstos con los que os creeis libres de rajar. Love of Lesbian fueron los culpables de retrasar mas de 40 minutos el espectaculo por querer poner sus pantallitas y la gente iba silvando cuando el tio hablaba de "mal español" y de otros temas que no venían a cuento.

Objetividad, por diós









 
  

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