Cuando me dijiste que tú no escuchabas ninguna canción que no estuviera escrita en tu lengua me dejaste ciertamente sorprendido. Yo te lo respeto, pero no te entiendo. Es como si me dijeras que sólo follas los días impares con mujeres de edad múltiplo de tres. Te lo respeto pero eres un poco burro. Siendo trovador como eres ¿cómo te puedes permitir no escuchar a Brel, a Conte, a Afonso? ¿Cómo puedes renunciar así de un plumazo a toda la música que se está haciendo en Europa, en Turquía, en esa África emergente e insurgente? ¿Como puedes renunciar con tanta simpleza a Llach, a Raimon, a la mitad de Serrat —y según los expertos la mitad mejor, si Serrat tiene mitades menos mejores?
Y cómo puedes, gilipollas, renunciar voluntariamente a escuchar a la Bonet.