El compositor e intérprete Borja Penalba presenta "La suite de Parlavà", su segundo trabajo bajo la marca "Giròvag", un álbum de once canciones nacido de un retiro reparador que presentará en vivo este domingo 27 de marzo en La Fàbrica, en el marco del Ciclo de canción de autor BarnaSants.
![]() Borja Penalba.
© Xavier Pintanel
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Compuesto a raíz de un retiro para repararse, entre Parlavà — al noreste de Cataluña—, Valencia y la autopista que los une; Giròvag. La suite de Parlavà, el nuevo trabajo de Borja Penalba, se articula como una propuesta de carácter íntimo y depurado, alejada de la amplitud sonora de su anterior disco.
El título del trabajo es un guiño directo a La suite de Parlavà del poeta Miquel Martí i Pol. La referencia no es solamente nominal: en ambos se reproduce un esquema similar. Once poemas en el libro de Miquel Martí i Pol, once canciones en el disco de Borja Penalba. En ambos Parlavà es, por supuesto, un espacio físico de descanso, de recuperación, de reencuentro, pero al mismo tiempo es un espacio virtual, emocional y simbólico.
Desde el punto de vista sonoro, el disco se presenta como un trabajo minimalista, desnudo y orgánico. Frente a la propuesta más expansiva de su anterior proyecto, Penalba opta aquí por una estética basada en la contención y la precisión. Las canciones se construyen con pocos elementos, pero con una atención detallada a los matices, en un trabajo de orfebrería, donde la aparente sencillez responde a una construcción cuidada.
Esta elección formal sitúa el álbum en el territorio de la canción de autor en su vertiente más esencial. Una dimensión que ya estaba presente de forma latente en sus colaboraciones anteriores y que aquí aparece de forma más explícita, sin mediaciones. Así, aparece el Borja trovador que siempre fue, que estaba escondido pero se intuía perfectamente en sus trabajos al lado de Feliu Ventura, Lluís Llach, Tomàs de los Santos, Maria del Mar Bonet, Mireia Vives, Ovidi4 y tantos más.
Últimamente no te estás quieto: Los conciertos Llach Gener 76, D’un temps d'un país con Meritxell Gené, acompañar a Maria del Mar Bonet o a Montse Castellà, la dirección musical del homenaje a Joan Ramon Bonet; y ahora tu propio espectáculo: "Giròvag. La suite de Parlavà". ¿No es mucho?
Sí, sí, todo esto genera un volumen muy grande de conciertos, ensayos y kilómetros, pero he tenido que decir que sí a todo por una cuestión económica. El año pasado fue muy duro para mí por mi proceso personal, y este año necesitaba trabajar mucho, por mí y para que la gente que tengo detrás pueda recuperarse y recapitalizarse. No olvidemos que, dejando a un lado la parte bohemia y romántica, somos trabajadores. Eso sí, si todos estos proyectos no fuesen preciosos, no habría accedido a participar.
La verdad es que había planteado mi propio proyecto con la intención de dejar de ser ese comodín que toca con y para todos, pero ahora me estoy contradiciendo porque tengo que comer y pagar cosas. Es así. No es nada poético, solo realidad.
En ese proyecto aparece el concepto de "Giròvag". ¿Qué significa para ti?
"Giròvag", o "giróvago" en castellano, es una palabra que escuché de niño en una entrevista al periodista, corresponsal de guerra, aventurero y atleta Miguel de la Quadra-Salcedo. Decía que en su documento de identidad ponía "Profesión: Giróvago", y me enamoré de la palabra y del concepto. Los giróvagos eran unos monjes que iban de monasterio en monasterio, viviendo de la limosna y la caridad, sin adscribirse nunca a ninguna norma eclesiástica. Cuando empecé este proyecto recuperé esa palabra porque define bastante bien cómo han sido estos más de treinta años dedicándome a esto: ir de un sitio a otro, vivir de ello y no casarme nunca con ninguna norma.
¿También tiene que ver con una forma de estar en el mundo?
Sí. Dentro de lo posible, he intentado ser un poco libre pensador. He tenido mis simpatías y ciertos posicionamientos muy claros, pero no me he casado nunca con nada ni con nadie. "Giròvag" funciona también como un alter ego, como una marca.
Hay quien te define como un cantautor punk.
En la actitud, sí; en lo demás, muy poco. El punk tiene una parte más destructiva, de que todo vale o nada vale, y yo intento cuidar muchas cosas. Lo punk en mí está más en hacer lo que me da la gana, en no encorsetarme. Soy muy heterogéneo, muy poco ortodoxo, y me gusta que pasen cosas: poder ir de un tango a un cabaret, a Dylan a Mecano o a Sui Generis, sin problema.
Ahora lanzas y presentas tu segundo disco con la marca "Giròvag": "Suite de Parlavà". ¿Cómo nace este disco?
Nace cuando me doy cuenta de que tengo unas adicciones y de que yo solo no podía dejarlas, que eran la bebida y los ansiolíticos. Me encerré en casa de un amigo, en Parlavà (Empordà, noroeste de Cataluña), con el acompañamiento de un terapeuta y una doctora, y pasé un proceso bastante duro. Mientras estaba allí apareció la semilla de las canciones que forman este disco, junto con tres que ya tenía de antes. Por eso es un disco muy íntimo, muy hacia dentro. En comparación con el anterior, también es más pequeño en lo sonoro: piano, guitarra y poco más.
![]() Borja Penalba en 2025 en la presentación de su primer «Giròvag».
© Xavier Pintanel
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En los créditos dices que el disco fue creado entre Parlavà, Valencia y la AP-7, que es la autopista que los comunica. ¿La autopista es realmente un lugar de composición?
Sí, totalmente. Conduzco mucho y no me gusta ir escuchando música en el auto, salvo que me apetezca algo muy concreto. Aprovecho ese tiempo para pensar, y muchas veces ese pensamiento se traduce en una melodía, un verso o una idea. Entonces lo grabo en el celular. Tengo cientos de grabaciones así.
Aunque este sea, en cierto modo, un segundo "Giròvag", ¿qué relación guarda con el disco anterior?
Hay una relación vital más que musical. En los dos están la vida y la muerte, y también la idea de que, a pesar de todo, hay que seguir apostando por vivir. Eso estaba en el disco anterior, en canciones como Bufa el vent, provem de viure (A Ciutat-K amb Paul Valéry), Embriagueu-vos o Contra la seducció (Baudelaire y Brecht), y también está en éste, por ejemplo a través de Bukowski. Hay un nexo, pero es más vital que musical. Musicalmente, este disco me pedía algo más pausado, más interior.
Empiezas nada más y nada menos que con una décima, una forma poco habitual en catalán. ¿Por qué?
Porque siempre me ha gustado muchísimo esa estructura y su sonoridad. Me recuerda a mi infancia, cuando escuchaba mucha música sudamericana. La décima tiene algo que me lleva a ese mundo. Además apareció en un momento de bloqueo. Ya me había comprometido a hacer el disco, tenía cosas, pero no lograba arrancar. Y salió como una broma conmigo mismo: el folio en blanco que me vacila. Ahí encontré una forma que me desbloqueó.
En "Paisatge" aparece una mirada muy crítica hacia el mundo que nos rodea.
Sale de la sensación de que el mundo está enfermo y de que no me gusta. Estoy cansado de esa lógica de la inmediatez y de todo este ritmo agotador. Con todos los beneficios que haya podido traer ese supuesto progreso, el precio que estamos pagando es altísimo, y no estoy dispuesto a seguir ese juego.
Después vienen varios poemas musicalizados. ¿Por qué hay menos letras tuyas de las que podría esperarse?
Porque ahí tengo un problema. Uno es la autoexigencia. Y otro es que yo me siento muy prosaico, muy narrativo. Me cuesta mucho escribir canciones, porque no siento que tenga un lenguaje poético propio. Hay gente de mi entorno, como Feliu Ventura o Tomàs de los Santos, a la que admiro mucho porque tienen una manera poética muy personal de expresar lo que sienten y piensan. Yo, en cambio, tiendo más a lo narrativo, y lo que escribo suele ir en esa línea. Muchas veces los poetas dicen cosas en las que yo me veo mejor reflejado de lo que sabría hacerlo con mis propias palabras.
¿Eso tiene que ver también con que te consideras, antes que nada, músico?
Sí. Yo, primero de todo, soy músico. No soy poeta ni escritor. Mi prioridad es transmitir música, no mis palabras. No es que desprecie el mensaje, pero mi impulso inicial va por ahí. Siempre he partido de la idea de que lo que yo piense no tiene por qué ser especialmente interesante. Por eso, a veces, encuentro en otros poetas una forma mejor de decir algo que también me representa.
Los tres primeros poemas musicados que aparecen en el disco son de Maria Beneyto, una poeta que tiene poco que ver contigo.
Fue un encargo de la Acadèmia Valenciana de la Llengua. Los incluí porque el resultado musical me gustó. Hay dos de esas letras que ni siquiera sé bien qué estoy diciendo: tienen un lenguaje muy críptico, muy personal, que no se parece nada al mío. Pero musicalmente funcionaban, y eso me bastó.
Al cabo todos hemos llorado alguna vez con canciones en inglés sin saber exactamente qué estaban diciendo. A veces la música ya contiene una verdad emocional suficiente. En este caso, aunque no me reconozca del todo en esas palabras, sí me reconocí en la música que salió de ahí.
"Cançó per a M" también te lleva a hablar de Mireia Vives, con quien compartiste una etapa vital y artística especialmente intensa. Mireia ha abandonado la canción…
El precio personal de vivir así es muy alto. Mireia ha sido madre y quería estar con su hijo de una manera más normal, más estable, más cerca de casa. Esta vida te obliga a renunciar a mucho, y llegó un momento en que entendió que no le compensaba. Le gusta cantar, claro, pero ha sido más intérprete que creadora, y durante años también combinó la música con otros trabajos para poder sostenerse, antes de dedicarse de lleno, cuando compartimos proyecto. Quién sabe en un futuro…
El disco también tiene espacio para dos versiones. La primera es "Llibre de l’amor", versión en catalán de "The book of love" de Stephin Merritt, el líder de The Magnetic Fields. ¿Cómo llegó esa versión?
Me la hizo llegar la poeta y actriz Estel Solé. Su compañero, Pau Castell, había hecho una adaptación de la letra y me la enseñaron. Me hizo gracia y quise probarla. La música me costó mucho más: grabé tres versiones distintas y no encontraba el punto. Cuando ya estaba acabando el disco, entré una última vez a grabarla y salió en una toma, de manera bastante improvisada, con una cadencia que no había usado hasta entonces.
Y cierras el disco con "Silenci", de Lluís Llach.
Quería, primero, mostrar mi agradecimiento a Lluís Llach, que ha sido imprescindible en mi vida, tanto en lo personal como en lo musical. Y segundo, dejar constancia de que estamos en 2026 y de que muchas canciones de hace cincuenta o sesenta años siguen vigentes, y no deberían seguir siéndolo. Y además es una canción que, a veces, el cuerpo y el alma me piden cantar.
![]() Borja Penalba en los ensayos del espectáculo Llach Genert 76
© Xavier Pintanel
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Hay discos que no necesitan levantar la voz. Azimut es uno de ellos. Joan Isaac presenta un trabajo hecho desde la contención, desde ese lugar donde la canción deja de ser ornamento para convertirse en algo casi necesario. Un disco minimalista, preciosista, trabajado con una delicadeza profundamente orgánica. Como todo en Isaac, un acto de fe.
Martirio llevó el pasado domingo 12 de abril al Auditori de Barcelona, en el marco del Ciclo de canción de autor BarnaSants, su espectáculo Al sur del tango, una propuesta que enlaza las raíces compartidas entre Argentina y España desde una interpretación que es tanto voz como gesto y emoción.

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