Martirio llevó el pasado domingo 12 de abril al Auditori de Barcelona, en el marco del Ciclo de canción de autor BarnaSants, su espectáculo Al sur del tango, una propuesta que enlaza las raíces compartidas entre Argentina y España desde una interpretación que es tanto voz como gesto y emoción.
![]() Martirio y Marcelo Mercadante.
© Xavier Pintanel
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Hay artistas que uno debería asistir a un concierto al menos una vez en la vida. Para poder decir, simplemente, "yo la he visto". Martirio pertenece a esa estirpe. Como Mercedes Sosa o Chavela Vargas, por ejemplo. No por comparación, sino por esa cualidad difícil de explicar que trasciende lo estrictamente musical.
En el Auditori de Barcelona, en el marco del BarnaSants, Martirio presentó Al sur del tango, un espectáculo que parte de una idea tan sencilla como luminosa: el tango y la copla no son dos mundos separados, sino dos cuerpos que se han buscado durante décadas a ambos lados del Atlántico. "La copla es la mujer; el tango, su marido", dijo. Y a partir de ahí, todo cobra sentido.
Porque lo que hace Martirio no es interpretar tangos. Es habitarlos. Convertirlos en otra cosa sin traicionarlos. Llevarlos a ese sur simbólico donde todo parece reconocerse: el amor, la distancia, la herida.
Desde la primera nota, lo que sucede en escena tiene algo de hipnosis. Martirio no canta: encarna. Es gesto, es mirada, es pausa. Su capacidad expresiva y teatral está exactamente al mismo nivel que su voz. Y eso no es habitual. Da igual el repertorio —aunque aquí lo haya, y de altura, de Gardel a Piazzolla—: cante lo que cante, lo convierte en un territorio propio.
A su lado, tres músicos que la sostienen y la elevan aún más si cabe. Al bandoneón, el argentino Marcelo Mercadante, que cual Rey Midas convierte en tango todo lo que toca. Al piano la ejecución impecable y luminosa del gaditano Jesús Lavilla. Y la violinista catalana Olvido Lanza, precisión, armonía y emoción en equilibrio.
El concierto arrancó con el trío abordando una versión instrumental de Adiós Nonino de Piazzolla —a quien se regresó más veces— en una clara demostración que aquello iba en serio. Después, mientras Lavilla comenzaba a dibujar Naranjo en flor, apareció Martirio, con esa elegancia que uno lleva desde dentro, para llevarnos después a El corazón al sur, de Eladia Blázquez.
Hubo un momento de intimidad en el que se quedó a solas con Mercadante para recorrer el Buenos Aires de Gardel, antes de que el trío regresara con Uno, de Discépolo y El día que me quieras de Le Pera y Gardel con un estelar violín de Lanza.
Siguió Porque vas a venir, de Carmen Guzmán y Mandy y recordó sus inicios con el tango en En esta tarde gris, en un momento que también sirvió para saludar a Chano Domínguez y, más tarde con Volver, a Mayte Martín presentes entre el público.
A partir de ahí, el concierto cambió de eje. Entró lo contemporáneo con Como sigo, de Mercadante y Marchetti, ya presente en aquel Suburbios del alma, para regresar a Piazzolla con Los pájaros perdidos, Chiquilín de Bachín y una versión para no olvidar de Balada para un loco. Y para terminar más Piazzolla con letra de Eladia Blázquez: Siempre se vuelve a Buenos Aires.
En los bises, Mi corazón sueña y una La bien pagá que demostró que el tango y la copla no solo son pareja, son pareja bien avenida.
No es menor el riesgo de un espectáculo así con un repertorio aparentemente ajeno en estilo. Y, sin embargo, Martirio lo atraviesa desde la primera canción con una naturalidad que desarma. Como si siempre hubiera estado ahí. Como si el tango la hubiera estado esperando.
![]() De izquierda a derecha: Jesús Lavilla, Martirio, Marcelo Mercadante y Olvido Lanza.
© Xavier Pintanel
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Martirio llevó el pasado domingo 12 de abril al Auditori de Barcelona, en el marco del Ciclo de canción de autor BarnaSants, su espectáculo Al sur del tango, una propuesta que enlaza las raíces compartidas entre Argentina y España desde una interpretación que es tanto voz como gesto y emoción.
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