El compositor, cantante y productor asturiano Víctor Manuel se convierte en el primer músico en recibir la máxima distinción académica de la Universidad de Oviedo. La institución reconoce una trayectoria de más de seis décadas y una obra que ha contribuido a preservar la memoria colectiva de Asturias, mientras el artista reivindica la creación, el compromiso y el papel de la música como patrimonio compartido.
![]() La Universidad de Oviedo otorga el doctorado Honoris Causa a Víctor Manuel para reconocer su trayectoria y su canto a la memoria de Asturias
© Universidad de Oviedo
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La Universidad de Oviedo ha investido doctor Honoris Causa al compositor, cantante y productor mierense Víctor Manuel San José en una ceremonia celebrada en el Paraninfo del Edificio Histórico. Con este reconocimiento, la institución académica distingue una trayectoria artística de más de seis décadas y la aportación del músico a la preservación de la memoria colectiva de Asturias a través de un repertorio que ha convertido la realidad social, histórica y cultural de la comunidad en uno de sus principales ejes temáticos.
La investidura convierte además a Víctor Manuel en el primer músico en recibir la máxima distinción académica de una universidad que fue pionera en la incorporación de los estudios de Musicología al sistema universitario español. El rector, Ignacio Villaverde, fue el encargado de imponer los atributos que simbolizan su incorporación al claustro de doctores y doctoras, culminando un proceso iniciado tras la propuesta formulada por el Ayuntamiento de Mieres y respaldada por la Facultad de Formación del Profesorado y Educación.
La ceremonia comenzó con la lectura, por parte del secretario general, Ángel Espiniella, del acuerdo aprobado por unanimidad por el Consejo de Gobierno de la Universidad de Oviedo para conceder el doctorado Honoris Causa al artista. Posteriormente, el decano de la Facultad de Formación del Profesorado y Educación, Celestino Rodríguez, acompañó al doctorando y a su padrino, el director del Departamento de Historia del Arte y Musicología, Julio Ogas Jofre, hasta el Paraninfo para proceder a la investidura.
Al acto asistieron miembros del equipo de gobierno de la Universidad de Oviedo, el exrector Vicente Gotor, la defensora universitaria Isabel Viña, la directora general de Universidad del Principado de Asturias, Cristina González Morán, el alcalde de Mieres, Manuel Ángel Álvarez, así como una amplia representación del claustro de doctores y doctoras de la institución.
Tras recibir la muceta, el birrete, el anillo y el resto de atributos académicos, Víctor Manuel pronunció un discurso en el que combinó recuerdos personales, reflexiones sobre la creación artística y una reivindicación del papel de la música como vehículo de memoria y experiencia compartida.
El nuevo doctor Honoris Causa comenzó agradeciendo el reconocimiento recibido y expresó su gratitud a quienes impulsaron su candidatura y a la Universidad de Oviedo por incorporar por primera vez a un creador de canciones a su claustro de doctores. "Ser investido con la dignidad de doctor Honoris Causa es un gran honor para mí", afirmó antes de agradecer a la institución la concesión de una distinción que consideró especialmente significativa.
Buena parte de su intervención estuvo articulada en torno a las reflexiones del escritor austríaco Stefan Zweig sobre el misterio de la creación artística. Víctor Manuel recuperó dos de sus pensamientos para introducir una reflexión sobre el origen de las canciones y la imposibilidad de explicar completamente el acto creativo desde el conocimiento técnico. "De todos los misterios del universo, ninguno más profundo que el de la creación artística", recordó, antes de citar otra de las afirmaciones del escritor: "Cada vez que surge algo que antes no había existido nos vence la sensación de que ha acontecido algo sobrenatural".
A partir de esas ideas fue recorriendo distintos episodios de su biografía. Evocó su infancia y juventud en Mieres, los sueños que alimentó desde pequeño y una etapa escolar que describió con humor al reconocerse como "un pésimo estudiante". Frente a los conocimientos académicos, explicó, fue desarrollando una intuición que acabaría convirtiéndose en una de las herramientas fundamentales de su trabajo como compositor.
La creación de canciones ocupó el centro de su intervención. El artista defendió que existe un impulso creativo que no puede aprenderse únicamente mediante el estudio y relató una anécdota protagonizada por su nieto León durante la pandemia, cuando improvisó espontáneamente una canción. Para Víctor Manuel, aquella escena ilustraba que la necesidad de crear "viene de fábrica o no se estudia en ningún libro", una convicción que enlazó con la capacidad de determinadas obras para sobrevivir al paso del tiempo e incorporarse al patrimonio cultural de una sociedad.
El compositor dedicó también una parte importante de su discurso a reflexionar sobre el éxito y el fracaso como elementos inseparables del oficio de escribir canciones. Frente a una visión exclusivamente ligada a los reconocimientos, reivindicó el valor de los errores y de la perseverancia como motores de cualquier proceso creativo.
"El fracaso no tiene prestigio, pero es la principal motivación para seguir insistiendo", afirmó. Poco después añadió otra reflexión que arrancó la complicidad del auditorio: "El éxito es el camino más rápido para la imbecilidad".
Durante más de sesenta años de carrera ha escrito más de quinientas canciones. Algunas de ellas, reconoció, "han pasado sin pena ni gloria", provocándole en ocasiones "una desazón inmensa". Como ejemplo citó composiciones como Si yo fuera Dios, El hijo del ferroviario o Yo nací a la sombra de un cerezo, obras atravesadas por la memoria familiar, la Guerra Civil y la historia reciente de España.
La memoria ocupó precisamente uno de los espacios centrales de su intervención. Recordó el origen de canciones como El cobarde, inspirada en un reportaje de Oriana Fallaci sobre la guerra de Vietnam, o Planta 14, cuya prohibición durante la dictadura evocó como uno de los episodios de censura que marcaron sus primeros años de carrera.
El artista repasó también las dificultades profesionales derivadas de sus posiciones públicas y defendió la importancia de mantener la coherencia con las propias convicciones. "Considero que uno de mis mejores descubrimientos fue darme cuenta, muy joven, que no podía gustar, complacer a todo el mundo al mismo tiempo", señaló. En ese mismo sentido, reivindicó el papel que sus propias composiciones han desempeñado a lo largo de su trayectoria: "Con mayor o menor fortuna, me han defendido siempre las canciones que escribo. A ellas les debo todo y no me exigen nada".
Uno de los momentos más emotivos del discurso llegó cuando reflexionó sobre la capacidad de la música para acompañar la vida de las personas. "No hay nada más democrático que la música", afirmó antes de explicar que cada ser humano construye una banda sonora ligada a sus recuerdos, afectos y experiencias.
Para ilustrar esa idea evocó a su madre durante los últimos años de su enfermedad de alzhéimer. Recordó cómo reaccionaba al escuchar los acordes de Suspiros de España, una escena que utilizó para subrayar la permanencia de la memoria musical incluso cuando desaparecen otros recuerdos.
La intervención concluyó con un nuevo regreso a Stefan Zweig para reivindicar la incertidumbre inherente a todo proceso creativo. Víctor Manuel dedicó el doctorado a su familia y a sus amigos y cerró el discurso con un fragmento de Gracias por todo, dirigido especialmente a su esposa.
La laudatio corrió a cargo del director del Departamento de Historia del Arte y Musicología, Julio Ogas, quien defendió la candidatura destacando la dimensión artística, educativa y patrimonial de la obra del compositor asturiano.
Según explicó, Víctor Manuel ha sabido "interpretar e interpelar a la sociedad en diferentes circunstancias de la historia reciente", razón por la que el reconocimiento trasciende el ámbito estrictamente musical para poner en valor una aportación al patrimonio cultural e inmaterial.
El padrino recordó que la Universidad de Oviedo incorpora por primera vez a un músico a su nómina de doctores Honoris Causa, una decisión coherente con la tradición investigadora de la institución en el ámbito de la musicología y de la música popular urbana.
Ogas destacó asimismo la dimensión educativa de una obra que ha difundido valores como "la libertad, la solidaridad, la igualdad o la no violencia", situando al compositor dentro de la generación que transformó la canción popular española y recuperó, en palabras de Umberto Eco citadas durante la ceremonia, una "canción civil, plagada de problemas, con auténtica y verdadera conciencia histórica".
El musicólogo dedicó una atención especial al vínculo permanente entre Víctor Manuel y Asturias. Recordó composiciones como La planta 14, El abuelo Vitor, Carta de un minero a Manuel Llaneza o María Coraje, canciones que han convertido la realidad minera y social de la región en materia artística y que, a su juicio, ofrecen "una pincelada de una Asturias dura, desigual y con cierta rabia contenida".
También puso de relieve su contribución a la difusión de la música tradicional asturiana, tanto mediante composiciones en lengua asturiana como a través de su trabajo como productor de algunos de los primeros discos de artistas y grupos fundamentales para la renovación del folk asturiano.
En la parte final de la ceremonia, el rector Ignacio Villaverde pronunció un discurso construido a partir de referencias a algunas de las canciones más conocidas del compositor para subrayar la profunda identificación de su obra con Asturias.
"Toda su música, de un modo u otro, está repleta de Asturias (y de amor). Esa Asturias verde de montes y negra de minerales", afirmó el rector, quien describió al nuevo doctor como uno de esos juglares capaces de transmitir la memoria colectiva de un pueblo.
Villaverde recordó que la memoria constituye uno de los pilares de toda comunidad y destacó el papel desempeñado por Víctor Manuel al convertir en canciones las historias cotidianas, las luchas sociales y la identidad de una tierra. "No podemos vivir sin memoria", aseguró antes de definir al compositor como "uno de esos juglares que cantan y ayudan a otros a cantar nuestra vida, nuestra historia... la pequeña, la que nadie investiga pero que es la que importa porque es la nuestra".
El rector concluyó recordando que el doctorado Honoris Causa representa "la máxima expresión de agradecimiento de una universidad para quienes, no formando parte de su claustro, le han prestado servicios extraordinarios y relevantes". Con la incorporación de Víctor Manuel, añadió, la Universidad de Oviedo suma a su claustro "una persona de calidad humana incuestionable y comprometida con el saber, la razón, la paz y Asturias".
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