La cantante catalana Silvia Pérez Cruz ofreció el 23 de agosto de 2026 un concierto gratuito en la iglesia de San Francisco el Nuevo, en La Habana Vieja, en un contexto de apagones prolongados y dificultades de abastecimiento. Acompañada por Bori Alberto, Marta Roma y Carlos Monfort, interpretó canciones de su repertorio y de su álbum Oral_Abisal en una actuación que, según relató posteriormente, fue la más importante de su gira latinoamericana por su significado humano.
![]() Silvia Pérez Cruz canta en La Habana a oscuras.
© Guillen García Ureta|OnCuba
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Silvia Pérez Cruz viajó a La Habana para ofrecer un concierto gratuito el domingo 23 de agosto de 2026, en medio de una de las crisis más difíciles que atraviesa Cuba. La actuación tuvo lugar en la iglesia de San Francisco el Nuevo, en La Habana Vieja, un espacio elegido por sus condiciones acústicas y por la posibilidad de celebrar un encuentro musical con recursos energéticos limitados. La cantante catalana quiso que el público pudiera compartir un tiempo de música, cantar en comunidad y encontrar un espacio de encuentro frente a los apagones que, según la información facilitada, pueden prolongarse durante más de 20 horas.
"Cuando estás en una isla, en un momento así, que venga gente de fuera, hay algo de acto de amor, es como un abrazo", explicó Pérez Cruz al referirse al sentido de su visita. La actuación se planteó como una forma de acompañamiento a los habitantes de la ciudad, más allá de su inclusión en una gira internacional. La artista había llegado a Cuba dos días después de cantar en Los Ángeles en la despedida de Gustavo Dudamel como director musical y artístico de la Filarmónica de Los Ángeles, en un concierto ante 17.000 personas.
La diferencia entre ambos escenarios estuvo presente en el relato que la cantante publicó después de su estancia. De una actuación multitudinaria en Estados Unidos pasó a preparar un concierto en una iglesia habanera en la que era necesario prever la falta de electricidad. La Habana formaba parte de un recorrido latinoamericano iniciado en Ciudad de México y que también incluía República Dominicana, Chile, Argentina y Brasil, pero Pérez Cruz explicó que la parada cubana tenía para ella un significado particular.
El concierto contó con la participación de su trío de músicos: Bori Alberto al contrabajo, Marta Roma al violonchelo y Carlos Monfort al violín. El repertorio previsto reunía canciones de su último álbum de estudio, Oral_Abisal, otras piezas representativas de su discografía y algunas sorpresas. La formación de cuerda y la voz de la cantante permitieron adaptar la propuesta a las características del recinto y a las condiciones técnicas disponibles, sin depender de una infraestructura eléctrica de gran tamaño.
La relación de Silvia Pérez Cruz con Cuba se remonta a su infancia y a la figura de su padre, Càstor Pérez, investigador, compositor de habaneras y conocedor de la música cubana. A través de él, la cantante recibió historias, recuerdos y referencias musicales de la isla antes de conocerla personalmente. Su padre regresaba cada año de sus viajes con objetos y relatos que fueron construyendo una vinculación familiar con el país.
La habanera tuvo un papel especial en esa relación. Se trata de un género de origen cubano que llegó a España a mediados del siglo XIX y adquirió una particular popularidad en Cataluña. Pérez Cruz ha señalado la diferencia entre su procedencia y su recepción en ambos territorios: "La habanera es de origen cubano, pero aquí no triunfó porque dicen que no se podía bailar". La música de ese género formó parte del entorno en el que creció y de la actividad investigadora y compositiva de su padre.
El vínculo que durante años había estado formado por las historias de sus viajes se convirtió en una experiencia compartida cuando ambos recorrieron Cuba un año antes de la muerte de él. Durante aquella visita ofrecieron un concierto juntos en un teatro. Ese recuerdo volvió a aparecer en la estancia de agosto de 2026, especialmente durante la actuación en La Habana Vieja, cuando la cantante imaginó la emoción que habría sentido su padre al verla cantar allí.
Después del concierto, Pérez Cruz publicó un extenso texto dedicado a Cuba y a las personas que la acompañaron durante esos días y recordó las palabras que recibió de parte de algunos habitantes: "Gracias por venir, me repiten, gracias por venir, por ser valiente y tener el coraje de venir en estos tiempos tan difíciles, es muy importante para nosotros". La artista respondió a ese agradecimiento con una invitación a mantener el contacto y los intercambios culturales con la isla: "Hay que ir".
En su mensaje reconoció también la dificultad de expresar lo vivido durante la visita. "Cuba, querida. Se necesitaría a un poeta para contar todo lo que pasa y se siente aquí. Aquí siempre siento mucho y entiendo poco", escribió. A continuación agradeció el recibimiento y expresó su deseo de que el público hubiera percibido el afecto que el grupo había llevado mediante las canciones.
La cantante relató que llegó a Cuba el día 21 de agosto, directamente desde Los Ángeles su primer contacto con la ciudad le dejó una impresión distinta de la que recordaba de su visita de 2022. "Vi a la gente más delgada, que en el 22, más cansada, una tristeza nueva", escribió. El paseo por el malecón transcurrió sin iluminación y terminó en La Bombilla Verde, un espacio de encuentros musicales que describió como un punto de reunión en medio de la oscuridad.
Pérez Cruz recogió en su publicación los testimonios de personas que le hablaron de la situación energética. Según relató, algunos habitantes disponían de entre 40 minutos y tres horas de electricidad al día, sin saber cuándo llegaría el suministro. También señaló que, ante la ausencia de luz, la gente se reunía con mayor frecuencia para tocar música en el malecón. Estas observaciones formaron parte de su percepción directa de la vida cotidiana durante la visita.
El texto incluyó referencias a otras dificultades que le transmitieron sus interlocutores: el precio de la gasolina, la escasez de medicamentos, el encarecimiento de los productos disponibles, la irregularidad en la recogida de basura y el deterioro de algunos edificios. La cantante recogió que el combustible costaba tres por litro y que poco antes había llegado a diez, sin especificar la moneda. También reprodujo una advertencia que escuchó sobre la falta de medicamentos: "no te puedes poner enfermo ahora, dicen". En su descripción aparecieron igualmente edificios deteriorados y personas que habían abandonado sus viviendas.
![]() Silvia Pérez Cruz.
© Guillen García Ureta|OnCuba
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Durante esa primera noche, el grupo asistió a un concierto de Roly Berrío, músico cubano al que Pérez Cruz expresó su afecto y reconocimiento y con quien habían compartido oficina de management en Barcelona. La actuación tuvo lugar en La Bombilla Verde, un local que encontró lleno de personas reunidas alrededor de la música. La catalana terminó cantando también, pese al cansancio acumulado por el viaje y las actuaciones anteriores. "Canté, con una voz muy cansada, pero claro que canté, les cantaría cada día", recordó.
La experiencia de aquel encuentro le permitió observar cómo los espacios musicales continuaban funcionando en medio de las dificultades. En su relato describió el concierto de Berrío como un ritual compartido y destacó la participación de los asistentes. "En La Habana es donde más amor, generosidad y luz he sentido de la gente, paradójicamente", escribió, antes de expresar su deseo de que los habitantes conservaran esa capacidad de reunirse y acompañarse.
El regreso a casa se realizó en triciclos eléctricos que circulaban lentamente por las calles. Pérez Cruz describió el calor de la noche y la presencia de personas que permanecían fuera de sus viviendas durante los apagones. En su recorrido observó a niños jugando a las canicas y a otros que colocaban papeles bajo las ruedas de los vehículos para escuchar el ruido que producían al pasar. La escena quedó incorporada a su relato como parte de la vida cotidiana que encontró en la ciudad.
La noche estuvo marcada también por las dificultades para descansar sin electricidad. La cantante explicó que los ventiladores alimentados mediante baterías construidas o adaptadas por los propios habitantes se habían convertido en un recurso para sobrellevar el calor. En su caso, un error al accionar uno de esos aparatos la dejó sin ventilación durante parte de la noche. La anécdota fue relatada junto a las observaciones sobre las soluciones que las personas utilizaban para afrontar los cortes de suministro.
Tras una jornada de descanso, Sílvia y su grupo ultimaron los detalles de la actuación en La Habana Vieja. La cantante había definido una premisa concreta: organizar un concierto que pudiera realizarse incluso sin suministro eléctrico. "El objetivo era claro, tenemos que ir a La Habana a tocar sin luz", explicó. Para ello necesitaban un espacio con resonancia suficiente, un amplificador pequeño con una batería de aproximadamente dos horas y una fuente de iluminación que pudiera funcionar de manera autónoma.
La elección de la iglesia de San Francisco el Nuevo respondió a esas necesidades. El templo, situado entre las calles Cuba y Amargura, ofrecía condiciones acústicas adecuadas para una formación de voz y cuerdas. La organización contó con la colaboración de Darsi, Alfred Artigas y otras personas que ayudaron a conseguir los recursos necesarios para que el concierto pudiera celebrarse.
Pérez Cruz y sus acompañantes llevaron desde Menorca una maleta llena de velas que funcionaban con pilas. Con ellas prepararon la iluminación del escenario, dispuesto en forma de círculo y decorado con flores recogidas de la calle. La cantante mencionó especialmente a Samanta y Samara, dos niñas que conocían bien la iglesia y que participaron en el montaje del espacio.
La artista les transmitió la importancia de continuar organizando actividades musicales incluso en ausencia de electricidad. "Les dije que tenían que seguir cantando, organizando conciertos aunque no haya luz, e imaginar espacios hermosos y cuidarlos con flores", escribió. La preparación del recinto se convirtió así en una actividad compartida con personas de la comunidad, que colaboraron tanto en los aspectos prácticos como en la disposición del lugar.
Cuando llegó la hora de la actuación, todavía era de día y ya se habían formado colas en la calle. La iglesia se llenó de público, según el relato de Pérez Cruz, quien recordó que las niñas que habían ayudado a preparar el escenario le dijeron que nunca habían visto el templo con tanta gente. El concierto se desarrolló en un ambiente caluroso y con una proximidad entre músicos y asistentes determinada por las características del espacio.
Antes de comenzar, la cantante y los integrantes del trío se abrazaron, conscientes de la importancia que atribuían a aquella actuación. Pérez Cruz describió un intercambio de agradecimientos entre los músicos y el público. Fue también en ese momento cuando volvió a pensar en su padre y en el vínculo que él había establecido con Cuba a través de la música y de sus viajes.
La actuación avanzó mientras caía la noche. Las velas colocadas alrededor del escenario fueron adquiriendo protagonismo a medida que disminuía la luz natural. El público y los músicos compartieron las canciones en un recinto que no dependía de la iluminación eléctrica habitual de un concierto. Pérez Cruz describió la experiencia como una combinación de oscuridad física, participación colectiva y emoción.
"Entre todos hicimos ese concierto viendo como la noche venía, la velitas recordaban un círculo constante y se iban encendiendo las luces internas de cada uno de los presentes, nosotros incluidos", escribió. La artista reconoció que le resultaba difícil trasladar a palabras lo sucedido y dejó una de las frases centrales de su testimonio: "Es la oscuridad más luminosa que recuerdo".
En los últimos pasajes de su publicación, Pérez Cruz agradeció a las personas que asistieron al concierto y a quienes hicieron posible la visita. "Les queremos mucho, les tenemos presentes", expresó, antes de pedirles que no olvidaran su propia manera de ser. El mensaje cerró con una declaración de afecto dirigida a Cuba y a los habitantes que la acompañaron durante esos días.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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