"Vivir es fácil con los ojos cerrados" es la primera frase de Strawberry Fields Forever, canción emblemática de los Beatles, y quizás el empujón que necesitó el cuarteto para "abrir los ojos" y emprender un viaje de meditación a la India del que hoy se cumplen 50 años.
A las orillas de un lago, y entre las montañas indias, los "fabulosos cuatro" se aislaron de la atención mediática y se recluyeron bajo el manto del gurú Maharishi Mahesh Yogi, para recibir unas sesiones de meditación transcendental y apartarse del ruido que les aguardaba en Inglaterra.
La National Music Publishers Association (NMPA, por sus siglas en inglés) reconoció oficialmente a Yoko Ono, viuda de John Lennon, como coautora de la emblemática canción Imagine, en su reunión anual efectuada en Nueva York.
Sin embargo reconoce que Yoko Ono no había sido reconocida como coautora porque entonces se sentía "un poco egoísta y macho".
Cuba, que recuerda cada 8 de diciembre la muerte del ex Beatle John Lennon, celebrará a partir de este martes con una semana de conciertos e improvisaciones musicales el día que habría cumplido 71 años, dijeron los organizadores.
El Submarino Amarillo, ubicado en el céntrico barrio del Vedado, está dedicado a la memoria de los Beatles y allí acuden admiradores de todas las edades a escuchar música grabada del cuarteto y actuaciones nocturnas de grupos musicales de pop y de rock.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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