Acordes, talento y fusión marcaron la vida de uno de los representantes más destacados de la escena musical criolla venezolana, hombre que con visión de futuro le ofreció a los melómanos la oportunidad de vibrar al ritmo de melodías inéditas dispuestas para conquistar a otros públicos.
Las influencias que repercutieron en la creación de su música fueron atribuidas a sus conocimientos sobre los sonidos folclóricos, populares y contemporáneos venezolanos, los cuales, además de hacerlo acreedor de numerosos reconocimientos, lo inspiraron a lo que sería su melodía de vida, la onda nueva.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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