Maria del Mar Bonet abrió el pasado jueves 28 de julio la décimo cuarta edición del San Miguel Mas i Mas Festival con el espectáculo Alenar Llull (Respirar Llull), un concierto formado principalmente por las canciones de Alenar (1977), un disco de juventud, y Amic, Amat (2004), un viaje al Oriente de la mano de Ramon Llull en el séptimo centenario de su muerte.
Si bien es ya un tópico decir que la Bonet se encuentra en lo mejor de su carrera —el próximo año cumple 70 años y en diciembre de este año 50 en los escenarios— lo cierto es que volvió a brillar ante un público entregado de antemano.
El pianista y compositor catalán Manel Camp conmemora el 700 aniversario de la muerte de Ramon Llull —figura clave en el pensamiento europeo de la Edad Media— con Art, un proyecto en clave de jazz que cuenta con la participación de su cuarteto, la palabra del actor Joan Crosas y el movimiento de Manolo Alcántara.
Personaje controvertido y presente en todo momento en el panorama intelectual, setecientos años después de morir permanece tan interesante como fugitivo, mientras despierta una admiración creciente entre los estudiosos y el público en general. Pocas figuras históricas han sido tan investigadas como Ramon Llull y pocos protagonistas de ficción ofrecen tantas lecturas y posibles interpretaciones, cada una más interesante y estimulante.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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