A 11 años de su anterior álbum, León Gieco, figura central de la música argentina, ofrece novedades desde este viernes con la publicación de El hombrecito del mar, disco con el que retoma una trayectoria imponente y lo muestra a la altura de su propia leyenda.
Y escuchando el resultado estético alcanzado en El hombrecito del mar y el elenco que fue capaz de reunir para acompañar esta aventura sonora que urdió junto a Luis Gurevich y que añadió el aporte en producción desde Los Ángeles de Gustavo Borner, es como para darse por hecho, una vez más.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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