El músico chileno Ismael Oddó estrenó el disco Canciones con mi viejo, una recopilación de temas que su padre, Willy Oddó, grabó en cassettes que enviaba desde el exilio durante los ’80.
El músico chileno Ismael Oddó ha recopilado 10 canciones grabadas en cassettes por su padre Willy Oddó, mítico integrante del grupo Quilapayún, y las ha revivido añadiendo su voz y su guitarra en Canciones con mi Viejo, un álbum que presentará el próximo 7 de noviembre en el Teatro Nescafé de las Artes de Santiago de Chile.
En 2019, casi 30 años después de la muerte de su padre, su hijo Ismael encontró y tomó ese archivo, seleccionó 10 canciones, mejoró los sonidos, sumó otros músicos e incorporó su voz y su guitarra.
El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos (Santiago, Chile) presenta Willy Oddó, el exilio en la voz, instalación-obra-conciertoautobiográfico que recoge parte de la memoria familiar del mítico miembro del Quilapayún Willy Oddó (1943-1991) en cartas, cintas, fotos y diapositivas de su época del exilio en Francia y retorno a Chile; concebida por su hijo Ismael Oddó.
La materia prima de este universo que oscila entre la consciencia y el subconsciente se nutre de los contenedores y registros de la memoria del exilio: cartas, cintas magnéticas, casetes que fueron conservados por la familia de Ismael.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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