El poemario erótico de Joan Salvat-Papasseit, La rosa als llavis, es el eje central del tercer disco del cantautor valenciano Tomás de los Santos, que se acompaña de las recitaciones de la actriz Elsa Tronchoni.
La idea de musicar el poemario La rosa als llavis nació cerca de la Ermita de Picassent en Valencia una tarde de junio de 2018.
El poemario erótico de Joan Salvat-Papasseit, La rosa als llavis, sonará adaptado por el cantautor Tomás de los Santos y la actriz Elsa Tronchoni.
La interpretación conjunta de su obra cálida y acogedora parte de la revisión poéticomusical de Papasseit, hijo de madre gitana y catalana, que rebosaba melodías a través de sus versos.
.Con fotografías y selección de poemas de Àlex Carmona e ilustraciones de Tania Lupe, se acaba de publicar el libro Sota el firmament (Bajo el firmamento), un homenaje al poeta Joan Salvat-Papasseit que incluye además un CD con versiones musicales de algunos de sus poemas interpretados por 26 artistas.
Brams, Cesk Freixas, Sabor de Gracia, Alguer Miquel y Sergi Carbonell (de Txarango), Gossos, Aspencat y Blaumut, entre otros —y también figuras tan alejadas de los círculos musicales como Marc Crosas o el payaso Tortell Poltrona— se han unido para ofrecer una nueva visión de este gran poeta de la literatura catalana, del que en este año 2019 se celebran los 125 años de su nacimiento.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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