Un año después del fallecimiento de Joaquín Carbonell la canción ha podido al fin rendir homenaje al cantautor turolense, en un concierto en el que han puesto voz a sus temas más emblemáticos artistas y amigos como Joan Manuel Serrat, Loquillo, Ismael Serrano o Eduardo Paz, la mitad del dúo de música aragonesa La Bullonera.
Antes del concierto, el presidente de Aragón, Javier Lambán, seguidor de la trayectoria del músico, ha señalado a los medios de comunicación que Carbonell "cada día cantaba mejor" y ha recordado que murió en un momento "excepcional", tanto desde el punto de vista artístico como personal.
Joaquín Carbonell y Eduardo Paz compartieron escenario con el mítico cantautor aragonés José Antonio Labordeta. Ahora le rinden homenaje.
Merecido tributo del festival y de la música aragonesa a uno de los autores más queridos y asiduo de muchas de las ediciones del BarnaSants desde 1996, que nos dejó aunque no del todo en septiembre de 2010.
Repertorio:
Eduardo Paz (La Bullonera): Las arcillas, La vieja, Rosa rosae.
Tres nombres históricos de la canción aragonesa como son José Antonio Labordeta, Joaquín Carbonell y el líder de La Bullonera, Eduardo Paz, traen a BarnaSants su espectáculo tripartito.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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