Joaquín Sabina

La Orquesta del Titanic

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Recuerdo que tenía un corazón
alérgico a los pólenes.
La muerte no existía
éramos asquerosamente jóvenes.

Veranos sin deberes
y el vaho del otoño en las ventanas.
Siempre hubo dos mujeres
la casta de mi pueblo y la Susana.

Y cuando eché a rodar
con mi guitarra cantos de sirena
imaginaba un mar
Donde mueren el Tajo, el Rhin, el Sena.

Zarpó el vapor al fin
huyendo de la siembra y de la siega.
Se parecía a mí
el polizón oculto en la bodega.

Ay, ay, ay, ay
En el salón la orquesta está tocando un fox.
Ay, ay, ay, ay
una canción que cual neblina resbala
hasta la sentina del vapor.

Hasta que se inundó de sal
el diapasón del violonchelo
la Orquesta del Titanic no dejó de tocar
el fox de los ahogados sin consuelo.

Del lado de estribor un iceberg
rompió, ¡maldita sea!,
mi postal de New York y el ritmo de
la luna y las mareas.

La brújula perdió el norte,
el sur, el este y el oeste.
A medias se quedó
la comunión que daba el arcipreste.

En plena sinrazón un brigadier
de corbatín de seda
le plantó un bofetón a su mujer
y ¡sálvese quien pueda!

Gritaba el capitán:
"¡los niños y las damas van primero!
los magnates detrás
¡Que no pare la orquesta caballeros!"

Ay, ay, ay, ay
En el salón la orquesta sigue con el fox.
Ay, ay, ay, ay
naufragó el clarinete parlanchín
se quedó solo el solo del violín.

Hasta que se inundó de sal
el diapasón del violonchelo
la Orquesta del Titanic no dejó de tocar
el fox de los ahogados sin consuelo.


Autor(es): Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat

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