Carta Baladí II (El Olmo Da Peras)

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Tengo una triste noticia que cantarte:
esta ruina adoquinada
de lengua embotada
no impele mi sangre,
la tos vagabundea por las calles
enronquecida de tormenta estival.

No puedo claudicar en mi deseo añorante,
con susurros que se mezclan con mi voz
y que entorpecen de mis manos los pulgares,
pero tengo por certeza tu calor.
Aún puedo seguir,
no debo cejar en mi baldeo.
Arrastro los pies,
ignorando del cielo el taconeo.

No te preocupes por mí,
que la vida espera;
no te preocupes por mí,
tu sal me renueva.

Atasco, con mis sueños, mi garganta
y sé por tu mirada que empieza a chispear.
Sustraigo de mi historia las palabras
a tropezones, trompicones, y a hostias sin pan.
Y yo sé lo que ellos a cada momento esperan.
Lo sé, sin embargo, a veces el olmo da peras.

No te preocupes por mí,
que la vida es pera;
no te preocupes por mí,
tu sal me renueva.

Y es que nos sobra la piel
en el tablao cada vez que tocamos,
y en nuestro fuero interno
la ansiedad de la desnudez
que se eriza en la lengua con tu luz,
con el cordón de esparto
que se amarra a nuestras manos,
sin pensar, para calmar la sed.

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