Otro Instante

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Vivo en la porquería
y tendré la salvedad
de omitir las tonterías
que después sucederán.
Voy bien, no es cuesta arriba,
y tal vez se marcharán
con lamentos de alegría
los augurios del diván.

Vamos, mi látigo,
las manos quietas, pero el ánimo
lo ensucia todo con su asfáltico
resucitar en la ciudad,
tan negro y ácido
como el perfume que me ha condenado,
y con los cojones redomados
en su mueca habitual.

Retumba el cántico
en las paredes de los cálidos
desolladeros y en los lánguidos
desnudos dedos de mi voz.
Con un gris pálido
tiznaba el cielo de mis cálculos,
ahora los cuentos no son lágrimas
con nulo velo de pasión.

Todo pasó
como el invierno detrás de primavera,
como el recuerdo de toda sensación:
es blanco el tiempo sobre las calaveras.

Todo murió
como el silencio después de una condena,
como el barrunto de una solución
cuando se habla con la boca llena.

Y otro instante cayó,
la sombra aturde detrás de las ojeras;
no me esperes, la guinda ya estalló
sobre el pastel de tu lista de espera.

Y arde el carbón,
arde en el verso de cada borrachera,
y mentiría si digo que el color
de tus braguitas no ondea en mi bandera.

Y otra vez contigo,
y otra vez sin mí;
y otra vez conmigo,
y otra vez sin ti.

Arde el carbón…

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