
Vestido de abril
El televisor aún sigue ladrando,
el café tan amargo como el despertar.
Rodeado de gente y tan sólo… tan solo.
El metro me engulle, cuesta respirar.
La vida me puede a pesar del empeño
de loco Quijote que suelo emplear
en cerrar los ojos y ver claro el sueño,
en cerrar los ojos a la realidad
que a veces me mata y otras me hiere
y siempre me arrastra allá donde quiere,
en la que no basta dejarse llevar.
Espiga de trigo, lápiz y pincel,
sonrisa de niño, barco de papel,
tu voz mi principio, mi boca en tu fin,
rutina contigo cobarde corcel
cabalgo el camino pendiendo la fe,
hastiado y cansino eterno aprendiz,
frágil, pequeño…
vestido de abril.
Penúltima copa después del trabajo,
penúltimo beso a tabaco y carmín,
penúltima gota cayendo despacio,
mojando a mí paso el sucio adoquín.
En casa me empapo de absurdo lamento,
las cuatro paredes que caen sobre mí
me ahogan y a veces mi niña te miento
y juro diciendo que yo soy feliz
y a veces las menos la vida me embriaga
y entonces me quiero aunque pronto se apaga
la luz en mi gesto y vuelvo a ser gris.
Autor(es): Alfonso Mora