Manuel Quiroga

María Magdalena

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Y era la Malena, cañí muy juncal,
como una medalla de bronce fundido,
hecho con la sangre del mismo metal,
Jesús, el platero, su amante rendido.
Era la pareja calé más feliz,
que jamás en Serva la Bari (*), se vio.

Pero la Malena se escapó de allí
y a la mala vida sin pena se echó.
Así decía el gitano al verla,
que como moneda
rodaba de mano en mano:
Ay, María Magdalena,
que a toíto el mundo le has dado
calor de carne morena.

Por lo mucho que has pecado,
yo te perdono, mujer.
Por lo mucho que has amado
y me has hecho padecer.
Vuelve otra vez a ser mía,
vuelve otra vez a ser buena.
Pero vuelve arrepentía,
ay, María Magdalena.

Pobre del platero, que solo quedó,
la burla lo hiere y la pena lo mata.
Y hoy el duro bronce que altivo se alzó
tiene la cabeza cubierta de plata.
Pero llegó el día que la vio de venir
y a sus pies llorando la cañí se echó:
Ay, que me perdones, he venido hasta ti,
como a Magdalena Jesús perdonó.

Y al verla triste y llorosa, así decía,
besando su cara de dolorosa:
Ay, María Magdalena,
que por lo mucho que has pecao,
yo te perdono, mujer.
Por lo mucho que has pasao
y me has hecho padecer
vuelve otra vez a ser mía,
vuelve otra vez a ser buena,
pero vuelve arrepentía,
ay, María Magdalena.


(*) Serva la Bari, nombre en calé de Sevilla, significa Sevilla la Bella


Autor(es): Antonio Quintero, Salvador Valverde, Manuel Quiroga

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