Tú eres mi marío

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Por qué inclinas la cabeza,
por qué llegas a la mesa
sin mirarme cara a cara.
¿Qué cavilas? ¿Dónde estás?

Como si un remordimiento
te amargara el pensamiento
y un delito me ocultaras
que no puedes confesar.

¿Qué te pasa a ti, alma mía,
que desprecias la comía,
que te está asomando el llanto
sin motivo ni razón.
Y te pones amarillo
cuando miras el cuchillo,
como si te diera espanto
de una mala tentación.

Toma tu copita, tu cigarro puro,
y anda y que te miren las niñas bonitas.
¡Te tengo seguro!
Que si ayer viniste casi amaneciendo
fue por los amigos, que te entretuviste,
¡Yo lo comprendo!
Yo soy muy dichosa, yo no desconfío.
Por más que les gustes a las buenas mozas...
¡Tú eres mi marío!

¿Por qué duermes intranquilo?
¿Por qué vives siempre en vilo,
si yo no te pido cuentas
de ande vienes y ande vas?
¡Si es por mí por quien suspiras!
Lo demás sé que es mentira.
Ni le pasas una renta,
ni es tu amor, ni lo será.
Ni mereces un castigo
porque tú hablando conmigo
te equivoques y me sueltes
otro nombre de mujer.
Son cosillas pasajeras
que si yo me las creyera,
mereciera hasta la muerte
por dudar de tu querer.

¿Ese olor que llevas? A mí no me asustas,
tú te has perfumao para hacer la prueba,
pa’ ver si me gusta.
Toma este pañuelo, quién te lo ha prestao,
no me gastes bromas para darme celos,
que susto me has dao.

Vete a dar una vuelta, tráeme algún regalo,
que yo no me acuesto,
yo espero en la puerta por si vienes malo.
Búscate otro barbero que se dé más maña,
porque ese que tienes te afeita ligero
y a veces te araña.
Yo soy muy dichosa, yo no desconfío,
son criticaciones de cuatro envidiosas,
tú eres mi marío.


Autor(es): Antonio Quintero, Rafael de León, Manuel Quiroga

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