Rozalén

La puerta violeta

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Una niña triste en el espejo
me mira prudente y no quiere hablar,
hay un monstruo gris en la cocina
que lo rompe todo, que no para de gritar.

Tengo una mano en el cuello
que, con sutileza, me impide respirar,
una venda me tapa los ojos,
puedo oler el miedo y se acerca.

Tengo un nudo en las cuerdas
que ensucia mi voz al cantar,
tengo una culpa que me aprieta,
se posa en mis hombros y me cuesta andar.

Pero dibujé
una puerta violeta en la pared,
y al entrar me liberé,
como se despliega la vela de una barco.
Desperté
en una prado verde, muy lejos de aquí,
corrí, grité, reí,
sé lo que no quiero, ahora estoy a salvo.

Una flor que se marchita,
un árbol que no crece porque no es su lugar,
un castigo que se me impone,
un verso que me tacha y me anula.

Tengo todo el cuerpo encadenado,
las manos agrietadas, mil arrugas en la piel,
las fantasmas hablan en la nuca,
se reabre la herida y me sangra.

Hay un jilguero en mi garganta
que vuela con fuerza,
tengo la necesidad de girar la llave
y no mirar atrás.

Así que dibujé
una puerta violeta en la pared,
y al entrar me liberé,
como se despliega la vela de una barco.
Desperté
en una prado verde, muy lejos de aquí,
corrí, grité, reí,
sé lo que no quiero, ahora estoy a salvo.

Así que dibujé
una puerta violeta en la pared,
y al entrar me liberé,
como se despliega la vela de una barco.
Amanecí
en una prado verde, muy lejos de aquí,
corrí, grité, reí,
sé lo que no quiero, ahora estoy a salvo.