El jinete errante

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Dejé San Fabián de Alico una mañana de fuego
debajo de alguna nube que pasaba por allí,
pues como yo soy así y casi nunca me allego
me alejé de tu amor ciego para olvidarme de ti.

Para olvidarme de ti, bebí un cántaro de olvido,
pues lo mucho que he vivido ya te lo había entregado.
Mas como a un viejo candado que me tenía cautivo
rompí el lazo que amarraba tu amor a mi amor cansado.

De ti aprendí el rudo amor desigual.
Me bebí y mordí un sabio fruto total.
Fue mi ser que halló tu fresca copa carnal,
pero al fin yo partí al trote de mi bagual
creyendo que nunca más contigo iba a regresar.


Para encontrarme contigo galopando un bayo de esos
volví sobre tus parajes pensando cómo explicarte.
Y me repetí el camino, pero esta vez de regreso,
pues no me encontré otro beso como el que quisiera darte.

Coplas del jinete errante que buscaba otro destino,
con ellas quiero pedirte que perdones lo mal hecho.
Porque ya estoy galopando con sed de boca y de vino
sobre este potro que sabe como voltearme en tu pecho.


Autor(es): Patricio Manns, Horacio Salinas

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