Soneto XXXIV

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Llamé mi luz a la tiniebla oscura,
gloria a mi pena, a mi dolor consuelo,
provecho al daño y al infierno cielo.
¡Qué ciego error! ¡Qué bárbara locura!

¡Ay luz divina!, sobre todas pura
cuantas vivieron el humano velo,
o el intelectual de ardiente celo,
¡quién conociera entonces tu hermosura!

Origen de la luz, luz poderosa,
luz que ilumina el sol, las once esferas;
luz, ¿quién es luz, sino Tú, luz hermosa?

¡Ay loca ceguedad, cuál me pusieras,
si fiado de luz tan mentirosa
eterna noche de mis ojos fueras!


Autor(es): Lope de Vega, Fran Espinosa

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