La lira

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Delante del espejo María Honesta
se pone su vestido de fiesta
mientras la orquesta suena a lo lejos.
Le espera su prometido
en la pista de baile donde la magnolia
escuchará por lo bajito con sentimiento
sin el roce de un beso
se dirán adiós para siempre.
Qué pobres son y para hacer dinero
mañana mismo
él se va a las Américas.

Sobre el enorme paquebote
Juan Trabajo viaja por el mar inmenso hacia su sueño,
y si la nostalgia le rompe el corazón
la imagen de aquel amor le hace señales en el horizonte
siempre hacia el horizonte.

Pero Juan Trabajo no hizo fortuna,
quizá fue poco vivo, o demasiado honrado
no se libró de la pobreza.
Solo, triste y cansado
de buscar tantos tesoros para no encontrarlos
pensó en el retorno, mas temeroso
de que su gente no supiera
volver a quererlo,
y fue así como Juan Trabajo
volvió sin nada
de dinero de las Américas.

Pero le recibieron todos con los brazos bien abiertos
y reencontró el amor que deseaba,
fueron ricos en azares y ternuras,
y los dioses añadieron más años para hacer más largo su destino.

Ha pasado mucho tiempo, pero la gran magnolia
todavía da sombra al lugar donde antes
hacían el baile cada domingo,
y a los enamorados
que juntos se pasean por allí al atardecer
les llega el eco no muy lejano
de una danza que quizá
está tocando la orquesta Lira
y la risa clara de los que supieron
encontrar en su corazón
el tesoro de las Américas.


Autor(es): Miquel Martí i Pol, Lluís Llach

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