Tu pálida voz

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Versión original

Te oí decir adiós, adiós.
Cerré los ojos y oculté el dolor.
Sentí tus pasos cruzando la tarde
y no te atajaron mis manos cobardes.

Mi corazón, lloró de amor
y en el silencio resonó tu voz,
tu voz querida, lejana y perdida,
tu voz que era mía, tu pálida voz.

En las noches desoladas, que sacude el viento,
brillan las estrellas frías del remordimiento
y me engaño que habrás de volver otra vez
desatando el olvido y el tiempo.

Siento que tus pasos vuelven por la senda amiga.
Oigo que me nombras llena de mortal fatiga,
para qué si ya sé que es inútil mi afán,
nunca, nunca vendrás.


Te vi partir, dijiste adiós,
temblé de angustia y oculté mi dolor.
Después, pensando que no volverías
traté de alcanzarte y ya no eras mía.

Mi corazón, sangró de amor,
y en el recuerdo resonó tu voz
tu voz querida, lejana y perdida,
tu voz aterida, tu pálida voz.


Versión de Carmela

Te oí decir adiós, adiós
Cerré los ojos y escuché tu voz
Sentí tus pasos cruzando la calle
Y no te atrevieron mis manos cobardes

Mi corazón, sangró de amor
Y en el silencio resonó tu voz
Tu voz querida, lejana y perdida
Tu voz que era mía, tu pálida voz

Y en la noche desolada que sacude el viento
Brillan las estrellas frías del remordimiento
Y me engaño que habrás de volver otra vez
Desandando el olvido y el tiempo

Siento que tus pasos llegan por la senda amiga
Oigo que me llamas lleno de mortal fatiga
Para qué si es inútil mi afán de volver
Nunca, nunca, vendrás


Autor(es): Homero Manzi, Carlos José Pérez "Charlo"

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