Los cuentos de María Rosa

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La luz del amanecer
se desliza como una ola
entre sombras nadie ve
lo que mira María Rosa,
en sus ojos de mujer
hizo cántaros la noche
con estrellas para ver
los caminos que se esconden.

Ella dijo, yo soñé
con un campo de frijoles,
le dijeron que su fe
eran cuentos no razones
y cuando empezó a llover
sobre el campo sin un brote,
fue una lapida en el viento
el silencio de los hombres.

Era invisible, hoja del aire,
plantó en la tierra su corazón,
ahora los campos llevan su huella,
hija del hambre, hija del adiós,
ojos de bronce, piel de madera,
pies de horizonte, canto en la voz,
era invisible pero era eterna,
como lo pájaros, como el amor.

María Rosa se inclinó
con sus manos lavanderas
y se hizo rayo de sol
sobre lomo de las ceras.
Soledad la acompañó,
Miseria le dio la fuerza,
Esperanza le creyó
y Angustia lloró con ella.

Ahora que huele a verde
a vainas por cosechar,
la luz del amanecer
no abandona el frijolar
y ya todos en el pueblo
solo hablan de una cosa
cuentan más que mil razones
los cuentos de María Rosa.

Era invisible, hoja del aire,
plantó en la tierra su corazón,
los frijolares llevan su huella,
hija del hambre, hija del adiós,
ojos de bronce, piel de madera,
pies de horizonte, canto en la voz,
era invisible pero era eterna,
como lo pájaros, como el amor.


Autor(es): Jaime Gamboa, Fidel Gamboa

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