Autodiscurso

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No sé si un tigre loco o un escorpión cercado por el fuego es lo que llevo hoy dentro del pecho. ¿Dónde ir? ¿Contra qué muro romper mi sangre? Me mata ese aguijón encarcelado, ese rugido que no logro sacarme por la boca.

Nadie puede pedirme que me calle
que me muerda la lengua,
que me calle.
Mi silencio es peor que las palabras.
Nadie puede pedirme que me calle.

Dejadme hablar,
dejadme que me saque del pecho cada grito.
Dejadme hablar,
que a nadie resulte inconveniente lo que digo,
aunque quede vacío para siempre,
nadie puede pedirme que me calle.

Hay palabras como sueño, utopía, porvenir,
que se te vuelven veneno en la garganta cuando caen
y te amargan la lengua, y te amargan la lengua,
y te rompen el pecho cuando caen.


Autor(es): Waldo Leyva, Ariadna Amador