Elegía a Ramón Sijé [o Compañero]

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Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañerico del alma, tan temprano.
Y tanto dolor se agrupa en mi costao,
que por doler, me duele hasta el aliento.

Y un manotazo duro y un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
y ando sobre rastrojos de difuntos
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra, ni a la nada.
Y en mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes.

Volverás a mi huerta y a mi higuera,
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Al alma del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.


Autor(es): Miguel Hernández, Enrique Morente

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