El encuentro de Paine

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Iba cayendo la tarde
Cuando vi el torrente informe,
Arrimarce con sus lanzas
De pronto vibro un clarín,
Liberando los lanceros
alegría por los recaudos
con las robadas mujeres
como parte del botín,
un hombre alto imponente
de cara ancha, aplasta,
muy singular, bien vestido,
de uniforme militar,
con gorro de manga negro
bordado en relieves de oro,
de voz gruesa gigantesca,
me vio y se puso a gritar,
crellendome un bombero
de los indios Yanquelennes,
de los perro más traidores
que hubo en la vida ranquel,
me tomó com un espía
me miro con rabia inmunda...,
pensando que yo era otro
del cacique Yanquelen,
sufrí grandes impresione
por su mirar centelleante,
dominado por su fuerza
estático me quede,
al tener enfrente mío
la presencia soberana
de la esplendente figura
del gran cacique Painé,
vi que le hablo a unos lanceros,
como pa que me achurasen,
y seguro que los cuatro me venían a lancear,
pero la hermosa intervino,
mujer que yo les contaba,
hablo con Painé unas cosas,
y yo pude respirar.

Vi como 80 mujeres
se repartían los indígenas,
vi una bolsa de oro
traer al fogón de Paine,
vi los tiernos prisioneros
llorando como a destajo,
muchos miles de vacunos
a simple vista conté,
un lenguaraz que tenía
cargo de capitanejo,
vino hasta mí a decirme
a ordenarme que Paine,
quiere que valla a su toldo
pa contarle mi historia,
así me asigna la gente
de Baigorria el coronel,
me fui muy tranquilamente
a contar mi triste andanza,
también algo de política
como estaba le informe,
pasé a ser uno de ellos
otro gaucho refugiado...
a disfrutar la laguna...
Preciosa de Loncohue.

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