Flor de cenizas

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No hay tierra como la mía
dice el cantor en su canto;
porque el crespín de su chango
le silba dentro del pecho
mordiendo sus sentimientos
cuando lejos del pago.

La sed de volver provoca
espejismos de nostalgia,
es una ilusión dorada
solo una flor de cenizas,
es el corazón que atiza
viejas llamas escarchadas.

Como una yunta de bueyes
tira y tira la querencia;
mirar nuestra adolescencia
de la otra punta del tiempo
es fiero como el encuentro
con el yuyal de la ausencia.

Porque he bebido la vida
ya no le temo a la muerte.
Sé que un día dirá presente
vivir tiene un alto precio
solo me duele el silencio
de las cosas que envejecen.

Mirando yo ese espejismo
he vuelto al suelo querido
y la esquina de mi barrio
donde jugaba y reía
ya no era la esquina mía
mis sueños me habían robado.

Y que dolor ver la sombra
del chango que fue mi amigo
mirarme desde el abismo
de unas fotos otoñadas
ver la realidad amarga
del camino del olvido.

Salí a recorrer ayeres
buscando la primavera
y aquella novia primera
su boca y un juramento
en mi alma creció un invierno
y en mi pecho una tapera.

Porque he bebido la vida
ya no le temo a la muerte.
Sé que un día dirá presente
vivir tiene un alto precio
solo me duele el silencio
de las cosas que envejecen.


Autor(es): Pablo Trullenque, Cuti Carabajal

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