La rosa y la espina

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I
Sobre el calor de tu pecho
me arrullaste como a un niño,
Madura estaba la tarde
Madura de sol y trinos.

Abrió la primavera sus mil capullos,
el campo florecido vibró fecundo,
se detuvo la tarde sobre los montes
para copiar la gracia de tus rubores.

II
Sobre tu pecho de nieve
me dormí, soñé contigo.
Vi en mi soñar dos palomas
con un mensaje de olvido.

Palomas de tu seno las que soñaba,
sus picos eran gotas de miel dorada;
De qué sirven mis ojos si no te veo,
de qué sirve mi sangre si no te siento...


Autor(es): Roberto Cambaré

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