Luz de septiembre

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Lo imagino rodeado de palomas muy blancas,
caminando despacio, pensativo tal vez.
Con un libro en las manos, sereno y solitario,
jubilado y humilde, jubilado y humilde
como siempre lo fue.

A su lado, mi alma descifró tantos signos,
modulé, deletreando, la palabra DEBER.
Y crecí desde adentro hacia todos los rumbos,
y me fui por el mundo, y me fui por el mundo
con sus libros de fe.

RECITADO
Era niño, el asombro de la vida en mis ojos,
yo traía el deseo de saber, de aprender.
Observando su rostro, su actitud ante el mundo,
la palabra JUSTICIA se hizo carne y raíz de mi ser.
Hoy resulta que vuelvo hacia atrás la mirada,
a la extensa distancia del tiempo en que partí,
aún le sigo escuchando, como un canto lejano:
"Haz el bien, canta y sueña, piensa y siembra el saber.
No abandones los hombres del trigo y el arado,
abrígales el alma con tus simples canciones".
Ay, maestro, pienso a veces:
¿Yo protejo esos sueños, como lo hacía usted?.
"Porque no todo ha de ser dolor entre el barro y el cielo",
me decía y jugaba su mano en mis cabellos.
"El que siembra esperanzas, cosechará alegrías",
y llovía sin pausa, sobre su sien, el gris.

Lo imagino rodeado de palomas muy blancas,
lo recuerda mi niño desde el hombre que soy.
Qué poquito homenaje para quien me dio tanto,
mi maestro, este canto; mi maestro, este canto
le dedico yo a usted.

RECITADO
Para usted, mi maestro, le dedico este canto,
la canción más hermosa que ha nacido en mí.
La canción, son los años de niño adolescente,
de libros y deberes, de tizas y de ilusión.


Autor(es): R. Daniel Altamirano, Lucho Servidio

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