Mateando

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El mate viene a la rueda
como una estrella caliente.
El mate viene despacio
como quien apuro tiene.
Desde los hondos remansos
de sus claros mares verdes
la yerba trae el mensaje
y con un beso lo ofrece.

Desde el sudor de los indios
cosechando en los andenes,
cortando el monte sagrado
con la luz de sus machetes;
los tareferos que gritan
en las picadas su suerte
ya desafiando a la vida,
ya desafiando a la muerte.

El mate es un corazón
que lento y suave te mira.
Que te habla con sus sorbos,
te renueva y te conquista.
Te dibuja desde adentro,
de la Patria las insignias,
te pone la cruz al pecho
para que por ella vivas,
finalmente, como antorcha
toda tu sien ilumina.

El te va diciendo claro
cuál es tu recta familia,
a qué gesta perteneces,
de qué empresas participas.
Cómo en tu sangre se junta
con la honradez, valentía
y el darse siempre al amigo
en generosa justicia.

El mate viene a la rueda
como una bandera ardiente.
Llamando a la resistencia
con el flamear de sus pliegues.
Llama a todos los caídos
por su afán blanco y celeste.
Llama a los niños y viejos,
va llamando a las mujeres,
a retemplar viejas glorias
por la libertad de siempre.

El día que yo me muera
no mojen con sal sus bocas:
tomen mates, mis amigos!
Que endulzará vuestras horas.
Que tendrá sabor de vino
la calidez de su aroma;
que será la vida mía
en el cáliz de su forma.


Autor(es): Román A. Vallejo, Julio Cáceres

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