Peón de fierro

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Te veo como hace mucho,
molino rodeao´ de quino
y a tu música mezquina
me parece que escucho,
el recuerdo es un matungo
al que hoy le suelto rienda
y en el potrero no hay senda
que no conduzca a vos,
porque siempre triste sos
el boliche de la hacienda.
Te veo en esas mañanas
y que el aire no se queda,
parece que tu huella
diera vuelta con más ganas,
o en las tardes alazanas
que del cerro bañas el lomo,
cuando en un tímido asomo
de tu espejo de agua clara
se iban a mirar la cara
las hijas del mayordomo.
Queriendo matar la sed
en algún día sereno,
después de aflojarte el freno
por un vientito rogué,
cuántas veces me bañé
en tu líquido profundo
y pa´ gozar sin segundo
esperé que anocheciese
pa´ que ninguno me viese
como Dios me ha echao al mundo.´
Una tarde te rompiste
después que salió el solazo,
bajó el flotante su brazo
la cosa se puso triste,
un insulto recibiste
como si el culpable fueras
de las quejas lastimeras
que se oyeron con balidos,
manotones y mujidos
cuatro jornadas enteras.
Después volvió la alegría
en un despacioso arranque,
volviste a llenar el tanque
y a trabajar noche y día,
volvió a salir a porfía
un torrente de tu caño,
hizo sobre el travesaño
el hornerito su casa
y volviste a pedir grasa
con un alarido extraño.
Me hacés acordar al peón viejo
pero voluntario,
que trabaja sin horario
por un sueldito pobrón,
por eso en esta ocasión
después de andar por la vida
vuelvo a vos de recorrida
el corazón fatigao´,
como el pecho colorao´
al charco de tu bebida.


Autor(es): L.D.Berho, A. Merlo

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