Carta en tango a Roberto Díaz

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Estoy parado al borde del olvido,
mirándome las alas embarradas.
He peleado, como puedo, con el brillo
del jazmín que busca el fuego en la mañana.

Pregunto a usted, poeta y compañero,
por qué hay quien nos prohíbe repecharla
si aún tenemos tangos en la tinta
y no se ha marchitado la esperanza.

Por qué, con el rencor entre los dientes,
hay quienes nos prohíben los poemas
diciendo que son viejos estos sueños
que nadan como un grito en las arterias.

No saben que nosotros como tantos,
crecemos con la fe de rabia y cielo,
no ven que nos morimos sin el barrio
que aplastan con palabras de cemento.

Nosotros que peleamos con cien fuegos
prendidos en la sangre de los labios,
tenemos quien nos tira a perdedores
arriándonos al lado del fracaso.

Pregunto de ignorante, gran poeta,
a usted que tiene años en las alas,
por qué nos cuesta tanto el tango nuevo
que hacemos con el sol de nuestras ganas.

Espero prontamente una esperanza
a modo de respuesta y me despido,
pero antes aseguro sin dudarlo
que nunca habitaremos el olvido,

Que somos por tangueros peleadores
eternos caminante de la espera,
si el tiempo desafía nuestros pasos
seremos doctorados en quimeras.


Autor(es): José Arenas, Saúl Cosentino