La corona del bosque

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¡Paisanos!... cuando pasáis
con rumbo a vuestra morada
no neguéis una mirada
a la corona ejemplar.
A la corona que se halla
en una cruz suspendida,
y recordad en la vida
¡aquel sagrado lugar!

En aquel sitio, paisanos,
como procaz anatema
se ha vislumbrado el poema
sacrosanto del amor;
el poema que la vida
ha querido presentarnos
y queriendo atribularnos
¡siempre nos brinda dolor!

Es la corona, la prenda
que más adora el paisano
la que besa muy ufano
en plena consternación;
allí canta sus martirios
allí derrocha sus flores,
pero siempre los dolores
¡habitan su corazón!

Allí descansan los restos
de una criolla seductora
que la parca en la mala hora
con desprecio allí llevó;
esa criolla inmaculada
cuya cruz mueve el pampero
en un yaraví sincero
¡sus penas nos obsequió!

Esa corona del bosque
como recuerdo viviente
suspendida eternamente
en la cruz ha de quedar;
Pa’ que todo el que pasa
por aquel sitio sagrado
se pare y rece angustiado
¡sin dejarla de mirar!

El paisano hoy lamenta
tan interminable ausencia
solo espera la sentencia
en los rayos de la luz;
solo espera ¡pobre gaucho!
en un sentido lamento
amenguar su sufrimiento
¡y morir luego en la cruz!


Autor(es): Silverio Manco, Pedro Sofía

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