Las mil y una calles

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Un domingo, solo, manso, muy temprano
yo pivoteaba sobre una nueva calle
como un felpudo aireaba mi resaca
de una noche tinta de tango y vino.

Rasqueteaba un cuento de la vereda
cada baldosa puede contarme uno
de tacos altos, de suelas secas
Del pie desnudo y del callo duro.

La noche rala de grelas viejas
había volcado al asfalto mudo
su suerte, su drama, su húmeda queja
hechas licor en un tango oscuro.

Noche matrona, sombra de vida,
con cuánta risa secada en pena
poblaste el teatro del cafetín
con mil historias y una ilusión sin fin.

Mas siempre canta el gallo albo
su himno santo que corta el silencio
las almas borras, los heraldos de Baco
duermen su sueño sobre el cemento.

Y así es mi rúa de faldas matutinas,
sos el arrullo de mi fiebre vespertina,
en vos se aplacan los curdas recuerdos
que Sherazade besó en su última línea.

En vos se quedan los dulces recuerdos
que Sherazade dejó con su ultimo adiós.


Autor(es): Fernando Miceli

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