Curda de espinas

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La vi buscando un deseo
entre caricias ya rotas,
le quise mojar la boca
de sangre y de vino bueno.

Me dijo «Tengo el pellejo
cubierto por la ceniza
que siempre deja la vida
cuando se apuestan los sueños».

Yo vi sus pies que venían
desde regiones ya muertas,
traía barro en las suelas
y temor en la sonrisa.

Y sospeché que su herida
tenía tajos de veras,
una mitad sin estrellas,
la otra curda de espinas.

Quizá nos puso la vida
la misma voz en la historia,
tal vez no es esta la hora
para que lama su herida.

Y aunque me duela callarlo
voy a guardarme los besos
en un rincón del silencio
por si tuviera que usarlos.

Le vi las manos cansadas
de acariciar un recuerdo,
le vi arañados los sueños
y amasijadas las ganas.

Le dije «Bien sabe el tiempo
cuando una historia es posible,
siempre al amor se lo mide
por el color de sus besos».

Al fin la dejé en la esquina
sin despintarle los sueños,
no quise volverme el dueño
de su nostalgia infinita.


Autor(es): Mariano Pini, Nehuén Martino

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