Ciruelas y almendras

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La siesta era ese mundo bendito de andar sin ayer
y aquellos los hermanos que mi cuadra inventó:
el barro eternizado en los botines y el tren
frontera de ese mundo colmado de sol.

La calle era tan nuestra, tan parte de mí…
Tenía un paraíso, lo más querido:
teníamos equipo y rivales
potrero, mis viejos
y al pibe que fui…

Y un gusto a niñez
ciruelas y almendras
me trajo otra vez hasta aquí
quisiera alcanzar
las ramas más altas
treparme a aquel tiempo feliz.

Miraba desde lo alto mi calle subido al ombú,
robaba esas ciruelas con un hambre voraz
jugaba desafíos a los tanos y a ver
quién era el más veloz al trepar el tapial.

Odiaba al mertiolate que ardía a morir
y amaba aquel ritual de pelota y cielo.
La vida no entendía esta prisa
y en ese universo
lo bueno aprendí.


Autor(es): Andrea Bollof, Fabián Nesprías

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